REPORTAJE CONTROVERSIA SOBRE LA IMAGEN DE UNA FAMOSA GOLOSINA

La rebelión del ´Conguito´

 Una profesora de universidad impulsa una campaña para cambiar el personaje del cacahuete con chocolate, al

ÓSCAR HERNANDEZ BARCELONA

Poco antes de comenzar sus conferencias sobre la imagen del africano en la publicidad, María Frías, profesora de Filología Inglesa de la Universidad de A Coruña, reparte a los asistentes bolsitas de Conguitos, esos dulces cacahuetes recubiertos de chocolate. Cuando acaba la charla, propone la firma de un escrito para pedir a Chocolates Lacasa que modifique la emblemática imagen de los Conguitos, que considera "racista e insultante".

Frías está convencida de que los Conguitos, a través del personaje dibujado en los paquetes, "insultan a los miles de africanos que se encuentran en España, hieren la sensibilidad de cualquiera, tengan el color de piel que tengan, y sólo sirven para fomentar y perpetuar estereotipos negativos del pueblo africano". Y así se lo ha hecho saber en dos cartas al fabricante, la empresa Lacasa, que cada año vende 30 millones de bolsas de Conguitos en 40 países.

Frías lamenta que el Conguito aparezca desnudo, pero también que sus ojos sean "desproporcionadamente grandes" y sus labios, "de carmín rojo y exageradamente gruesos". Estas características "deshumanizan a los poseedores de esos rasgos, a la raza negra, y les confieren un matiz cómico-burlesco". También denuncia que en la imagen tradicional el muñeco sujete una lanza "lo que subraya el carácter guerrero de los africanos".

Esa lanza, sin embargo, fue retirada hace unos tres años de los envases de Conguitos. La primera carta de Frías a Lacasa data de noviembre del 2000. Ahora, sólo sigue presente en los relieves de las barras de turrón. "La retirada del ombligo y la lanza no tiene nada que ver con las críticas", matiza Anabel Cebollada, responsable de Márketing de Chocolates Lacasa (que comercializa los Conguitos desde 1987). Para Cebollada, los cambios de la imagen que creó el diseñador gráfico aragonés Juan Tudela Férez en 1961 se deben a la "evolución lógica" del producto.

"El Conguito, poco a poco, deja de ser un personaje ubicado en la selva, para convertirse en un personaje urbano y social. Por lo tanto, el ombligo y la lanza dejan de tener sentido y no aportan nada", añade Cebollada. Y explica que, cuando se creó el dulce, hace 42 años, "la empresa fabricante centró su imagen de mercado en un personajillo de cacahuete cubierto de chocolate y lo ubicó en el Congo para potenciar la idea del color".

Frías, especializada en Literatura Afroamericana, sostiene que el Conguito sería impensable en EEUU, donde se han realizado numerosos estudios sobre la utilización de estereotipos racistas en la publicidad. Y recuerda que en España algunas cosas se han corregido. Como el flan que se anunciaba con el dibujo de un chino para destacar su color amarillo. O la transformación realizada por otra gran marca de cacao. "Hasta los años 80 --dice Frías--, en los envases de Cola Cao aparecían unos africanos medio desnudos que cargaban pesados fardos. Ahora, visten como nosotros y no cargan peso. La imagen es más moderna".

Chocolates Lacasa sostiene que "sólo tres personas" se han dirigido a ellos para criticar la imagen del Conguito. "Si pensáramos que el Conguito resulta peyorativo para una raza, seríamos los primeros en cambiarlo --dice Cebollada--. Sin embargo, creemos que es una mascota que respeta a todos y que es aceptada y estimada por una inmensa mayoría. Tiene 40 años. Sobre esta cuestión, recibimos tantísimas muestras de afecto y de apoyo que nos sentimos francamente halagados".

Steven Bazill, ingeniero agrónomo inglés que trabaja en España, no está de acuerdo. En un correo electrónico, en el que aclara que sus sobrinas son negras, afirma: "Las imágenes de los Conguitos siempre me han parecido rastros de un racismo de antaño". Bazill, que ignoraba la campaña emprendida por la profesora Frías, añade que envió mensajes a Lacasa y que, al igual que la filóloga, no recibió respuesta. Después se dirigió a una ONG antirracista y a un museo de temas sociales, ambos de EEUU. "La imagen del Conguito --insiste Bazill-- supone un mensaje racista que alimenta a las nuevas generaciones. No se trata de guardar las formas, sino de quitar una verruga racista que brota en cada quiosco".

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