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NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 25 DE JUNIO DEL 2006
Hayden aprovecha la lesión de Rossi para triunfar a lo grande
. Pedrosa, tercero, ya es segundo del Mundial tras conquistar su cuarto podio
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
ASSEN / ENVIADO ESPECIAL
DUELO ENTRE COMPAÑEROS
Lo que en 125cc fue un visto y no visto, en MotoGP se convirtió en pura poesía. Lo que en Mugello duró 22 vueltas, en Assen fue un suspiro interminable, un abrir y cerrar de ojos prodigioso. Si la matinal arrancó con un duelo entre compañeros de habitación, de marca, de patrocinador, de equipo, cuando Álvaro Bautista y Sergio Gadea se pelearon incomprensible, o admirablemente, por la victoria ante un aguerrido Mika Kallio que, al final, tras sortear la chicane de la capilla por la hierba, se llevó la victoria en la pequeña cilindrada, el cierre de lujo lo pusieron los reyes con una última vuelta escalofriante y un resultado tan sorprendente como llamativo y hermoso.
Casi la misma ventaja de la que goza Bautista en la clasificación de 125cc (47 puntos sobre Kallio, a mitad de campeonato) es la que disfruta, ante la sorpresa general, el norteamericano Hayden en MotoGP: 42 puntos sobre Dani Pedrosa (Honda), segundo tras lograr ayer su cuarto podio en su primer año en la máxima categoría, y 46 sobre el heptacampeón Valentino Rossi (Yamaha), que ayer hizo de tripas corazón y, tragándose el dolor que le producía su muñeca derecha ("esta noche he tenido la sensación de que un camión me pasaba por encima", dijo el doctor para definir el dolor que sufría), sumó ocho valiosísimos puntos con un octavo puesto muy peleado.
Hayden no hace guerras para perderlas y, sabedor de que Rossi, este sí, posee armas de destrucción masivas, decidió salir a por todas pese a que, incluso mamá Rose, le pidió serenidad, calma, acabar la carrera y seguir sumando puntos sin arriesgar su gran cosecha por ganar el día que, seguro, no iba a poder vencer Rossi. "Me lo dijeron, sí. Me pidieron que corriese con calma, pero mi moto iba tan bien que decidí atacar a Colin Edwards en la última vuelta", confesó el vaquero de Kentucky.
No estaba Sete, tampoco Elías, Rossi corría dañado, Capirossi asfixiado y Melandri dolorido. Había que ser tonto para no darse cuenta de que era el día señalado para asestar un duro golpe al Mundial. Hayden lo sabía y decidió jugársela. Por poco pierde, cierto, pero ganó. A la americana, con espectáculo incluido, provocando la caída del que quería arruinar su día de gloria.
DOS GRUPITOS Y UN PODIO
La carrera se partió en dos a las pocas vueltas. Edwards dominó desde el inicio hasta la última curva al trío que aspiraba al podio, formado por él, Hayden y el japonés Shinya Nakano. Detrás, no muy lejos pero sin poder soñar con el cajón, estaban Casey Stoner, Dani Pedrosa y Kenny Roberts. Todo, absolutamente todo, se decidió en las últimas dos curvas, en los últimos 500 metros. Y ganaron los más cucos, los más jóvenes, aquellos para los que está predestinado el futuro.
Hayden forzó tanto a Edwards, que éste acabó estrellándose al pisar la hierba artificial que decora el estrechamiento de entrada en meta, mientras él atravesaba los últimos metros haciendo motocros.
La caída de Edwards, que rompió la cúpula de su Yamaha de un rabioso puñetazo, metió a Nakano en el segundo escalón del podio y le regaló a Pedrosa, que había soportado, con empujón incluido, el acoso de Stoner en la chicane, la tercera plaza del gran premio. Y la segunda del Mundial, que no es poca cosa. "Cuando he visto caer a Edwards, he pensado 'aguanta, Dani, aguanta, que el podio es tuyo'. He apretado los dientes y, pese a que me he rozado con Stoner, he aguantado de pie", confesó Pedrosa.

