Cuando se redactó la Constitución del 78, los ponentes no se atrevieron a modificar el mecanismo sucesorio tradicional
Sería una barbaridad no resolver la contradicción con el principio de no discriminación por
razón de sexo
Todo habría sido más sencillo si Aznar no se hubiese opuesto a hacer la reforma sucesoria antes de acabar su mandato
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EDITORIAL PUBLICADO EL 1 DE NOVIEMBRE DEL 2005
Las excesivas prisas
para
el cambio constitucional
• La reforma para evitar la discriminación de la mujer en el trono es lógico hacerla al final de la legislatura
Leonor, la hija de los príncipes de Asturias, se sitúa como segundo miembro de la familia real en la línea sucesoria, inmediatamente detrás de su padre, Felipe. Ayer éste recordó que "de momento ha nacido una infanta". Pero Leonor en principio, como primer descendiente del Príncipe, está destinada a ser, por la actitud absolutamente mayoritaria de los españoles contra la persistencia de la discriminación de género, Reina de España, aun en el caso de que tenga hermanos varones.
Para oficializar este cambio será necesaria una reforma constitucional. Es un trámite que ni puede ni debe posponerse indefinidamente. Pero teniendo en cuenta que Felipe de Borbón todavía es sólo príncipe de Asturias, no hay ninguna urgencia que aconseje abordarlo de forma inmediata, ya que eso legalmente comportaría una sacudida nacional: disolución de las cámaras y convocatoria de elecciones. Ahora esas elecciones tendrían que ser anticipadas respecto del calendario previsto de cuatro años. Eso es previsiblemente lo que ilusiona a algunos que antes no tenían prisa por este proceso y ahora desean acelerarlo.
REFORMA NECESARIA. Cuando se redactó la Constitución del 78, los ponentes no se atrevieron a modificar el mecanismo sucesorio tradicional e igualar al hombre y la mujer. Ahora sería una barbaridad no resolver la contradicción con el principio de no discriminación por razón de sexo, que ya figura en la Carta Magna y que toda España asume. En todo caso, la Monarquía no se debilita con un cambio como éste, pues la reforma lo que le resta es anacronismo. El futuro de la institución depende, entre otros interrogantes, de si la Corona ejerce bien, como hasta ahora, su función representativa y moderadora.
EL PLAN DE ZAPATERO. El presidente del Gobierno ya planteó hace tiempo el objetivo de cambiar la Constitución sólo en cuatro aspectos: acabar con la discriminación sucesoria, adaptar el texto a la UE, hacer un reconocimiento más preciso de las autonomías y reformar el Senado. Todo eso puede esperar al tramo final de la legislatura, hacerse y, luego, como es preceptivo, disolver las Cortes. Si las ideas no estuviesen claras, la situación podría ser delicada si naciese un hermano varón de Leonor antes de la reforma. Hay, de todos modos, un riesgo de dilación: que falle el consenso sobre el conjunto de los cambios a hacer o que el PP tan sólo acepte modificar la sucesión. Todo habría sido más sencillo si Aznar no se hubiese opuesto a hacer la reforma sucesoria antes de acabar su mandato. Entonces se impusieron sus personales razones partidistas. No debería volver a pasar.
