JOAN CORTADELLAS 
12-5-05. Los Príncipes bromean en Eivissa, poco después de hacerse público el embarazo.
Letizia ha sido una princesa embarazada insólita que ha llamado a las cosas por su nombre y ha normalizado el término "náuseas"
DANI CARDONA 
24-7-05. La pareja, de vacaciones en Mallorca.
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NOTICIA PUBLICADA EL 31 DE OCTUBRE DEL 2005
Un embarazo con mucho kilometraje
• Letizia alteró su agenda por las "náuseas", vocablo insólito en la realeza
NURIA MARRÓN
BARCELONA
Dos años después de que el príncipe Felipe desvelara en plena pedida de mano su idea de la planificación familiar --"tendremos más de dos y menos de cinco hijos", dijo, ante el asombro de su prometida--, la princesa dio a luz ayer. Y también dio por terminada una gestación en la que cada acto en el que ha comparecido desde su road movie por Baleares se ha leído en clave ecográfica. Incluso su ausencia en los premios Príncipe de Asturias se interpretó como que el parto era ya inminente.
A Letizia, que bajo el aguacero de su boda ya demostró que el gesto grave es su antídoto contra los contratiempos, se le ha visto durante estos meses con rictus solemne. La responsabilidad del embarazo no es fácil y ella corría con el valor añadido de la exposición pública por llevar en el vientre al futuro rey. Sin embargo, quienes suelen colgarle los adjetivos fría y distante, habrán tenido que hacer una reconversión de vocabulario.
Letizia ha sido una princesa embarazada insólita. De entrada, llamó a las cosas por su nombre y normalizó el término "náuseas" en el vocabulario real, más dado al eufemismo y a esconder que las princesas puedan tener ascos. Semanas atrás, Letizia, en segundo curso de sinceridad, dejó entrever en un acto en Madrid que su embarazo no ha sido fácil al admitir que aún tenía náuseas. También dijo que, como toda primeriza, estaba "asustada". El pánico escénico que jamás reveló ni en la pedida, ni en los meses de inmersión real, ni en los carnívoros tiempos de conjeturas ginecológicas sí lo ha dejado entrever durante el embarazo.
LA ANÉCDOTA
Al fin y al cabo, más llevadera debe de ser la responsabilidad laboral (como demostró cuando, de cuatro meses, no le tembló la voz al estrenarse como oradora en solitario ante la Guardia Civil, con peineta y mantilla) que la de dar la vida. Porque si alguna cosa hay democrática en esta vida es el carrusel de emociones del embarazo.
El suyo se ha caracterizado por el kilometraje. El mismo día en que la Casa del Rey emitió el parte ginecológico, los Príncipes tomaron el avión hacia las Baleares, donde emprendieron un viaje-gincana por las islas en el que la Princesa presentó sus primeros partes de baja. Célebre es la anécdota según la cual, indispuesta, se ausentó de una comida y llamó al servicio de habitaciones para pedir una ensalada para la princesa de Asturias. "Si tú eres Letizia, yo soy supermán", replicaron al otro lado del teléfono. "Pues entonces eres supermán", respondió.
El segundo round llegó con el viaje, en junio, de los Príncipes a Japón, donde se celebra la exposición universal de Aichi. La visita debió de servir para intereses más elevados, pero el género ginecológico logró su titular: Letizia estrenó su primer modelo premamá.
Ya en julio, los vecinos de Ciudad Real que acudieron a saludar a los Príncipes se marcharon a casa con ojos de exclusiva: fueron los primeros en ver la tripa de Letizia, metida ya en su quinto mes de embarazo. Luego llegaron las vacaciones. Y Palma. Y el cisma que se creó en la isla cuando el Príncipe anunció que este año pasaba de las regatas. No sólo eso. Si no que concedía una jornada a los veleros y luego se esfumaba.
ENSAYO GENERAL
Desaparecieron 10 días. Luego, tras participar en la exclusiva de la discordia en el Fortuna, se fueron a Asturias, donde se enclaustraron en la casa de la abuela de ella. Tras la vuelta al cole, el seguimiento ecográfico tuvo distintas estampas: el bautizo del hijo de Laura Ponte, el paseíllo castrense del 12 de Octubre y el ensayo general --y noctámbulo-- de las contracciones. El Príncipe --y los reporteros-- ya sabían cuántos minutos les separaban de la Ruber. Todo estaba ya listo para el gran día del estreno.
