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Deportes

El Villarreal trata de usted al Barcelona

El Submarino renunció a su estilo y cedió el control del balón al líder con un planteamiento miedoso en el primer tiempo... y cuando quiso jugar a lo que sabe ya perdía por cero a tres.

02/05/2010 JOSÉ LUIS LIZARRAGA

Los dos equipos saltaron con miedo al Madrigal. El Barça lo hizo en un estado semidepresivo y temiendo a su rival. El Villarreal, por contra, renunció a aquello que tanto le ha costado recuperar a Garrido, el estilo y la personalidad propia que le diferencian. Y eso que el Villarreal pudo mandar al psiquiatra en los 10 primeros minutos al equipo de Guardiola, pero en lugar de hundirlo en una profunda depresión se empeñó en recuperarlo anímicamente y prepararlo para que renueve el título de Liga.

El Villarreal se ahogó mucho antes de llegar a la orilla, se quedó en dos acciones de Nilmar, que un futbolista de su currículo se antoja como casi imposible que pueda fallar. El brasileño fue el mejor psicólogo para recuperar a un equipo muy tocado después de la dolorosa derrota ante el Inter. Sí, pero Garrido no fue anoche el técnico valiente y arriesgado de siempre. El resplandor de las estrellas culés le cegó. Y ya se sabe que cuando uno no es él mismo, lo acaba pagando. Cuando intentó recuperar su personalidad el Villarreal perdía 0-3.

El Submarino intentó emular al Inter, aunque con más dignidad, y se replegó en su campo con una línea de cuatro defensas y otra de cinco centrocampistas, con un solitario Rossi en punta. No fueron malos los inicios, aunque dolía ver al Villarreal cediendo la pelota y el control al Barcelona. Lo cierto es que con ese planteamiento los amarillos generaron dos buenas ocasiones que, posiblemente, hubieran podido cambiar el partido.

Pero el equipo amarillo volvió a demostrar una falta de pegada alarmante. Mientras los de Garrido tiraban con perdigones, los de Guardiola lo hacían con cañón. Messi, a los 18 minutos, le marcaba su primer gol al Submarino, un gafe que le perseguía y que ayer enterró. Con el 0-1 el Villarreal mantuvo su planteamiento conservador y el Barça se manejó a su antojo con el balón ante un rival que ni corría tanto ni se atrevía a plantarle cara con sus mismas armas. Xavi puso tierra de por medio en un libre directo magistral y Bojan cerró el partido a cuatro minutos del descanso. El campeón ponía la directa para ganar la Liga; el Villarreal se despedía de las opciones que aún mantenía de jugar la Champions. Lo más duro no era la derrota, sino la manera en que se producía.

El Villarreal rescató su estilo en la segunda parte. O, mejor dicho, Garrido se dejó el miedo en la caseta y armó a su equipo como tocaba. El cambio fue radical. Ibagaza y Cani se quedaron en la caseta y entraron Senna y Llorente. Ya no hubo un monólogo azulgrana y se vio un partido competido con dos equipos dispuestos a jugar al fútbol. Llorente acortó distancias y le puso un poco más de salsa al choque, aunque el Barça nunca vio peligrar su renta. Luego apareció el mejor, el Dios del fútbol; es decir, Messi, y estableció el 1-4. Contra el Barça se puede perder, pero hay que hacerlo como se hizo en la segunda parte, con tu propio estilo.

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