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.A fondo...

Algo sobre el valenciano

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ZaragozaZaragoza
30/06/2010

 

Querido lector, recuerdo que hace tiempo, cuando luchábamos contra el Franquismo y soñábamos con la Democracia, entendíamos y así dejábamos constancia en la Constitución del ‘78, que las autonomías con sus competencias y sus poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, eran parte esencial de la misma. O dicho de otra forma, sin autonomías, seguramente no hubiera habido Democracia.

Tanto fue así que, si se acude a las declaraciones orales o escritas de la época, se verá que se presentaba la autonomía como una organización territorial del poder que por su cercanía al pueblo permitía más facilidad de control y, posiblemente, soluciones más acordes con la realidad. Además, y lo que viene ahora justifica este artículo, tanto nuestra Constitución como nuestro Estatuto de Autonomía del que ella deriva, dejan clara e indiscutible constancia de que los Gobiernos autonómicos (en nuestro caso el Consell de la Generalitat Valenciana) tiene la obligación de respetar, recuperar, proteger, promover, etc. el patrimonio cultural en general y, especialmente, el valenciano por la riqueza que representa y, sobre todo, porque constituye una de nuestras señas de identidad.

Por eso en 1983 se elaboró y aprobó (aunque no por unanimidad, la derecha política y social no la respaldó) la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià. Una ley que solo quiere superar la relación de desigualdad que existía y existe entre las dos lenguas oficiales de nuestra comunidad e impulsar los medios pertinentes para fomentar el uso del valenciano en todos los campos de nuestra sociedad y, de forma decisiva, en la Administración y la enseñanza como vehículos de recuperación. En definitiva, regular el uso normal de las dos lenguas y detener toda forma de discriminación contra una.

Querido lector, la verdad es que a partir de esa ley, el Consell de turno, el gobierno de los valencianos, tenía el derecho y el deber de acabar con el sometimiento del valenciano y situarlo en la importancia y el lugar que se merece. Debía sacarlo del abandono y el deterioro en que se encontraba.

Y, dicho sea de paso, en un principio, hubo avances importantes. No obstante, hoy, en el 2010 y por citar un ejemplo, el de un espacio vital como es la enseñanza, cabe denunciar que desde hace años se ha interrumpido dramáticamente ese avance. Así, por ejemplo, el estudio encargado por las Universidades y la Academia Valenciana de la Lengua, señala que el modelo del bilingüismo que se utiliza por Font de Mora y Camps produce sistemáticamente mayorías intensivas de castellano y subordinaciones y ocultaciones del valenciano (solo el 1,8% estudia toda la carrera en valenciano). En otro campo, el de los colegios de municipio, Escola Valenciana ha presentado estos días un informe (hecho entre 47 municipios y 237 colegios) en el que se demuestra que el 50% de la demanda de primera matrícula de valenciano se desvía por la Conselleria a castellano. Incluso, los sindicatos de los profesores, acaban de publicar unos escritos en los que se denuncia que tanto en Primaria como en Secundaria la Conselleria atenta contra la Llei d’ús ensenyament del valencià.

Más aún, se exige por parte de los enseñantes estabilidad de plantillas y grupos para esa necesaria enseñanza. Además, por si no era suficiente para demostrar el abandono (de la enseñanza del valenciano y de su promoción en particular) que estamos sufriendo en estos últimos años, solo cabe añadir que la RTVV ha recortado de forma escandalosa los fondos destinados al doblaje del valenciano y, encima, Rus, el presidente del PP de la Diputación de Valencia, llama públicamente “gilipollas” a los profesores que hablan nuestra lengua bajo patrones normalizados.

Querido lector, el asunto no es de risa, ni menor. Estamos hablando de algo que exige aprobar planes y destinar fondos pero, para solucionarlo tengo la impresión de va a hacer falta amor. ¡Sí! Que lleguen al Consell aquellos que amen nuestra historia, respeten nuestra dignidad y defiendan nuestra identidad. Una cosa que se hace o se consigue, al menos en democracia, con el voto. Querido lector, decide tú mismo. H

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