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HAY MÁS EMPRESARIOS QUE APUESTAN POR EL SECTOR

El vino de Castellón coge fuerza con nuevas bodegas

La industria vitivinícola aspira a continuar creciendo, para lo que resulta imprescindible tener la denominación de origen

 

El vino de Castellón coge fuerza con nuevas bodegas -

ELENA AGUILAR
14/01/2018

Benlloch, Les Useres o Vilafamés huelen a vino. El olor que emana de las cubas de acero de las cooperativas o de las pequeñas bodegas que custodian los barriles donde reposa la uva, da cuenta de la sangre que nutre unas tierras que le deben al vino parte de su poderío. En esos municipios y también en Vall d’Alba, la Serra d’en Galceran, Cabanes, Soneja o Viver hay censados 130 viticultores, se cultivan más de 600 hectáreas y hay inscritas una decena de bodegas, que producen anualmente un millón de litros de caldos, según datos de la Unió de Llauradors. Y subiendo. Porque el sector vitivinícola de Castellón vive un momento de ebullición, con más bodegas que invierten en la elaboración de un producto de calidad y con más clientes dispuestos a pagar 18 ó 20 euros por un buen vino elaborado en Castellón. Todo eso sucede pese a que todavía hay camino por recorrer. El más importante es dejar atrás la Indicación Geográfica Protegida (IGP) y convertir a Vins de la Terra de Castelló en una Denominación de Origen (DO), igual que ya sucede, por ejemplo, en Valencia, Alicante o Utiel- Requena.

El sector ya genera un ecosistema económico muy dinámico y todo gracias a dos ejes. El primero es la apuesta por la calidad. «Nuestro vino es cada vez más reconocido y no solo en Castellón», admite Ismael Sanjuán, presidente de los viticultores de la provincia. El segundo de los ejes ha sido la promoción. Pocos sectores se han movido tanto para lograr reconocimiento y, por fin, los vientos empiezan a soplar a favor. En Castellón, el vino va bien, quizás mejor que nunca, aunque todavía podría ir mejor. «Para los viticultores de Castellón resulta fundamental superar la IGP y conseguir la DO. Se trata de una figura que tiene más repercusión y genera más confianza entre los consumidores», apunta Sanjuán.

Vicent Flors, propietario de Bodega Flors, en les Useres, también es de los que piensan que la DO situaría a Castellón en el mapa vinícola de España, un mapa del que todavía está fuera. «El futuro pasa por lograr esta marca. Es lo único que nos falta porque en la provincia tenemos calidad y cumplimos todos los requisitos», sentencia el empresario.

EL 80% SE VENDE EN CASTELLÓN // Pese a que los números que maneja el sector de Castellón nada tienen que ver con las cifras astronómicas de los gigantes del vino de la Rioja o la Ribera del Duero, las bodegas de Castellón han ido moviendo ficha y poco a poco su presencia en los restaurantes de Castellón se ha multiplicado. De hecho, algo más de el 80% del millón de litros de vino que cada año salen de las bodegas que forman parte de Vins de la Terra de Castelló se queda en la provincia. Porque el vino de Castellón hace años que es profeta en su tierra y cada año más. «Poco a poco hemos ido creciendo y, aunque nos ha tocado pelear mucho, el sector de la restauración cada vez nos apoya más», describe Sergio Garrido, gerente de Barón d’Alba, en les Useres, que insiste en que el sector crece con nuevas inversiones y ya va siendo hora de que se juegue en Primera División. «Ahora jugamos en Segunda y para estar en la División de Honor necesitamos la DO», describe.

Castellón consume casi todo el vino que produce, pero el sector insiste en que se puede crecer más. «Queda recorrido y lo queda porque apenas el 10% del vino que se bebe en la provincia se elabora en la provincia», señala Víctor Bellmunt, gerente de Bellmunt-Oliver Viticultors, con sede en Cabanes, una bodega que mayoritariamente vende sus caldos en la provincia, aunque también tiene mercado en Valencia, Madrid y Estados Unidos.

Ganar presencia en Castellón es uno de los retos de los viticultores, como también lo conquistar plazas como Barcelona o Madrid, donde las ventas de algunas bodegas están ya consolidadas. Y para ello el sector quiere aprovecharse del aumento de la demanda interna, que tras algunos años de capa caída, vuelve a crecer un 4%. Lo que también aumenta, aunque sigue siendo residual, es la exportación. De enero a octubre, las ventas al exterior crecieron un 27% hasta alcanzar los 1,2 millones de euros. Nigeria, Francia y China son algunos de los principales clientes.