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CARGO FUGAZ

Màxim, mínimo mandato

Con siete días en el cargo, se convierte en el ministro más breve de la democracia H Fulmina el anterior récord, que tenía García Ferrero, responsable de Agricultura durante 82 días en 1982

 

Ministros fugaces 8 Escolano, Antoni Asunción y Eduardo Punset estuvieron muy poco tiempo en el cargo. -

Ministros fugaces 8 Escolano, Antoni Asunción y Eduardo Punset estuvieron muy poco tiempo en el cargo. -

ROGER PASCUAL mediterraneo@elperiodico.com MADRID
14/06/2018

Màxim Huerta, mínimo mandato. El ya extitular de Cultura y Deportes se convirtió en el ministro más breve desde la reinstauración de la democracia: tan solo habían pasado siete días desde que tomara posesión del cargo. Pulverizó de esta sorpresiva forma el anterior récord, que tenía desde 1982 José Luis García Ferrero.

82 días estuvo solo Ferrero como ministro de Agricultura con la UCD. Igual que el ministro de Deportes se marchó a las puertas del Mundial de Rusia, Ferrero fue elegido por Leopoldo Calvo-Sotelo en septiembre de 1982, en plena resaca del Mundial que acogió España, el del Naranjito. Estuvo 47 días en el cargo, más otros 35 días en funciones hasta que Felipe González formó su primer Gobierno.

De un efímero a otro

Después de él, solo se había acercado a aquellas cifras el último ministro de Mariano Rajoy: el aragonés Román Escolano. Poco podía imagina el exvicepresidente del Banco Europeo de Inversiones al ser nombrado ministro de Economía, Industria y Competitividad que solo duraría en el cargo 92 días, cinco en funciones después de que la moción de censura de Pedro Sánchez provocara el inesperado cambio de Gobierno.

En el ránking de efímeros, después del podio que integran Huerta, García Ferrero y Escolano, estaría Carlos Westendorp. Permaneció casi cinco meses (140 días) en el ministerio de Exteriores, después de que González le escogiera como relevo de Javier Solana, que en diciembre de 1986 dejó el consejo de ministros para ser secretario general de la OTAN. Valenciano, fugaz y dimisionario como Huerta fue Antoni Asunción. Llegó al ministerio de Interior en 1993 para suceder a José Luis Corcuera y su célebre «patada en la puerta». Pero cuando solo habían pasado 163 días fue él quien cogió la puerta y se marchó, presentando su renuncia después de que Luis Roldán, el exdirector general de la Guardia Civil, se fugara.

Aguantó una semana y media más que dos ministros de Adolfo Suárez, Félix Manuel Pérez Miyares y Eduardo Punset, que se pusieron en septiembre de 1981 al frente, respectivamente, de Trabajo y Relaciones con las Comunidades Europeas. Tras 172 días (incluido el interminable 23-F) dejaron su cargo tras la llegada de Calvo-Sotelo al poder. Punset seguiría una década más en política hasta que se volcó en la divulgación científica, creando legiones de fans. Incluso un mítico grupo de música lleva su nombre, Los Punsetes, al igual que ocurre con el actual ministro del Interior, Grande-Marlaska, aunque por motivos bien distintos.

El gafe con Lopetegui

Habrá que ver si algún día le dedican también a Huerta o Escolano alguna canción. Nadie podía imaginar, cuando coincidieron en el traspaso de carteras, que el mandato del ministro entrante fuera todavía más breve que el del saliente. Todo el mundo daba por hecho que rápidamente se olvidarían los polémicos tuits de Huerta, que cuando escribía «odio el deporte» difícilmente podía soñar que acabaría siendo el ministro de Deporte. De hecho él mismo llegó a bromear sobre este punto cuando visitó a la selección antes de que pusiera rumbo a Rusia. «Me pongo del lado de todos. Sois superhéroes. Si queréis me pongo a hacer deporte desde ya», les dijo demostrando su predisposición a entrar en un mundo que le era ajeno a Julen Lopetegui, al que deseó buena suerte. Cinco días después, ni uno es seleccionador ni el otro ministro de Cultura y Deporte.

Horas después de que a Lopetegui le echaran de la selección por anunciar su compromiso con el Madrid a las puertas del Mundial de Rusia, en el caso de Huerta, como dice el chiste, demostró que dimitir no es un nombre ruso. Y es que nadie recuerda una dimisión más rápida de un cargo público español.