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EN 'SALVADOS'

Mercedes Milá: "La Monarquía tiene que sentarse con la gente de la calle"

La periodista habla con Jordi Ëvole de los políticos, de Felipe VI, de la libertad de expresión en las cadenas y confiesa su lucha contra la depresión y sus enormes ganas de volver a la tele

 

Mercedes Milá: 'La Monarquía tiene que sentarse con la gente de la calle' - LA SEXTA

INÉS ÁLVAREZ
16/04/2018

Mercedes Milá en estado puro. Esa es la mujer que admira Jordi Évole y la que así se mostró durante la hora de entrevista que el programa 'Salvados' (La Sexta)le dedicó este domingo para dejarla hablar (poca baza pudo meter Évole ante semejante torbellino) sobre cómo ha cambiado la tele en sus 40 años de carrera, de los políticos que tuvo la ocasión de entrevistar y de cómo se involucró hasta los huesos en 'Gran hermano'. Un 'reality', por cierto, que le provocó dos de los sentimientos más intensos de su vida: la felicidad, tras una ruptura sentimental, y el estrés que le llevaría directamente a la depresión.

Comenzaba el programa con una cita en Miramar (tras caerse de la moto y un tobillo maltrecho), "el origen de mi vida", según exclamó la periodista, que le montó a Évole una especie de Sant Jordi adelantado: le trajo tres libros que autoedita su librería (aunque solo le regaló uno) y una rosa blanca que era toda una declaración de principios. "Ni roja ni amarilla. Blanca. La de la paz". Y una aclaración: Milá puso como condición que le pagaran, pero Évole accedió porque era para una buena causa: los 10.000 euros fueron directos a Open Arms. "La única oenegé que salva a personas en el Mediterráneo", afirmó.

AZNAR, BOTELLA Y SUÁREZ

Una vez en el plató que 'Salvados' había reproducido en los antiguos estudios de Montjuïc, la conversación fluyó (y se desbordó casi tanto como el Ebro) con las siempre interesantes anécdotas de la Milá. Como cuando se empeñó en trabajar en la tele y empezó desde abajo (llevando cafés, incluido), y cuando arrugó y tiró el teletipo del atentado de Carrero Blanco: "Pensaba que era una explosión más de gas en Madrid", reconocía.

O de las entrevistas a la pareja Aznar-Botella, en la que ella reconocía que echaba de menos "una noche loca"; a Adolfo Suárez, quien le confesaba sus gangrenas bucales, y a Rodrigo Rato, que hablaba de que el PP generaba confianza ("¡Qué cacho cabrón eres, Rodriguito!", exclamó). Unas entrevistas ahora impensables, porque entraron en escena los asesores. "Los asesores mataron las entrevistas a políticos. Por eso me fui", aseguró.

La periodista también recordó con nostalgia cuando en TVE había total libertad. "En las privadas nunca nadie me dijo lo que tenía que hacer o decir. En el momento que un Gobierno piensa que una tele le es útil y la quiere controlar, ahí se acaba la libertad de expresión". Y por eso hace un año estuvo a punto de volver, pero no pudo ser por considerarla "una chica incontrolable, incómoda, peligrosa...". "Y eso para mí es una medalla", advirtió irreductible ella, que opina que "los insultos van con el sueldo".

EL DISCURSO DE FELIPE VI

¿Incontrolable, incómoda, peligrosa? La prueba es la reprimenda que le metía a Felipe VI por su discurso tras el 1-O: "Se puso enfrente a más gente en Catalunya que la que en España le aplaudiría. No ha tenido empatía con la gente que sufrió la violencia por un referendo...", se quejaba. Y, en referencia a su última visita hace unos día a Barcelona, aseguraba: "Se ha reunido con jueces y cenado con empresarios. Si la Monarquía quiere salvarse, tiene que sentarse con la gente de la calle".

Más momentos de su carrera: su apasionado trabajo para desmentir el bulo de la muerte por sida de Miguel Bosé en 1992, su enfrentamiento a unos Ultrasur en su programa... Y solo un límite: "No mentir, no manipular, no utilizar el morbo, sino el espectáculo..." Y entonces surge 'Gran hermano', el programa que nadie entiende que defendiera a muerte: "Un ser humano puede aguantar una ficción solo unas horas", dice en defensa de la autenticidad del formato.

GH: DEL CIELO AL INFIERNO

Aunque para ella 'GH' fue algo más: su tabla de salvación para reflotar tras un amor roto ("en 'Gran hermano' fui feliz"), que la acabó echando en brazos de uno de los monstruos que habitan esta sociedad moderna: la depresión". "Por exceso de trabajo. Tú me preoupas un poquito, Jordi; trabajas demasiado y no sé si te preocupas de tu niño, que tienes que atenderlo", a lo que Évole la emplazó a hacerle psicoanálisis tras las cámaras.

Maniatado el monstruo (que no destruido) gracias a "la química, la meditación, la literatura...", la periodista reconocía sus terribles ganas de volver a la tele, sobre todo por "el amor de la gente". "Me llaman de todas menos los míos: Mediaset. Tengo dónde elegir". ¿Y cómo vivió Mediaset su depresión? "Las empresas tienen poca consideración con los problemas personales de sus empleados. Recursos humanos es una mentira: ni son recursos ni son humanos".

Y, tras transmitir a lo largo de la entrevista un mensaje: "Hay esperanza, de la depresión se sale", y reconocer que nunca tuvo miedo al poder "es lo bueno de la aristocracia", finalizó con el epitafio que podría presidir su tumba: "Fue honrada y fiel". E incontrolada, incómoda y peligrosa. Y a mucha honra.

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