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CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

La industria de Castellón debe adaptarse a la era '4.0' para ganar competitividad

Expertos aseguran que la provincia no puede perder el tren de la reconversión digital si quiere un sector fabril potente

 

Un operario trabaja en una planta de producción del Grupo Porcelanosa. - GABRIEL UTIEL

ELENA AGUILAR
05/06/2017

Quienes pensaban que Castellón acabaría perdiendo casi todas sus fábricas ante la competencia de países como China o Marruecos se equivocaron en el diagnóstico. Y quizás lo hicieron porque no contaban con la capacidad que tiene la tecnología para ponerlo todo patas arriba. Resulta que hay una cuarta revolución industrial asomando por la puerta. Ya está aquí, es imparable y en unos años lo va a cambiar todo. Son las fábricas inteligentes o la industria 4.0. Es el Internet de las cosas, la inteligencia artificial, la robotización... En resumen, la introducción de las más altas tecnologías digitales en las fábricas. Y si en la provincia se hacen bien los deberes sería posible aprovechar esta reconversión para escalar posiciones.

La cuarta revolución industrial ya es una realidad en países como Alemania, pero en Castellón queda mucho por hacer. Pero la buena noticia es que la base existe: la industria cerámica factura 5.000 millones de euros cada año, da empleo a más de 15.000 personas y, además, pronostica entre 8 y 10 años de crecimiento. En total, y si se tiene en cuenta el conjunto del sector secundario, la cifra de trabajadores asciende a 56.000. Castellón es, además, la segunda con más población activa empleada en fábricas, un 26,4%. Solo nos supera Álava.

EN LA PRIMERA FASE

Mientras que en el País Vasco hace ya varios años que se habla de la industria 4.0 y hay una estrategia empresarial clara, en Castellón el panorama es bastante distinto. «La situación en esta provincia es similar a otras regiones de España. La adopción de la industria 4.0 está siendo liderada por el País Vasco con su programa Basque Industry. El problema es que España ha llegado tarde y estamos todavía en las primeras fases», argumenta Alberto de Torres, CEO de Nektiu y director del programa superior de internet de las cosas e industria 4.0 de ESIC.

Raúl Mata, fundador y CEO de eGauss Business Holding, también opina que queda mucho por hacer. «España siempre suele llegar tarde a todo, pero después se engancha con mucha rapidez», explica. El proceso, además, es imparable. «La industria 4.0 no pasa solo por introducir las tecnologías digitales en las fábricas. Esa solo es la base, el primer paso para crear nuevos modelos de negocios y productos» insiste.

Pero, ¿de qué tecnologías se está hablando? La lista es amplia y va desde el big data a la robótica pasando por Internet de las cosas, los sistemas ciberfísicos, los sensores, la impresión 3D... «Las ventajas son muy variadas, desde una mejora de la productividad, acceso a nuevos mercados, mejora en la gestión logística y el desarrollo de puestos de trabajo más seguros y con mayor valor añadido», describe Alberto de Torres.

LA APUESTA DE LAS MÁS GRANDES

Pese a que los expertos insisten en que el tren pasa solo una vez, todavía son muy pocas las empresas 4.0 valencianas. Algunas de ellas están en Castellón, como Porcelanosa, Pamesa o Becsa. Todas ellas son punteras y llevan tiempo invirtiendo en las más altas tecnologías digitales. Otro ejemplo es Colorker, donde el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC) está desarrollando el proyecto CEBRA-Ceramic Brain, financiado por el Ivace a través de fondos europeos. «En Colorker se está implantando el concepto industria 4.0, de modo que la planta está evolucionando desde un sistema productivo de fabricación artesanal a un nuevo modelo de producción basado en la intercomunicación, la trazabilidad, la digitalización y la recopilación de una gran cantidad de información», explica Gustavo Mallol, director de AICE-ITC.

Hay avances pero todavía se marcha al ralentí. Y una de las principales barreras está en las empresas. «Hay una resistencia al cambio dentro de las propias empresas, principalmente por falta de talento y conocimientos necesarios para esta transformación, así como una cultura con resistencia al cambio», argumenta De Torre. El reto no es fácil, pero todos los expertos insisten en que Castellón no puede perder el tren de la reconversión digital.