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La investigación del ‘Rusiagate’

El fiscal de la trama rusa sopesa interrogar a Donald Trump

Los cargos potenciales van desde obstrucción a la justicia hasta perjurio o colusión con Rusia. Robert Mueller comunica a los abogados del presidente de EEUU su intención de interpelarlo

 

Donald Trump canta el himno nacional antes de un partido de fútbol americano entre Alabama y Georgia, ayer. - reuters / jonathan ernst

RICARDO MIR DE FRANCIA
10/01/2018

Han pasado ocho meses desde que el Departamento de Justicia nombró al veterano fiscal y exjefe del FBI Robert Mueller para investigar los posibles vínculos entre la campaña de Donald Trump y las maniobras del Kremlin para interferir en las pasadas elecciones estadounidenses. La investigación ha avanzado más rápido de lo que muchos esperaban. Mueller ha presentado cargos contra cuatro antiguos asesores del presidente y, en una señal del progreso de sus pesquisas, se plantea ahora interrogar al propio presidente. Así se lo comunicó el mes pasado a los abogados de Trump, que tratan ahora de consensuar un posicionamiento. Los riesgos son evidentes. Como le pasó en su día a Bill Clinton, Trump podría acabar siendo rehén de sus palabras.

Trump lleva meses insistiendo en que quiere acabar cuanto antes con la distracción de la trama rusa y ha dicho estar abierto a declarar ante el fiscal especial. «No ha habido colusión, no se ha cometido ningún delito y todo el mundo me dice que, en teoría, no estoy bajo investigación», reiteró el pasado fin de semana. «Como no hemos hecho nada malo, seamos transparentes y acabemos con ello». En algún momento se llegó a especular con que Trump podría despedir a Mueller para deshacerse de la amenaza legal que pesa sobre su Administración, pero todo indica ahora que es más proclive a cooperar con la investigación.

tres opciones / De hecho, sus abogados están discutiendo qué fórmula sería más ventajosa para la Casa Blanca. Aceptar un cara a cara con el fiscal o responder a sus preguntas por escrito, como hizo Ronald Reagan durante el escándalo Irán-Contra. La tercera opción pasaría por negarse a responder, pero Mueller podría entonces recurrir a un gran jurado para que emita una citación judicial.

Meses de revelaciones periodísticas e interrogatorios a los cuatro exasesores de Trump que están cooperando con la investigación tras ser acusados de mentir a las autoridades dan para mucho. Mueller podría inquirir sobre el intercambio de e-mails que Don Jr. mantuvo en junio del 2016 con el publicista Rob Goldstone, quien le ofreció información «del Gobierno ruso» para incriminar a Hillary Clinton. «Si es lo que dices, me encantaría», respondió el primogénito del presidente. También podría centrarse en la reunión posterior que Don Jr., Jared Kushner y el entonces jefe de campaña, Paul Manafort, mantuvieron en la Trump Tower con una abogada rusa que decía tener trapos sucios sobre la candidata demócrata. O preguntar si el presidente sabía algo del canal de comunicaciones secretas con Moscú que Kushner discutió con el embajador ruso en Washington durante el periodo de transición.

Las líneas de investigación son múltiples. De acuerdo con el recuento de la CNN, 12 asesores de Trump mantuvieron contactos con ciudadanos rusos vinculados de un modo u otro al Kremlin. En 19 ocasiones se reunieron con ellos, a lo que habría que añadir otras 51 comunicaciones en forma de llamadas y correos.

Pocos saben a ciencia cierta cuál es la prioridad de Mueller, pero según fuentes de The New York Times pasaría por abordar con Trump la destitución de James Comey, el jefe del FBI que investigaba la trama rusa cuando fue despedido.

El presidente dijo al principio que se había limitado a seguir las recomendaciones de su Departamento de Justicia, pero después admitió que al darle la patada se quitó «una gran presión» de encima. La duda es si Trump pudo haber incurrido en un delito de obstrucción a la justicia, el mismo que sirvió para iniciar el impeachment contra Nixon que desató su dimisión. Los abogados del presidente aseguran que tiene potestad para contratar y despedir a quien quiera sin dar explicaciones.

Si Trump aceptase un careo con Mueller, no sería la primera vez. Ya lo hizo Clinton en 1998, cuando testificó ante un gran jurado en la investigación por acoso sexual.

Ahora incluso desde el círculo más cercano al presidente se piensa que los cargos no tardarán en llegar. «Es dolorosamente obvio que Mueller presentará cargos», le dijo el mes pasado Roger Stone, uno de los confidentes de Trump, a Vanity Fair. «La teoría es que Mueller lo acusará por cuestiones de procedimiento. La única gente que no parece saberlo son los abogados del presidente y él mismo». Los cargos potenciales van desde obstrucción a la justicia a perjurio o colusión con Rusia para interferir en las elecciones presidenciales.