Opinión
Martes 9 Febrero 2010
10/05/2004

Lo mejor de los risueños comentarios de Colin Powell sobre la crisis de la isla de Perejil, cuando fue solicitado como mediador, es su revelación de que es difícil hablar con el rey de Marruecos porque no acostumbra a contestar llamadas desde su coche.
El secretario de Estado tampoco se presenta como un esclavo de su deber: un poco harto dijo a los interesados que tenían 10 minutos para decir que sí (a su propuesta) porque él tenía planeado salir a jugar con sus nietos y los españoles no pensaban evacuar la isla de Perejil.
Todo terminó bien porque, en efecto, la isla de Perejil no era gran cosa, fuera de lo simbólico. Más interesa saber si Powell sigue divirtiéndose con sus nietos mientras arde el Oriente Próximo y hay rumores sobre la (bien ganada) dimisión de Donald Rumsfeld.
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