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Modernidad del canon digital

La llamada tercera ola ha llegado ya y ha barrido los viejos esquemas de la sociedad industrial.

10/02/2008 FRANCISCO Fernández Beltrán 

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Estamos ya en plena Sociedad de la Información, en plena Sociedad del Conocimiento, en un mundo en el que la tercera ola que vaticinaba Alwin Toffler ha llegado ya y ha barrido los viejos esquemas de la sociedad industrial. ¿O no? Pues lo cierto es que, pese a la proliferación de la electrónica alrededor de toda nuestra vida cotidiana, dependiente cada vez más para el ocio y para el nec-ocio de artefactos sustentados en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), hay todavía muchos sectores de la población que no han comprendido en el momento histórico en el que nos encontramos. La polémica en torno al llamado "canon digital" con el que el Gobierno de España grava la compra de CD y DVD vírgenes y de otros soportes de almacenamiento y duplicación digital para compensar la posible copia de creaciones artísticas, sobre todo de música y películas, pero también de contenidos editoriales, es un claro ejemplo. Y lo es porque la mayor parte de quienes se oponen a este canon --no los que lo rechazan por intereses ocultos, sino los que lo hacen por mero desconocimiento-- no comprenden que en último extremo estamos hablando de proteger la materia prima de la nueva Sociedad del Conocimiento: la capacidad de creación. Y en nuestro caso, en nuestro país, castigado antaño por el lema del "que inventen ellos" y ahora por su afán en liderar la lista mundial de la piratería digital, proteger a los creadores, a la materia prima de esta Sociedad del Conocimiento, es un caso de defensa nacional, de defensa del interés general.

EL GRAN GURÚ de esta Sociedad del Conocimiento, visionario que anticipó gran parte de nuestra realidad actual, Nicholas Negroponte ejemplificó claramente en su Being Digital (1995) cuál iba a ser la batalla económica del futuro: en la sociedad industrial la base de la economía era el átomo, y por tanto los recursos estaban limitados, mientras que ahora la nueva base económica es el bit y la capacidad de creación de la mente humana, que en principio es ilimitada. Ilimitada siempre y cuando tenga una justa y adecuada compensación, claro. Porque, en último extremo, de lo que estamos hablando es de una estructura económica, de una industria --cultural, pero industria al fin y al cabo-- que tiene ante sí una amenaza para el desarrollo presente y futuro de su base, de su materia prima: los creadores. Y o se establecen medidas para garantizar su viabilidad, para que la creación tenga una justa compensación económica, o seguiremos condenados a la colonización digital de aquellos países que --como ya ocurriera con el cine-- han comprendido perfectamente cuál es la base del nuevo modelo económico.

En este sentido, es importante señalar el nombre completo de la medida legislativa que el Ministerio de Cultura impulsó para implantar el vigente canon digital: Ley de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información.

Porque eso es precisamente el canon, una medida para impulsar la Sociedad de la Información en nuestro país, una acción positiva para reforzar nuestra industria cultural y, sobre todo, para compensar a su materia prima, a su base de trabajadores, los creadores, que en último extremo es la fuerza que nos puede garantizar un futuro en la nueva Sociedad del Conocimiento, en la nueva sociedad digital.

Porque lo moderno es proteger el futuro, y protegerlo significa garantizar la viabilidad de nuestra industria cultural y de nuestros creadores, de quienes generan los contenidos, que son lo que realmente aporta valor. Lo moderno no es pedir que los CD sean unos céntimos más baratos, sino que esos céntimos sirvan para que cada vez haya más gente interesada en generar contenidos para los mismos, que es por lo que los consumidores están dispuestos a pagar, por los bits, no por los átomos del CD.

Las voces demagógicas que se oponen a la Ley de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información han insistido en que el canon digital es un impuesto, y lo es, y como tal incómodo, pero asimismo necesario. También es un impuesto el canon de basuras, o el nuevo impuesto de circulación que grava los vehículos más contaminantes. En los tres casos es justo afirmar que hay una cierta arbitrariedad en la aplicación de la tasa, que la pagan por igual todos los consumidores independientemente del uso que realicen del bien a proteger. Del mismo modo que hay propietarios de viviendas en las que solo residen unos días al año y deben pagar la tasa de basuras como si dejaran cada noche el contenedor lleno, o del mismo modo que hay conductores que pagarán por su vehículo de mayor cilindrada que solo utilizan un día a la semana lo mismo que otros que no cesan de hacer kilómetros, el nuevo canon digital establece un gravamen sobre los soportes, sobre todo ellos, sin que sea factible diferenciar si éstos se van a usar para realizar copias privadas de material con derechos de autor --que es lo que se regula, no la copia indiscriminada y pirata, frente a la cual por cierto no hay protección aún-- o para almacenar datos de carácter personal y que, por tanto, no deberían estar sujetos al pago del canon. Es cierto, en todos los casos hay una cierta arbitrariedad la aplicación del impuesto. Pero no es menos cierto que el bien general que se protege en cada caso --la limpieza de las ciudades, el medio ambiente o la creación intelectual-- está por encima de los pequeños errores que se puedan producir por la aplicación de las normas protectoras.

ADEMÁS, quienes se oponen a la medida no han sido capaces de proponer --al menos públicamente-- medidas alternativas y viables. La dificultad para arbitrar un sistema alternativo es lo que ha llevado a que sea precisamente el canon digital el método que se ha establecido en la mayoría de los países europeos para compensar a los autores por la copia privada que realizan los consumidores, una exigencia que, por otra parte, no es una idea feliz de nuestro Gobierno, sino que emana de la propia Unión Europea, de una directiva para favorecer el desarrollo y el futuro de la Sociedad de la Información en nuestro continente. Porque, en definitiva, la batalla a favor del canon digital no es más que una lucha por avanzar en la Sociedad del Conocimiento, en la generación de bits frente a átomos y, por tanto, por asegurarnos un espacio propio en la modernidad.

Director de Comunicación y

Publicaciones de la UJI y vicepresidente de la Unión de

Editoriales Universitarias Españolas.

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Comentarios (4)

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  1. Andrés - 12/03/2008 - 16:31:20 h.
    (Leer del 1 al 4)

    A menudo, cuando se carecen de argumentos para contrarrestar los argumentos dados por los que piensan de diferente forma a como nosotros pensamos, solemos acudir a la descalificación o al insulto, así, usted nos hace a los que no estamos de acuerdo con este impuesto acreedores del calificativo de “demagógicos”, siendo eso que usted hace pura demagogia.

    De momento la venta de CDs y DVDs ha bajado en España, por el contrario el comercio a través de Internet de los mismos productos procedentes de Inglaterra (allí no existe ese impuesto) ha aumentado… “menos mal que aun nos queda EBAY”.
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  2. Andrés - 12/03/2008 - 16:29:47 h.
    Por último, este canon, injusto a todas luces demuestra que quizás sea cierto lo dicho por José Luís Sampedro, parece que a la Sociedad General de Autores (SGAE) le interesa mucho más que sus autores tengan más dinero pero que sean menos leídos. Esta vez han quedado fuera del impuesto los discos duros internos y las líneas ADSL, quizás según su teoría deberían haber sido añadidos, puede que también deban de ser objeto del impuesto la tinta con que los jóvenes copian letras de canciones en las cubiertas de sus cuadernos, o quien sabe quizás debería ser objeto de este impuesto nuestra propia voz si cantamos bajo la ducha. Marcar como inadecuado
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  3. Andrés - 12/03/2008 - 16:28:55 h.
    Efectivamente, todo impuesto es arbitrario en su aplicación, pero este lo es aun más, ya que se da la circunstancia de que si yo copio en un CD o DVD fotos sacadas con mi cámara, películas grabadas con mi cámara de vídeo, o textos escritos por mi mismo en mi propio ordenador, deberé pagar un canon por propiedad intelectual, del cual se beneficiaran otros, pero jamás yo, que soy el propietario intelectual de mis fotos, de mis vídeos y de mis escritos. Lo cual señor mío, desmonta totalmente esa teoría suya de que el canon favorece la creatividad, es falso puesto que los nuevos creadores ven aumentado el coste de los equipos y del soporte de los mismos. Seamos sinceros, el canon digital es un canon que favorece a los autores consagrados en detrimento de los que intentan despuntar en su actividad creadora. Marcar como inadecuado
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  4. Andrés - 12/03/2008 - 16:28:05 h.
    En primer lugar deberíamos determinar que es exactamente la “propiedad intelectual”, ¿es propiedad intelectual el edificio construido merced a los planos de un determinado arquitecto?, sin duda los que apuestan por impuesto me contestarán: “No, la propiedad intelectual son los planos, por lo cual los arquitectos no tienen derecho a cobrar ningún canon por la utilización del edificio”, y creo que tienen toda la razón. Y utilizando los mismos argumentos yo me pregunto, ¿es propiedad intelectual una determinada canción de un determinado cantante? Y mi respuesta es clara: “No, la propiedad intelectual es la partitura”, ya que lo contrario presupondría que el arquitecto es propietario intelectual del edificio que crea, el ingeniero de los puentes y túneles que diseña. Marcar como inadecuado
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