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Editorial

El caos en el Prat se puede evitar

 

12/08/2017

El puente del 15 de agosto concentra una parte muy importante del tráfico aéreo vinculado al turismo. Este fin de semana y hasta el martes, el aeropuerto de El Prat bate récords anuales de vuelos y de pasajeros. En días como estos cualquier incidencia puede provocar una situación caótica. Los paros parciales que protagonizan ayer y mañana los vigilantes de la empresa Eulen, encargada de los controles de seguridad a los pasajeros que embarcan, mutarán en una huelga total a partir del lunes. No hay que ser muy malintencionado para pronosticar que vamos a entrar en el caos en una infraestructura crítica en una capital turística como Barcelona. Este colectivo de trabajadores ha demostrado hasta ahora que con paros parciales o con huelga encubierta es capaz de colapsar el servicio a su antojo. Esta posibilidad ha sumido a los viajeros en una zozobra que se traduce en largas horas de espera, sea porque hay colas, sea porque llegan antes para asegurarse que podrán tomar el avión. Si el paro llegase a ser total a partir del lunes, la situación puede convertirse en insostenible.

El derecho a la huelga es un derecho inalienable de los trabajadores, pero en este conflicto sus representantes no lo están utilizando de manera muy inteligente. La falta de capacidad para llegar a acuerdos ha provocado una paulatina pérdida de simpatía de la población para con sus reivindicaciones. La votación del jueves pasado colmó la paciencia de muchos que se solidarizaban con los empleados de Eulen en El Prat. La manera de conducir la votación fue un desastre que afortunadamente puede corregirse en la asamblea que se ha convocado para mañana. Los trabajadores deberían ser conscientes de su responsabilidad y de la proporcionalidad de su presión sobre la empresa.

Si finalmente la huelga se mantuviese hasta el lunes, al Gobierno no le debería temblar el pulso para evitar el caos total a partir del lunes. Como hizo en su día el ministro José Blanco ante el cierre del espacio aéreo provocado en el 2010 por los controladores, el ministro De la Serna debe utilizar todos los medios que tenga a su alcance. A nadie le ha de extrañar la imagen de la Guardia Civil controlando la seguridad del acceso a los aviones, como hacía hasta hace unos años y como hacen las policías de otros países europeos. Y el resto de instituciones deberían apoyarlo si esta es la solución viable.