RUBÉN Ibáñez RUBÉN Ibáñez 29/01/2006

La sociedad en general realiza cada vez cambios más vertiginosos, produciendo que los ciudadanos nos tengamos que ir habituando a nuevos comportamientos de forma progresiva y por qué no, acelerada.

Es cierto que el cambio no debe ser algo criticable por sistema, sino más bien todo lo contrario, el problema viene cuando esos cambios no obedecen a unos criterios serios y predeterminados sino guiados por un interés oculto y falto de programación. Son por tanto las ideas y la planificación los pilares fundamentales en los que debe residir el cambio social, de lo contrario la carrera alocada y descontrolada en busca de una solución inmediata sin más criterio que atajar un problema inminente no produce tal efecto sino que crea un nuevo problema. Es la claridad de ideas el elixir mágico para afrontar cualquier situación actual.

Decía Víctor Hugo que las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas sino las ideas, y realmente es así. Sin embargo, actualmente estamos viendo en nuestro panorama nacional como la carencia de ideas y las sombras en la planificación producen un desconcierto social de tal calibre que uno empieza a dudar hasta de cómo le llaman.

Que los intereses se han sobrepuesto a las ideas, es algo que hoy por hoy lo tiene muy claro el Gobierno central. Contentar a quien interesa sin saber si es bueno o no para el conjunto de la sociedad es algo que empieza a ser cotidiano. Sin embargo esa posición que sin duda conlleva una ventaja política conduce a la sociedad en general a la sin razón y el desasosiego de temer por el mañana, algo imperdonable para un Gobierno sin ideas.

Portavoz del PP en Onda

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