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AVANCE REVOLUCIONARIO

Nueva era de la astronomía con la detección de ondas gravitacionales

El evento desvela la fabricación cósmica de átomos pesados, como el oro y platino

 

La detección ha sido posible al chocar dos estrellas de neutrones. - AFP

REDACCIÓN
17/10/2017

El pasado 17 de agosto, 72 observatorios en todo el mundo detectaron una conjunción única de señales cósmicas: ondas gravitacionales y luminosas provenientes de un mismo evento, el choque de dos estrellas de neutrones (los objetos más densos del universo). La observación, cuyos resultados se presentaron ayer, ha demostrado que en estos choques se originan los elementos de la tabla periódica más pesados que el hierro, entre los cuales se cuentan el plomo, el oro y el platino.

El hallazgo abre la puerta a la «astronomía de multimensajeros»: una nueva manera de observar el cielo basada en combinar información luminosa con otras señales, como las ondas gravitacionales. Estas son sutiles perturbaciones del espacio-tiempo que se detectaron por primera vez durante el año 2015, un descubrimiento que mereció el premio Nobel de Física del 2017.

La nueva observación se dio a conocer oficialmente ayer. «Es un nuevo hito revolucionario», afirma Alicia Sintes, responsable del grupo de la Universitat de les Illes Balears que participó en el hallazgo. Ayer se dieron a conocer diversos artículos científicos inspirados en la observación, siete de ellos en la revista Nature.

El físico británico Stephen Hawking ha celebrado la primera detección simultánea de luz y ondas gravitacionales producidas por el choque de dos estrellas de neutrones. El científico lo considera «el primer peldaño de una escalera» hacia un nuevo método para medir distancias en el cosmos, según explicó a la BBC.

El choque cuyas señales llegaron a la Tierra en agosto se produjo hace 130 millones de años en una galaxia de la constelación de la Hidra. Esta se emplaza a 40 megaparsec (130 millones de años luz) de la Tierra, una distancia enorme a escala humana, pero suficiente para que observatorios de todo el mundo pudieran detectar la luz emitida. «La naturaleza ha sido extremadamente benévola con nosotros», comenta la profesora Sintes.

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