Tres años y medio de prisión por estafa al anciano al que cuidaba en la Vall d’Uixó. Es la condena que cumplirá una asistenta del hogar de origen rumano que, aprovechándose de su trabajo en casa de la víctima y del conocimiento que tenía de las claves bancarias, sustrajo una tarjeta de crédito del afectado --ya fallecido-- y sustrajo 2.400 euros en 12 días.

Según la sentencia de la Audiencia Provincial a la que ha tenido acceso este diario --confirmada por el Tribunal Supremo--, la mujer acudía prácticamente a diario a casa de la víctima, durante varias horas, llegando a estar durante varios meses interna. Entre las numerosas tareas que realizaba para el anciano se encontraba la de chófer y también la de acompañante en las gestiones bancarias, habiéndole proporcionado en tal confianza el número secreto de su tarjeta y habiendo incluso vivido en el domicilio de ella.

«En días anteriores al 12 de enero de 2011, sin conocerlo el señor, la condenada se apoderó de una tarjeta de crédito y, conociendo el número PIN de la misma, realizó toda una serie de movimientos, guiados por la finalidad de obtener un beneficio patrimonial indebido», reza la sentencia.

La asistenta doméstica acudió en diferentes fechas a cuatro cajeros automáticos diferentes de la Vall d’Uixó y extrajo 2.400 euros.

La procesada negó los hechos y sostuvo que el anciano estaba, por completo, al tanto de las extracciones y que, si la denunció meses después, fue como consecuencia de que ella había rechazado sus peticiones sexuales, y porque lo denunció por acoso.

En su declaración testifical en el juicio los agentes de la Guardia Civil expusieron que el denunciante (fallecido posteriormente) les indicó desde un principio al interponer la denuncia que había sido avisado telefónicamente por el banco de las extracciones que sufría su cuenta corriente.

Las comisiones, clave

La Audiencia Provincial también señala algunas de tales extracciones sufrieron notables comisiones, algo que no parece normal cuando el titular puede evitarlas eligiendo el cajero propio de la entidad de la tarjeta que no comporta tal cargo, denotativo de que a la acusada este inconveniente no le importaba por no ser dinero de su propiedad.

A finales del pasado año la Audiencia Provincial ya impuso dos años de prisión a una mujer por robar a su vecina septuagenaria las tarjetas bancarias y sustraerle más de 5.000 euros. Así, en los paseos que realizó con la anciana, la acusada acompañó alguna vez a su vecina al cajero y observó el número que esta introducía para extraer dinero con sus tarjetas. Se apoderó después de las mismas y sacó el efectivo.