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La secta de Vistabella, más allá del sexo: una posible estafa millonaria del Tío Toni

Una testigo dijo sentirse «engañada» tras dar 180.000 euros para ‘La Chaparra’ sin que luego se hicieran realidad las promesas del líder

Todos los miembros, menos el gurú, aportaban 540 euros al mes

El buzón de la masia 'La Chaparra', donde estaba instalada la secta.

El buzón de la masia 'La Chaparra', donde estaba instalada la secta. / Gabriel Utiel

Pablo Ramón Ochoa

Pablo Ramón Ochoa

Castellón

El juicio por la supuesta secta sexual de Vistabella del Maestrat trata de discernir sobre los presuntos abusos sexuales a menores que se cometieron. También, de si efectivamente sus miembros formaban una asociación ilícita.

Hay seis acusados en el proceso, cinco mujeres y un hombre. No obstante, falta el personaje central de este entramado: el Tío Toni, que falleció en prisión preventiva en 2022, un gurú a quien los miembros atribuían poderes curativos y que murió después de años sufriendo muchas enfermedades.

Las cuatro víctimas que han hablado hasta el momento (el juicio lleva dos de sus 13 sesiones) han explicado episodios traumáticos de violencia sexual hacia ellos, tal y como Mediterráneo ha venido publicando en los últimos días.

El factor económico

Sin embargo, hay otro componente que puede ayudar, según la Fiscalía, a entender la motivación del Tío Toni para captar a la gente con sus promesas espirituales. Varias testigos, exmiembros de esta comunidad pseudorreligiosa durante décadas, han esbozado posibles motivos espurios durante sus intervenciones ante el tribunal.

Se trata del factor económico. El dinero. Las aportaciones puntuales que todos los miembros de la colectividad entregaban a las mujeres encargadas de la contabilidad, designadas por el gurú.

La compra de ‘La Chaparra’

La masia La Chaparra, que figura escrita también en documentos como La Xaparra por su denominación en valenciano, la encontró Toni a mediados de los 90.

El Tío Toni empezó sus actividades muy lejos de allí, en Castelló. En dos locales de la capital de la Plana se ganaba la vida haciendo masajes sanadores, que tal y como han relatado los testigos consistían en imposiciones de manos «en la cabeza y en las rodillas», pero también utilizando un vibrador en el clítoris de las mujeres.

Así fue como el Tío Toni conoció a una de las figuras esenciales en lo que respecta a poder instalarse en La Chaparra: una testigo que conoció al gurú porque se lo presentó su peluquero, Juan Miguel Martínez (exmarido de la cantante Karina).

"No llegó a hacerse nada" con el dinero

«Yo puse 30 millones de pesetas en acciones de La Chaparra. Era todo mi patrimonio personal y lo metí allí», lamentó esta testigo. Al cambio, son unos 180.000 euros. «Yo lo considero un engaño, porque no llegó a hacerse nada de lo que [Toni] había prometido», dijo.

Se montaron diversas empresas y se prometieron mejoras en la masia por parte del Tío Toni, durante varias décadas. «Fue una manipulación», agregó la mujer.

Y luego estaban las mensualidades de 540 euros que todos los miembros, menos el líder y su mujer, pagaban para seguir viviendo en la comunidad, que estuvo activa hasta 2022. Llegaron a vivir allí más de 30 adultos. Una de las víctimas, que era niño cuando estaba en la secta, ha afirmado que a veces «no tenían ni para comer».

La Fiscalía asegura respecto al Tío Toni que «a diferencia del resto de los miembros de la comunidad, su patrimonio fue creciendo gracias a sus seguidores».

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