Los dos bandos de La Chaparra: los que salieron de la secta sexual y los fieles al Tío Toni
Faltan la mitad de las sesiones pero ya han comparecido testigos suficientes para ver que hay dos versiones completamente opuestas de lo que pasaba en La Chaparra. Las presuntas víctimas apuntan a un ecosistema de abusos sistemáticos a menores, pero un grupo de leales al fallecido Tío Toni afirma que todo es mentira. ¿Cuál de las dos ‘chaparras’ es real y cuál está hecha de papel?

La masia La Chaparra, en Vistabella, el lugar donde supuestamente ocurrieron los hechos y vivía esta comunidad. / Gabriel Utiel

La Audiencia Provincial de Castellón ya ha acogido más de la mitad de las sesiones del juicio a la supuesta secta sexual de Vistabella. De hecho, este lunes se celebra la undécima de las 19 citas previstas.
Dos grupos enfrentados
Los primeros días del juicio estuvieron copados por testimonios de las nueve presuntas víctimas de abusos sexuales a menores del Tío Toni, que según la Fiscalía se perpetuaron más de 30 años con la colaboración necesaria o la participación directa de los seis acusados (cinco hombres y una mujer).
Pero en los últimos días han empezado a desfilar por el estrado los testigos propuestos por las defensas, que han explicado unos hechos totalmente diferentes a los que dijeron las víctimas. Se trata de personas que aún con Toni fallecido (murió en prisión en 2022) le guardan un cariño confeso. Además, aún creen en sus enseñanzas vitales y algunos de ellos han manifestado creer en sus poderes curativos. Este grupo de fieles asegura que todo lo que se ha contado no pasó como las víctimas dicen.
Es como si hubiera habido dos chaparras distintas en dos universos paralelos, ya que las dos versiones aportadas no pueden coexistir. La cuestión es que solo hay un tribunal que deberá dirimir qué es lo que pasó en realidad.
¿Abusos o bondad infinita?
Las nueve víctimas que se animaron a denunciar lo hicieron después de poner en común sus vivencias separadas. La mayoría afirma que el Tío Toni abusó sexualmente de ellas desde los 12 o los 13 años, al bajarles la regla, con el pretexto de «dar luz a los ovarios» para expulsar la energía negativa.
Habría penetrado a las niñas en presencia de su nuera, que sujetaba de las muñecas a las niñas, y su mujer, que tapaba la puerta. Ambas pasaban a buscar a las menores para que subieran a la habitación del Tío Toni.
Sin embargo, una testigo de la defensa, que es hermana de una víctima, asegura que ella no vivió nada de eso y que ninguno de los compañeros con los que creció en la masia de Vistabella le dijo a ella que pasaran por algo similar. Además, recordó a Toni como una figura bondadosa. "Era un referente de superación», dijo en referencia a la poliomielitis que sufría el fallecido líder y a sus afecciones pulmonares.
«A pesar de su enfermedad, siempre se levantaba con una sonrisa y levantaba el ánimo de aquel que estaba con problemas», dijo esta joven, de quien se cree que es hija biológica de Toni (como muchos de los niños de la secta, incluidas algunas víctimas).
¿Sexo místico o simples rezos?
Otro punto de choque es si la secta era un espacio donde el sexo se tornó en parte central de su razón de ser. Las víctimas y testigos de la acusación han sostenido que todo giraba alrededor del sexo: desde los propios abusos a menores hasta las relaciones grupales entre las mujeres mayores de edad (y una menor) y el líder. Del visionado conjunto con los niños para una supuesta educación sexual al fomento de relaciones de pareja dentro de la secta, incluidas algunas entre mujeres mayores de edad con niños de 13 años.
En los primeros días de juicio, varias testigos aseguraron que Toni hacía unos «triángulos de luz», una especie de orgías que, según sostuvieron ante el juez, consistían en sesiones de sexo por turnos con Toni y masturbación conjunta de siete mujeres para «dar luz al mundo y evitar catástrofes». Además, policías nacionales encontraron juguetes sexuales en casi todas las habitaciones y vídeos porno en cintas y USB.
El pasado jueves, sin embargo, una de las testigos (adulta en los tiempos de la secta) aseguró que ella participaba en esos «triángulos de luz» y que allí solo oraban. «Rezábamos para dar luz», especificó.
La mayoría de testigos de la defensa aseguró que allí no había sexo de ningún tipo, que nunca vieron comportamientos sexuales en La Chaparra. Frente a ellos, las víctimas dicen todo lo contrario.
¿Dictadura mesiánica o democracia?
Según las víctimas y varios testigos, Toni mandaba sobre el grupo con firmeza y se apoyaba sobre todo en su mujer y en su nuera para apuntalar sus directrices.
Se han descrito castigos físicos de Toni y situaciones en las que el líder forzaba a los demás a hacer el vacío a una persona si desobedecía sus dictados. Además, según ellos Toni impartía unas clases que versaban sobre espiritualidad y les decía que era un enviado de Dios en la Tierra, a quien debían seguir. El grupo leal a Toni ha negado también este extremo mesiánico, descartando que el líder se presentara como una divinidad.
Por contra, los leales al Tío Toni han indicado que en La Chaparra «la toma de decisiones era democrática», entre todos sus miembros. Que, aunque todo «recaía» sobre Toni, «él no mandaba nada». En esta versión, al no existir los abusos, la posición de poder de Toni en esa parte de la historia ni siquiera es considerada por los leales.
Estos fieles, además, han apuntado que hay varios motivos por los cuales se ha hecho la denuncia: desde el móvil económico a la envidia, pasando por los celos.
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