Crímenes olvidados de Castellón
La mano delatora que sirvió para resolver un homicidio en Castelló
Francisca Igual fue brutalmente asesinada en su domicilio. Por el homicidio fue condenado Pedro Sancho. La prueba clave para resolver el caso fue una mano con la huella de sangre observada en la pared de la casa de la víctima. Un caso que recuerda mucho a otro de 1980 y que acabó con el condenado fugado.

Una mano ensangrentada fue clave para resolver un crimen en Castelló. / Mediterráneo
Juan Salvador Salom Escrivá
Se trata ahora de un caso de robo con homicidio acaecido en Castellón de la Plana en el año 1874. Es de destacar que el hecho fue descubierto gracias a la marca de la mano ensangrentada del homicida en una de las paredes de la casa de la víctima.
Los hechos ocurrieron de este modo: En la tarde del día 30 de julio de 1874 Francisca Igual Marí, soltera y mayor de sesenta años, fue encontrada muerta en su casa a consecuencia de violentas contusiones en la cabeza, con fractura de los huesos etmoides y esfenoides, consiguiente hemorragia y gran conmoción cerebral. Dichas contusiones fueron causadas con un palo de horquilla roto que se encontró a su lado, observándosele las ropas desordenadas y, enredado entre los dedos, un mechón de cabellos de mujer, que no eran de la misma, y otras señales que demostraban que debió preceder alguna fuerte y empeñada lucha.
En la referida casa se hallaron forzados una puerta y un cajón de cómoda, manifestando José Igual, hermano de la difunta, que vivía en su compañía, que habían sido sustraídas unas quinientas pesetas en oro y plata de los muebles fracturados, cuya preexistencia se acreditó; y entre varios particulares notados al reconocer la casa, apareció que en una percha se hallaba colgada una manta con manchas de sangre frescas, y al lado, impresa en la pared, la figura de la mano derecha de una persona, bien marcada de sangre, en la que se advertía cierta deformidad de las falanges del dedo anular.
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Examinado con juramento –hoy esto sería imposible al estar rigurosamente prohibido tomar juramento al imputado o investigado-, entre otros, Pedro Sancho Safont por las sospechas que hizo concebir acerca de su conducta, se registró su casa, en la que se halló una blusa muy remendada y hecha girones por delante, con señales de haber tenido manchas de sangre lavadas de reciente. Sancho se dio a la fuga, pero fue capturado algún tiempo después y dirigido el procedimiento contra el mismo. Aunque Sancho negó ser el autor del robo y muerte relatados, se reunieron varios indicios que demostraban su culpabilidad, entre otros el de concordar exactamente su mano con la huella de sangre observada en la pared de la casa de Francisca Igual, con la misma deformidad en el dedo anular, el hecho de haberse manifestado agitado y tembloroso al ser detenido, y el haber tratado de degollarse con una navaja cuando era conducido a la capital.
La Sala de lo Criminal de la Audiencia Territorial de Valencia condenó a Pedro Sancho Safont como autor de un delito complejo de robo con homicidio a la pena de cadena perpetua, más al pago de las quinientas pesetas sustraídas e indemnización en 3.200 a los herederos de la víctima. Por supuesto que no pagó nada, pues era insolvente total.
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El condenado recurrió en casación la sentencia ante el Tribunal Supremo, alegando que existía una duda racional acerca de su participación en los hechos, careciendo de consistencia probatoria los indicios hallados. El recurso fue desestimado. De todos modos, parece que la solución del caso fue incompleta, pues el hallazgo de un mechón de pelos de otra mujer en las manos de la víctima hacía pensar que intervino otra persona en los hechos, una mujer que no pudo ser identificada y a la que la víctima arrancó dicho mechón de pelo en la agresión de que fue objeto. El condenado no facilitó dato alguno acerca de la identidad de la misma y la criminalística estaba entonces en mantillas, con lo que la mujer partícipe en los hechos nunca fue identificada ni juzgada.
Curioso caso que me hace recordar otro parecido ocurrido en Castellón en la década de los años 1980; en este supuesto se trataba de un acusado por homicidio, de haber matado a un turista inglés en Castellón y dejar malherida a su esposa, en el que la principal prueba de cargo era la marca de una mano manchada de sangre sobre el capó del coche de las víctimas. Cuando se le detuvo, se negó a poner la marca de su mano para compararla con la de la hallada sobre el coche de las víctimas. Hubo que obligarle por la Guardia Civil tras la autorización judicial, pero al colocarle la mano sobre el vehículo de las víctimas, la apretaba, empujaba y la hacía resbalar para que no quedasen las marcas propias de la palma. Al final se consiguió la huella de su mano que coincidía exactamente con la del capó del coche de sus víctimas. Acabó siendo condenado. Se escapó con ocasión de la concesión de un permiso penitenciario y ya no volvió a ser encontrado. Así son las cosas.
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