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Agresión sexual en Castelló: “Decía que el capo de un cartel se había encaprichado de mí y teníamos que grabar un vídeo”

La víctima asegura que el acusado, para el que piden 16 años de prisión, alegó que debían fingir que eran pareja para mantener relaciones sexuales

El acusado se ha sometido a juicio durante este lunes.

El acusado se ha sometido a juicio durante este lunes. / Ramón Pérez

Castellón

“Me dijo que el capo del cartel de Sinaloa se había encaprichado de mí y que, para evitar que me llevara con él, debíamos fingir que éramos pareja. Por eso, teníamos que grabar un vídeo practicando sexo para demostrárselo y que me dejara en paz”. Esa fue la explicación que ofreció el acusado de agresión sexual, amenazas y acoso, V. L. G., de 46 años de edad, a la víctima a una joven, de 21 años cuando sucedieron los hechos en Castelló hace ocho años, para forzarla a tener sexo con él.

La chica, que había venido desde Madrid a estudiar en la capital de la Plana, vivía con quien era su pareja entonces. Por esos delitos, la Fiscalía solicita una pena de 16 años, así como una indemnización de 15.000 en concepto de responsabilidad civil por daños morales.

Los hechos ocurrieron en octubre de 2018 en la tercera ocasión en la que el procesado y la atacada se veían en casa del primero, después de que unas semanas antes se conocieran de manera fortuita. Según ha explicado la joven, que ahora cuenta con 28 años, en el juicio que esta mañana se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Castellón, "me encontraba en el portal de mi casa cuando me detuvo para preguntarme por la ubicación de una calle".

Tras su ayuda, el encausado se interesó por su trabajo y sus estudios, y le contó que su padre tenía una cadena de restaurantes. Con la promesa de encontrarle un trabajo, se intercambiaron los números de teléfono y quedaron unos días después en una hamburguesería del Grau. "Acababa de mudarme a vivir con mi novio y estaba sin ahorros, por lo que necesitaba el trabajo", ha relatado la joven.

Mover droga

En ese encuentro, V. L. G. abundó en las actividades que realizaba y en el poder de su familia. La víctima ha apuntado que "aseguraba que su padre tenía 15 restaurantes y su hermana era jueza. Decía que era detective privado, con muchos contactos en la Policía y que también movía droga. Parecía como si quisiera que yo fuera partícipe de sus tráficos".

Finalmente, le habló de una conocida que "trabajaba en un estudio de interiorismo y me habló de una entrevista de trabajo con ella".

Por eso, regresaron al domicilio de la chica "para que me cambiara, porque la mujer era muy pija y debía causarle buena impresión". Allí el acusado conoció al novio de la víctima, antes de que se dirigieran a una entrevista que no se llegó a producir.

Unos días más tarde, la agredida volvió a la casa del acusado y, para probar que era investigador "me enseñó una pistola y me la hizo coger". Además, le advirtió que "me estaba dando mucha información y me aseguró que, si contaba algo, iría a por mí y a por mi familia. Decía que cuatro hombres en una furgoneta vendrían a por mí y que no será la primera vez que hacía desaparecer a alguien".

Última visita

Fue entonces cuando la víctima le contó a su padre lo sucedido y "me dijo que era alguien muy peligroso, que lo mejor era que me alejara de él". Dispuesta a romper con esa relación, la joven regresó por última vez a la casa del procesado. "Tenía un discurso preparado para que me dejara en paz, pero nada más entrar cerró la puerta con llave y la escondió", ha explicado.

El hombre le relató que el capo del cartel de Sinaloa se la quería llevar con él, pero que si fingían que estaban juntos "se olvidaría de mí". Pero, para demostrarlo, "debíamos grabar un vídeo practicando sexo". Esto se lo hizo saber "mientras hablaba delante de mí con las piernas abiertas. Llevaba un pantalón con la costura rota que dejaba sus genitales a la vista".

Ella se negó a realizar prácticas sexuales con él y le aseguró que no contaría nada. Sin embargo, "vi que la única forma de salir con vida era grabar el vídeo. Él empezó a desnudarse y me obligó a quitarme la ropa para fingir, pero él me decía que debía masturbarle y hacerle una felación", a lo que ella accedió.

"Me doblaba la edad y el peso", ha relatado la joven, que también ha declarado que "intentó introducirme su pene cuatro o cinco veces".

Mensajes amenazantes

Tras estos hechos, durante un año, la víctima recibió mensajes amenazantes en el que aseguraba que difundiría el vídeo y atentaría contra ella o su familia. Incluso se encontró las cuatro ruedas de su coche rajadas, días después de que su madre hablara con V. L. G.. Por culpa del shock de la agresión "iba con precauciones a clase, no podía salir sola, dejé de hacer cosas normales".

Los padres de la joven ha explicado el sufrimiento de la víctima y el progenitor ha afirmado que "le han destrozado la vida. Primero ella y su expareja se tuvieron que marchar a Orpesa y después volvieron a Madrid". Por su parte, la expareja de la chica ha resaltado que "era alegre y abierta, pero ahora vive con miedo".

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