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Un engañoso masaje convertido en encerrona sexual en Castellón: «Me puso un antifaz y me concentré en que no me hiciera daño»

Un hombre de 62 años supuestamente convenció a una joven de 20 años para masajearla en una urbanización vacacional con el pretexto de ayudarla con problemas físicos

La metió en un piso con las persianas bajadas y la tocó «por todo el cuerpo»

La Fiscalía reclama seis años de prisión para él, que niega los hechos

El acusado de abuso sexual, durante el juicio de este miércoles en la Audiencia Provincial de Castellón.

El acusado de abuso sexual, durante el juicio de este miércoles en la Audiencia Provincial de Castellón. / Mediterráneo

Pablo Ramón Ochoa

Pablo Ramón Ochoa

Castellón

Una joven de 20 años decidió pasar un fin de semana previo a un importante examen final de la facultad en el apartamento de su abuela, situado en una localidad de Castellón que Mediterráneo omite para preservar la identidad de la víctima. Allí, en vez de paz para estudiar, encontró un horror que la dejó con un trauma de por vida. Este miércoles, la sala de la Audiencia Provincial quedó helada al escuchar su declaración en el juicio por el presunto abuso sexual que sufrió de un hombre de 62 años, a quien Fiscalía pide seis años de prisión.

De acuerdo con la joven, durante un baño en la piscina comunitaria de la urbanización, el presunto agresor dijo tener conocimientos de fisioterapia para convencerla de hacerle un masaje que la podría ayudar con unos problemas físicos que ella padecía. «Subimos a su apartamento, me acuerdo que estaba todo a oscuras y con el aire acondicionado potente. La poca luz que había eran cuatro dedillos de la persiana bajada. Me empieza a realizar un masaje normal, pero llega un momento en el que me dice ‘quítate el top’», comenzó a relatar la chica, haciendo numerosas interrupciones ante la imposibilidad de contarlo sin llorar.

Ella afirma que le tocó los pechos, la vagina y le introdujo los dedos

Ella hizo caso, al estar tumbada boca abajo. Pero entonces él le dio la vuelta y al quedar «con el pecho descubierto», la víctima empezó a sentirse «muy incómoda». «Siguió el masaje subiendo por las piernas y se acercaba a tocarme el pubis, ahí le dije que parara», explicó. Sin embargo, este varón de nacionalidad española, le replicó con enfado «esto no va a funcionar si no confías en mí». «A todo esto del masaje él le daba un efecto espiritual», apuntó la joven. En ese mismo sentido, el hombre llegó a decir ayer que para sus masajes usaba aceites «que hacían unos brujos de su tierra», Navarra.

Todo empeoró a partir de ahí: él le colocó un antifaz, le roció con ese aceite supuestamente «mágico» y se lo esparció por todo el cuerpo. «Me tocó por los pechos, por la vagina, me introdujo un dedo en la vagina y otro en el ano. Llegué a notar cómo ponía su lengua en la vagina. Yo, con el antifaz puesto, buscaba sus manos para cogérselas e impedir que me hiciera algo peor. Notaba cómo su sudor caía encima de mí. Mi cabeza se concentró en que él no se desnudara y que no me hiciera daño físico», declaró la demandante.

Con ese miedo, él siguió recriminándole, llevando la mano de ella cerca de su pene: «Niña, te crees que yo con esto disfruto. Yo ya no soy hombre». Tras eso, ella afirmó que la llevó al baño, desnuda, y allí la duchó él mismo.

Cuando ella quiso marcharse, él la detuvo: «Nos falta una cosa, te tengo que hacer unas fotos desnuda, necesito tenerte y darte energía positiva, si no esto no habrá servido para nada». Atemorizada, accedió con la condición de que su cara no saliese. «Yo la tengo en mi mente», le diría él más tarde.

Su abuela la rescató

Mientras él le hacía dos fotos que forman parte del sumario, una de la joven de frente y otra de espaldas, alguien llamó al timbre.

Era la abuela de la joven, preocupada porque habían pasado al menos 20 minutos y no había regresado a su piso. Intentó abrir pero no pudo, pues la llave estaba puesta. Finalmente, el acusado abrió. «Vámonos de aquí rápido, abuela. Prométeme que no te vas a acercar a ese hombre», le espetó, sin decirle nada más. Hasta el día de hoy afirma no haberle dicho nada por temor a represalias hacia la anciana. Al llegar al apartamento, ella se marchó de vuelta a la ciudad donde residía. «Mi abuela me dijo que me había hecho lentejas, mi comida favorita. Pero no comí, cogí el coche y volviendo hasta miraba por el retrovisor».

Ya en el piso de estudiantes, les contó todo a sus compañeras, que testificaron ayer también entre lágrimas, y esa misma noche denunciaron el presunto abuso. «Mi representada está aquí para que esto no vuelva a ocurrir y que se conozca quién es el acusado», concluyó el abogado de la víctima.

Él niega los hechos

El procesado lo negó todo, excepto que le dio un masaje a su juicio común. Con una actitud desafiante con la Fiscalía, al punto que el juez le exigió que bajase el volumen cuando hablaba, el hombre alegó que ella había dicho una frase de carácter sexual en la piscina, y que ella le había contado que había tenido muchos novios, algo que ella asegura que es mentira.

Sobre las fotos, argumentó que «eran para su traumatólogo», ante lo cual la fiscal se preguntó para qué querría ese especialista una imagen frontal de la joven. Asimismo, sobre un mensaje poético que reconoció haberle mandado el día siguiente a la víctima, respondió que él es «poeta con varios libros publicados» y que esos poemas se los mandaba a muchas más personas.

La defensa, que reclamó la libre absolución (en caso de que haya condena solicitaron que esta sea de un año al considerar no probado que la penetración con los dedos), también alegó que la joven le mandó un mensaje de supuesto agradecimiento por WhatsApp, tras volver a la ciudad.

Un conserje había recibido "muchas quejas" sobre el hombre

La Fiscalía consideró probados los hechos y además lo sustentó en pruebas periféricas, como la declaración aportada este miércoles por el conserje de la urbanización. Este trabajador aseguró que había recibido «bastante quejas por la conducta» del hombre por parte de varios padres de menores.

«A las niñas las esperaba diciéndoles que cómo las dejaban sus padres ir con los pantalones tan cortos y a otras mujeres iba como un baboso a decirles que era masajista», indicó. Aunque se lo dijo a un amigo guardia civil, no lo denunció.

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