Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El crimen de la calle Herrero que consternó a Castellón: El atroz asesinato de 'El Gallego'

En 1953, Joaquín Álvarez, asfixiado por las deudas, asesinó a Daniel Vivas en Castellón para robarle y pagar a sus empleados, quemando después el cadáver en un horno rudimentario para ocultar el crimen

Tras el homicidio, intentó extorsionar al padre de la víctima (el alcalde de Zucaina) pidiendo un rescate de 300.000 pesetas, pero el plan fracasó cuando el joven mensajero que contrató huyó con el dinero

Esta es la primera parte del caso. Para conocer la segunda y última parte puedes pinchar aquí.

La actual plaça Noy d'Octubre de Castelló fue escenario de uno de los crímenes más recordados de la historia reciente de la ciudad.

La actual plaça Noy d'Octubre de Castelló fue escenario de uno de los crímenes más recordados de la historia reciente de la ciudad. / Mediterráneo

Juan Salvador Salom Escrivá

El procesado era Joaquín Álvarez Rodríguez, conocido popularmente como ‘El Gallego’, por haber nacido en Quiroga (Lugo). Era dueño de un taller que, con el título de Electromecánica Nacional, tenía establecido en el número 26 de la plaza del Alcázar de Toledo, hoy plaza Nou d'Octubre en Castellón de la Plana, padecía graves apuros económicos y, acuciado por ellos, al carecer de medios para satisfacer las numerosas deudas que le agobiaban, entre las que se incluían el pago a sus dependientes de los jornales correspondientes a la semana anterior, recibió sobre las diez y media de la mañana del martes 27 de enero de 1953, en su domicilio, calle Herrero, número 55, de Castelló de la Plana, la visita de su conocido Daniel Vivas Montolío, hijo del alcalde de Zucaina, según habían convenido en conversaciones mantenidas el día anterior.

El procesado esperaba fundadamente que dicho Daniel debía ser portador de una importante cantidad de dinero, pues el mismo acudiría a su domicilio tras haber cobrado diversas deudas a otras personas, cosa que conocía Joaquín. Daniel acudía a la casa de Joaquín con el propósito de cobrar el importe del alquiler de un salto de energía eléctrica que los padres de Daniel habían arrendado al procesado, es decir, a Joaquín.

Para conocer la segunda parte de la historia del crimen de la Calle Herrero puedes pinchar aquí

Tras recibir a Daniel Vivas Montolío en su casa y desarrollarse cordialmente la entrevista, se dirigieron ambos por un pasillo al comedor, entrando en primer término el visitante, que giró para ello a su derecha, dejando a su izquierda y un poco detrás al procesado Joaquín, el cual súbita e inopinadamente, sacándose del bolsillo de la chaqueta una pistola marca Royal, calibre 6,35, que tenía sin guía de pertenencia que llevaba preparada al efecto, cargada y montada, le disparó un tiro en la parte posterior de la cabeza a Daniel Vivas, sin que éste se hubiera apercibido de ello, produciéndole la muerte en el acto, e inmediatamente sustrajo 1.600 pesetas que el fallecido llevaba en el bolsillo del pantalón, arrastrando el cadáver dentro de la habitación para dejarlo allí con la puerta cerrada, en cuya operación, cuando lo arrastraba, se dio cuenta de que llevaba puesto un reloj de pulsera marca Omega, valorado en 800 pesetas de la época, que se lo sustrajo también. Seguidamente, el mismo día, sobre las doce horas, se dirigió el procesado a su taller, donde con el mentado dinero sustraído pagó, por medio de su hermano Eduardo Álvarez Rodríguez, los jornales que adeudaba a sus trabajadores, por importe total de 775 pesetas, abonando también otra deuda de 400 pesetas que tenía por compra de un climator.

El problema que tenía ahora el procesado era el de deshacerse del cadáver. El resto de dicho día 27 de enero de 1953 lo invirtió en trasladar personalmente a su domicilio dos planchas de hierro que en días anteriores había buscado, y en encargar diez litros de petróleo y cien kilos de leña con troncos gruesos, y aquella noche, en el ángulo izquierdo del fondo del jardín de su casa, construyó un horno rudimentario, poniendo en los lados unas losas de piedra que sostenían como cobertura las dos planchas renombradas, prendiendo fuego en el interior a los citados combustibles y quemando el cadáver de su víctima durante varias horas, hasta dejarlo reducido a la osamenta; a continuación trituró los huesos con un azadón, dejándolos hechos pequeños trozos, que revolvió con tierra y estiércol de gallina. Posteriormente se ocuparon tales fragmentos óseos junto con objetos metálicos que fueron reconocidos como que los llevaba el fallecido, así como restos de la bala constituidos por un blindaje de proyectil del 6,35, deformado por choque, y dos núcleos de plomo, también deformados y parcialmente fundidos.

Una vez realizado todo ello, Joaquín Álvarez Rodríguez concibió la idea de conseguir mayores cantidades de dinero. Para ello, el mismo día en que había matado a Daniel Vivas, dirigió el 27 de enero de 1953 una carta mecanografiada a Emilio Vivas Montón, alcalde de Zucaina y padre de la víctima, simulando que la había escrito su propio hijo, cuya firma calcó de otra auténtica que tenía en su poder, pasándola después con tinta, y en tal carta, bajo amenazas de muerte de supuestos bandidos contra Daniel y su familia, pedía la entrega en la mañana del viernes 30 siguiente, en el Bar Suizo, de Castellón, de 300.000 pesetas en un paquete bien confeccionado, sin tener la numeración de los billetes, paquete que debía ir dirigido al hijo del alcalde de Zucaina, lo que así se verificó. Joaquín no se atrevía a ir a recoger personalmente el paquete, ante el temor de que el padre de la víctima hubiese denunciado el hecho y estuviese vigilada la entrega. Por ello, para conseguir el dinero el procesado Joaquín envió para recogerlo a un chico de catorce o quince años, desconocido por él, prometiéndole una remuneración por tal servicio, el cual, movido por la curiosidad, abrió el paquete por su cuenta y al ver que se trataba de una importante cantidad de dinero no acudió al lugar que se le indicó y en donde le esperaba el procesado para hacerse cargo del paquete, que por tanto no llegó a su poder, quedándoselo el joven que fue detenido posteriormente y recuperado parte del dinero.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents