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Crímenes olvidados de Castellón

La muerte a tiros del relojero de Morella y la sorprendente sentencia

Enrique Borrás, vecino de Barcelona, disparó en Morella su cuñado, el relojero Ángel Cardona, causándole la muerte. El juicio se celebró a finales de 1905, siguiéndose el procedimiento de la ley del jurado. El muerto, lógicamente, no pudo dar la versión de lo sucedido, y el acusado se fue de ‘rositas’.

El crimen del relojero Ángel Cardona salió muy barato al asesino.

El crimen del relojero Ángel Cardona salió muy barato al asesino. / GEMINI

Juan Salvador Salom Escrivá

Para los jurados, siempre tan comprensivos con los delitos de sangre, no pasó nada. Solo que mataron al relojero. Veamos los hechos: La semana anterior al 22 de mayo de 1905 llegó a Morella desde Barcelona, donde residía, Enrique Borrás Gimeno, hermano de otro Borrás que había sido asesinado en Vinaròs en 1903. En la mañana del 22 de mayo de 1905 se presentó en la relojería de su cuñado, en Morella. Esperó a que salieran los trabajadores del mismo y a las doce del mediodía se quedaron solos los dos, Enrique Borrás y el relojero, Ángel Cardona.

Sobre lo sucedido, las fuentes de la época ofrecen dos versiones. Según una de ellas, Enrique Borrás le preguntó a su cuñado si no iba a comer, contestándole Borrás diciéndole que antes quería hablar con él. Las relaciones entre ambos cuñados eran malas y el relojero temió que su cuñado fuera a matarle por lo que -según la versión que dio en el juzgado y en el juicio el propio acusado- Ángel Cardona trató de sacar una pistola para defenderse, pero Enrique Borrás fue más rápido, sacando un revólver que descargó enteramente, los seis tiros, sobre su cuñado, causándole la muerte el mismo día.

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Borrás se presentó inmediatamente en el juzgado dando cuenta del hecho, confesando ser el autor del homicidio y alegando que lo había hecho para vengar los malos tratos que el relojero le había dado a su hermana, esposa del muerto, y el hecho de haber abandonado a sus sobrinas, las hijas del Borrás asesinado en Vinaròs, sin preocuparse lo más mínimo de ellas. Hubo sospechas que una de las dos sobrinas de Enrique Borrás indujo a esta a matar al relojero, pero nada de esto pudo demostrarse.

Enrique Borrás tenía, cuando cometió el hecho, 29 años, era soltero y había nacido en Morella. La investigación apuntaba a que había llegado expresamente para ajustar cuentas con su cuñado, es decir, para matarle. Tenía grandes simpatías entre la gente de la localidad, pronunciándose la inmensa mayoría en favor de su actuación.

Según la otra versión de los hechos, en la casa del relojero vivían hospedadas las tres hijas del hermano del Borrás asesinado en Vinaròs, así como la viuda del mismo, madre de las jóvenes. Según esta versión hubo sospechas de que el relojero, tutor de ellas, había abusado sexualmente de una de las mismas. Enrique Borrás apenas entró en la casa del relojero le afeó su conducta con duros calificativos y al pedirle su cuñado explicaciones por la razón por la que le profería tales insultos, Borrás le contestó que tendría que decírselo al oído. A partir de ahí ya vuelven a coincidir las dos versiones. Sospechando por el tono y la actitud de su interlocutor que éste pudiera atacarle intentó sacar un revólver sin que Enrique Borrás le diera tiempo para ello, pues se adelantó sacando el suyo, descargando el mismo sobre el relojero, que resultó muerto en el acto.

Enrique Borrás, según esta versión, declaró que había cometido el crimen en venganza por la deshonra de una de sus sobrinas. También hubo sospechas de que la madre de las jóvenes dijo a Borrás lo que ocurría, por lo que él mismo acudió para ajustar cuentas.

Un juicio desigual

El juicio se celebró a finales de año, siguiéndose el trámite del procedimiento de la ley del jurado. El fiscal acusaba a Enrique Borrás como autor de un delito de homicidio y solicitaba su condena a la pena de 14 años, 8 meses y un día de reclusión temporal. El abogado defensor interesaba su absolución alegando que mató a Ángel Cardona en defensa propia. Los jurados, que absorbían las parrafadas del abogado defensor como si se tratase de ambrosía, pronunciaron un veredicto de no culpabilidad, estimando la concurrencia de la circunstancia eximente de legítima defensa. El tribunal de derecho dictó, en consecuencia, sentencia absolutoria, poniendo en libertad a Enrique Borrás Gimeno.

Como tantas otras veces, el veredicto no deja de causar perplejidad, por decirlo con un eufemismo. No hubo testigos directos del hecho, por lo que los jurados solo conocieron la versión que de los mismos dio Enrique Borrás. El muerto, lógicamente, no pudo dar la versión de lo sucedido. El acusado vino de Barcelona con un revólver, estaba a malas con su cuñado, fue a verlo y lo mató sin sufrir él ni un rasguño y aquí no pasó nada.

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