El asesinato de dos guardias civiles y el recaudador de contribuciones de Morella
La emboscada perpetrada contra el recaudador Antonio Doménech y su escolta provocó una gran conmoción social. Los guardias civiles Jacinto Querol y Antonio Andrés murieron defendiendo hasta el final el dinero de las contribuciones. Esta es la primera parte de una historia que continuará la próxima semana.

Recreación del triple crimen perpetrado en Morella a finales del siglo XIX. / Mediterráneo
Juan Salvador Salom Escrivá
Terrible hecho ocurrido en el término municipal de Morella el día 23 de noviembre del año 1882 y que provocó una enorme conmoción social que trascendió a nivel nacional. Lo sucedido fue lo siguiente: Este día, el recaudador de contribuciones Antonio Doménech Guimerá, tras haber realizado su recorrido por Ares, Vilafranca, Portell y Castellfort, llevando consigo 15.000 pesetas de recaudación, una fortuna en aquel tiempo, regresaba a Morella escoltado por los guardias civiles Antonio Andrés Martín y Jacinto Querol Gavaldá, acompañado, además, por dos bagajeros que cuidaban de dos caballerías que llevaban la recaudación.
Al llegar a las cercanías de la Masía del Racó, en la partida de Els Llivis, término municipal de Morella, en un camino ancho cubierto de grandes losas y cerrado por dos altas paredes, fueron atacados por sorpresa por dos individuos enmascarados con gorros rojos y emboscados que les dispararon a quemarropa a escasa distancia, ocultos tras una tapia, muriendo en el acto, a la primera descarga, el recaudador de contribuciones y el guardia civil Antonio Andrés Martín, natural de Morella. Ante ello, los dos bagajeros que en un principio iban con sus caballerías detrás del guardia Jacinto Querol Gavaldá que, herido, seguía disparando a sus agresores, no soportaron más el terror que sufrían y, abandonando las caballerías, emprendieron rápida huida hacia el Mas del Racó, llevando de inmediato la noticia a Morella.
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El guardia civil Jacinto Querol Gavaldá, que era natural de Rosell, e iba detrás de las dos primeras víctimas, se tumbó en el suelo y se quedó haciendo fuego contra los asesinos, llegando a disparar nada menos que quince veces hasta que cayó muerto por los disparos de los ladrones. Dicho guardia, nada más ser herido y caer al suelo se colocó detrás de una pared que cerraba el camino, retrocediendo después hasta los llamados Cuatro Caminos, sin cesar de disparar. Pudo determinarse ello por el reguero de sangre que iba dejando y el número de disparos que hizo porque cada vez que se detenía a disparar el fusil aumentaba la hemorragia de las heridas que tenía y se formaba un pequeño charco rojo en el suelo como consecuencia del retroceso del mosquetón.
En aquel momento llegó al lugar el cartero peatón encargado de llevar la correspondencia de Vilafranca, el cual no se alarmó por el ruido de los disparos, creyendo que eran producidos por las armas de cazadores que eran frecuentes por la zona. Al verle llegar, el guardia civil Jacinto Querol, que ya estaba agonizando a consecuencia de las heridas recibidas, se incorporó y le pidió que salvase las caballerías con el dinero, no pudiendo ni siquiera intentarlo el cartero peatón, pues en aquel momento desde detrás de la tapia le disparó uno de los bandidos, hiriéndole en un brazo ante lo que huyó aterrorizado, pasando por varias masías en las que no llegó a entrar presa del terror que le embargaba, acabando parando en una masía distante más de una hora de camino del lugar de los hechos. El cuerpo del heroico guardia civil Jacinto Querol Gavaldá, cuando fue encontrado presentaba además de las heridas causadas al principio del tiroteo otra muy grave y fue rematado por los asesinos a culatazos, apreciándosele en la cabeza hasta ocho golpes dados con la culata de un fusil.
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El guardia civil Jacinto Querol Gavaldá murió heroicamente defendiendo la orden que había recibido de proteger al recaudador de contribuciones. Obsérvese que cuando acudió al lugar el cartero peatón que llevaba la correspondencia de Vilafranca no le pidió auxilio, sino que lo que le pidió fue que se llevase las caballerías con el importe de la recaudación de contribuciones para que los ladrones no pudieran apoderarse de ella. Fiel hasta el final. Uno no puede menos que sentir una profunda admiración por este guardia civil, así como por el otro, Antonio Andrés Martín, asesinado por sorpresa en los primeros momentos.
Los ladrones y asesinos, que eran dos e iban enmascarados, tras matar al segundo guardia civil se apoderaron de las caballerías que llevaban el dinero importe de las contribuciones recaudadas, huyendo con ellas en dirección al bosque del Campello o dels Fusters.
Apenas se recibió la noticia en Morella, el sargento Muñoz salió hacia el lugar de los hechos con varias parejas de la Guardia Civil, acudiendo a continuación el juez de primera instancia y el capitán de la Guardia Civil, Cabeza, así como fuerzas del batallón del regimiento Alba de Tormes de guarnición en Morella, y al día siguiente se levantó un somatén en Morella compuesto por más de cuatrocientos hombres que recorrieron las montañas circundantes en busca de los asesinos, sin resultado positivo.
El guardia Querol era soltero y el guardia Andrés Martí, casado, con un hijo de un año y sustituía voluntariamente a otro guardia que iba a visitar a su familia. El recaudador era viudo, con un hijo de cuatro años de edad.
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