Crímenes olvidados de Castellón
Los culpables de la muerte de Pasqualet en la Casa de la Beneficencia de Castelló
En el capítulo de hoy se da a conocer el desenlace de la muerte de un niño de solo seis años de edad en la Casa de la Beneficencia de Castelló, con dos compañeros implicados
También desentrañamos el curioso caso de Carmen Vilar, acusada de infanticidio por cortar con unas tijeras el cordón umbilical

Un niño de solo seis años y medio encontró una muerte horrorosa encerrado en un baúl en el año 1918 en Castelló. / Mediterráneo
Juan Salvador Salom Escrivá
La investigación de la muerte de Pasqualet en la Casa de la Benefencia de Castelló -la pasada semana publicamos la primera entrega de este capítulo-, dio un vuelco cuando se tomó declaración a los niños que habitualmente jugaban con el niño de seis años, de manera que se acreditó que ni Pasqualet se encerró voluntariamente en la caja ni que la misma se cerró automáticamente estando él solo. Se tomó declaración al niño de 13 años -siete más que la víctima, José Oriols Borrás, que mostraba notorias muestras de nerviosismo e intranquilidad, apenas habiendo comido desde que se descubrió el cadáver. Oriols acabó manifestando que sobre las siete u ocho de la mañana del cuatro de junio de 1918 encerró en la caja a Pasqualet, marchándose después a la imprenta en la que trabajaba, sin acordarse más del mismo. El juez ordenó su ingreso en prisión.
Se tomó declaración también a los otros niños. Uno de ellos, Vicente Gómez Pascual, manifestó que la mañana del 4 de junio Pasqualet hizo que Oriols y el propio declarante, Gómez, le encerraran en la caja para no tener que ir ese día a la escuela. Una vez lo encerraron se fueron los dos al trabajo, y al volver para la comida, fueron ambos a la sala de música, pero la encontraron cerrada y no pudieron entrar en ella, por lo que, accedieron tras saltar por una ventana desde una dependencia contigua a la sala, pero cuando abrieron la caja en la que se encontraba el infortunado Pascual López Gil ya era tarde y había muerto.
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Los dos niños citados salieron por la misma ventana por la que habían entrado, acordando no decir nada a nadie llegando hasta el punto de que, para que el hecho pasara inadvertido la mayor parte del tiempo posible, uno u otro de los dos se sentaba sobre la caja en la que estaba el cuerpo de Pasqualet cuando había clase o ensayo de música. Oriols fue puesto en libertad por el juez, decidiendo la Casa de la Beneficencia que viniera su madre desde Barcelona y se lo llevara, manteniéndolo allí hasta que viniese. Lo mismo se acordó respecto de Vicente Gómez.

Imagen de archivo de la Casa de Beneficencia de Castelló. / Mediterráneo
Esto es todo lo que he podido averiguar de este horroroso suceso. Que yo sepa, nadie fue procesado por el mismo. Lo que no me acabo de explicar es cómo, una vez advertida la desaparición del niño, del pobre Pascual Gil López, no registraron de arriba abajo la Casa de Beneficencia e interrogaron a los amigos más íntimos del niño fallecido. ¡Qué momentos tan horribles debió pasar, encerrado en la caja, lesionándose los dedos de las manos y los pies tratando desesperadamente de abrir la caja, mientras se asfixiaba lentamente! También sorprende la extrema frialdad de Oriols y Gómez ya citados, ocultando el hecho y sentándose tranquilamente sobre la caja en la que estaba el cuerpo del niño.
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Unas tijeras, protagonistas
Los hechos sucedieron en Castellón el 2 de marzo de 1908. El fiscal acusaba de un delito de infanticidio a Carmen Vilar Negre, que trabajaba como sirvienta en una casa de la capital de la Plana.
Sucedió lo de siempre en aquella época. La misma era soltera y quedó embarazada. Para ocultar la ‘deshonra’ que suponía entonces el tener un hijo fuera del matrimonio, la misma, al tener el parto, cortó con unas tijeras el cordón umbilical, provocando con ello la muerte del recién nacido.
El fiscal la acusaba de un delito de infanticidio. El abogado defensor solicitaba la condena de su defendida, pero como delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte o delito de imprudencia simple con infracción de reglamentos. El hecho fue enjuiciado por el tribunal del jurado de la Audiencia Provincial de Castellón. Los jurados, en plena inopia mental, como tantas otras veces, emitieron un veredicto de culpabilidad considerando que el hecho era una imprudencia simple con infracción de reglamentos. El tribunal de derecho dictó sentencia condenando a Carmen Vilar como autora de este último delito a la pena de dos meses y un día de arresto mayor. Ya se me dirá qué reglamento infringió la condenada al cortar el cordón umbilical con ellas. La respuesta es fácil: ninguno.
Cosas de los jurados de entonces. Uno más entre la infinidad de sus despropósitos. ¡Como si hubiera un reglamento acerca de cómo cortar el cordón umbilical!
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