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Crímenes olvidados de Castellón

Una bravuconada acabó con la muerte de Antonio en Ludiente

Relatamos hoy tres episodios de la crónica negra provincial. El primero nos lleva a Ludiente, donde Manuel Negre fue condenado por homicidio en un crimen que cometió estando ebrio. Vamos también a Forcall, donde un entierro concluyó con otra muerte, y a Jérica, que acogió tres asesinatos tras una riña sobre olivas.

Una discusión por la calidad de unas aceitunas tuvo un trágico final.

Una discusión por la calidad de unas aceitunas tuvo un trágico final.

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Juan Salvador Salom Escrivá

Fue una muerte carente de sentido, cometida en una taberna de Ludiente entre un grupo de parroquianos, que se hincharon a beber vino y discutían sobre quién de ellos era el más hombre de todos.

Sobre las once de la noche del día 14 de abril de 1884 se hallaban en la taberna de Miguel Guillamón, en el pueblo de Ludiente, el procesado Antonio Ibáñez en unión de Francisco Peris, Vicente Aguilar y Manuel Negre, donde tras permanecer un buen rato y comer y beber en exceso hasta el punto de quedar embriagados, se suscitó una discusión que degeneró en la consiguiente riña entre los mismos, por manifestar Aguilar que aquella noche “él solo la pintaba”, ante lo que, viendo que la situación se encrespaba, uno de los tertulianos, Peris, le respondió en términos pacíficos para que no hubiera riña, replicando entonces otro de los contertulios, Antonio Ibáñez “que no había más hombre que él donde estuviera”, sacando entonces el mismo una pistola de dos cañones, al tiempo que Manuel Negre sacó una gran faca, y tirándose hacia Ibáñez, éste hizo uso de una carabina que también llevaba aquella noche, cogiéndosela el Negre por el cañón al apuntarle con ella para desviarla, disparándola el Ibáñez a continuación, alcanzando al Negre, al que causó una lesión con su proyectil en el tercio medio de la parte lateral externa del muslo izquierdo con su orificio de salida en la región glútea del mismo lado, entregando la faca el Negre al Peris en el acto para que se la guardara, el cual se la entregó al tabernero, siendo recogida después, como también la pistola del Aguilar y un grueso proyectil cónico y hueco que en el lugar del suceso fue hallado aquella noche.

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La lesión referida produjo la muerte de Manuel Negre el 22 del citado abril de 1884, es decir, ocho días después, a consecuencia de la infección purulenta que le ocasionó, “pudiendo” ser producida la herida por el proyectil . Curiosamente, Negre había sido detenido siete años antes como cómplice del asesinato de José Peris en Cirat.

La Audiencia de lo Criminal de Castellón consideró los hechos como constitutivos de un delito de homicidio, del que consideró autor a Antonio Ibáñez con la concurrencia de las circunstancias atenuantes de provocación por parte del ofendido y de embriaguez, condenándole a 12 años y un día de reclusión temporal, más las correspondientes indemnizaciones. No deja de llamar la atención el hecho de que la Audiencia de lo Criminal condenase por homicidio cuando ella misma reconoció que la infección que derivó en la muerte de Manuel Negre “pudo” provenir de las heridas de disparo. Es decir, en la duda se optó por condenar por homicidio.

Contra esta sentencia interpuso el condenado recurso de casación ante el Tribunal Supremo, alegando que concurría la eximente de legítima defensa así como la atenuante de no haber tenido intención de causar un mal de tanta gravedad, siendo ambas desestimadas por el Tribunal Supremo, que confirmó la sentencia.

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Muerta en el entierro

Curioso suceso ocurrido en Forcall el día 1 de junio de 1888. Este día se asomó al balcón de su casa una joven que habitaba en ella para ver pasar un entierro. La cuestión es que quiso verlo tan de cerca que se asomó demasiado, cayendo al suelo de la calle, al lado del duelo, produciéndose la muerte. ¡Qué poco esperaba que casi estaba asistiendo a su propio entierro!

3 homicidios

Los motivos que llevaron a estas tres personas a morir superan con mucho lo que la imaginación más calenturienta pudiera imaginar. Los hechos ocurrieron en Jérica el día 2 de diciembre de 1876. A las diez y media de la noche de dicho día se encontraban en la taberna de Loreto, sita en Jérica, varios vecinos de la villa en unión de un aragonés al que vendían aceitunas. Se suscitó entre ellos una violenta discusión acerca de si las aceitunas aragonesas eran mejores que las de Castellón, agrediéndose entre sí y resultando tres muertos y varios heridos en la refriega, utilizándose revólveres y navajas. Hubo un detenido. Desgraciadamente no he podido encontrar más datos de estos hechos que, como puede verse, eran absurdos a más no poder. Matarse entre sí por la mayor o menor calidad de las aceitunas...

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