Crímenes olvidados de Castellón
El hijo que estranguló a su padre hasta la muerte para robarle en su masía de Vall d'Alba
Primera parte de una historia que nos lleva a finales del siglo XIX en una masía de Vall d’Alba, donde un hijo asaltó a su padre para robarle los beneficios que había extraído de la venta de un bocoy de vino. El padre falleció ahogado, mientras que el hijo también tuvo un trágico final antes incluso de llegar a juicio.

Recreación de la masía en la que se produjo el asalto. / IA
Juan Salvador Salom Escrivá
Tenebroso suceso ocurrido en Vall d’Alba, que entonces era un caserío de Vilafamés, en la noche del 17 al 18 de diciembre de 1882. En la mañana del domingo 17 de diciembre de 1882 se encontraban Antonio Capdevila Albalat, su hijo Patricio Capdevila Trilles y su sobrino José Albalat Palanques comiendo pan y sardinas y bebiendo vino en la taberna de Antonio Castillo Palau, sita en Vall d’Alba. Antonio Capdevila, conocido por el apodo de «Tonillo», de 76 años, vivía solo en una masía aislada de Vall d’Alba, conocida precisamente por ese nombre, Masía del Tonillo, en tanto que su hijo, Patricio Capdevila, y su sobrino, José Albalat, residían en otras masías algo distantes de la del Tonillo.
Después de comer salieron los tres de la taberna. El Tonillo se fue a su masía, en tanto que su hijo Patricio y su sobrino José volvieron de nuevo por la noche a la taberna mencionada, donde estuvieron bebiendo vino hasta las doce de la noche, momento en que se fueron juntos. Sabiendo Patricio que su padre había vendido un bocoy de vino -barril de respetable tamaño- y había cobrado su importe, concibió el plan de apoderarse de dicho dinero, robándoselo a su propio padre. Para ello, convenció al amigo que lo acompañaba, José Albalat, de que fuera con él a la masía en la que residía su padre.
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Ambos, hijo y amigo, fueron de noche a dicha masía. El hijo procedió a trepar por la pared hasta llegar al techo, donde, arrancando varias tejas, practicó un agujero y penetró en su interior. A continuación, fue a la habitación de su padre y lo halló dormido. Entonces, sujetándolo con una mano para impedir que se defendiese, lo estranguló con la otra, apretándole fuertemente el cuello hasta provocarle la muerte. A continuación, se apoderó de cuarenta duros que su padre tenía en el arca.
Los hechos fueron descubiertos al día siguiente, cuando, a las once de la mañana del 18 de diciembre de 1882, el niño de once años José Capdevila Ibáñez, hijo de Patricio, fue, por orden de su madre, a casa de su abuelo Antonio, es decir, a la Masía del Tonillo, para ver si necesitaba alguna cosa. Al llegar a la masía de su abuelo, encontró la puerta entornada y a su abuelo tendido en la cama. El niño lo llamó varias veces, pero este no contestó, pues había fallecido. Ante ello, se asustó y corrió a la masía de sus padres, a quienes relató cómo había encontrado al abuelo. Patricio Capdevila le dijo entonces a su mujer que avisara a la autoridad.
Recibido el aviso, el Juzgado Municipal de Vilafamés se personó de inmediato, encontrando a Antonio ya cadáver, tendido en la cama situada a la izquierda de la entrada. Se incoó el correspondiente sumario. Tras la práctica de la autopsia, dos peritos médicos informaron de que la muerte de se había producido por estrangulación, a consecuencia de una fuerte presión en la parte anterior del cuello, y de que esta podía haber sido causada por una sola persona, dado el estado de raquitismo y la edad de la víctima.
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Ese mismo día, 18 de diciembre de 1882, la Guardia Civil detuvo tanto al hijo como al sobrino. El hijo, verdadero autor directo de la muerte de su padre, murió mientras se encontraba en prisión preventiva, en el Hospital Provincial de Castellón, adonde había sido trasladado al sobrevenirle una tuberculosis fulminante. Falleció el 12 de mayo de 1883, es decir, menos de cinco meses después de haber cometido el crimen. Antes tuvo ocasión de declarar en el Juzgado de Instrucción, donde negó ser el autor del parricidio. Al haber fallecido el principal acusado, el juicio, que se celebró el 18 de junio de 1883, se siguió únicamente contra el sobrino que lo acompañaba, José Albalat Palanques.
El fiscal calificaba los hechos como constitutivos de un delito de robo con ocasión del cual se había cometido un parricidio. Alegaba que, si bien el autor material y directo había sido Patricio Capdevila, también había sido coautor el sobrino del asesinado, José Albalat, porque indudablemente tenía noticia del crimen que Patricio trataba de cometer y existían motivos suficientes para creer -sic- que Albalat había tomado parte directa en la ejecución. Añadía que, de todos modos -sic-, había cooperado en ella mediante un acto sin el cual no se hubiera cometido el delito.
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