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El drama personal que deja el incendio forestal en Artana: «Ya no tengo nada, ni casa ni ropa ni recuerdos»

El escultor José Antonio Collado es una de las víctimas de la catástrofe que quema la Serra d'Espadà: «Ahora le toca a Dios mostrarnos un nuevo camino»

Lo que ha quedado de la casa del escultor José Antonio Collado en Artana.

Lo que ha quedado de la casa del escultor José Antonio Collado en Artana. / MÒNICA MIRA

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Mònica Mira

Mònica Mira

Artana

Un día vives en un entorno idílico, rodeado de naturaleza, y al día siguiente te has quedado sin nada. Así de implacables son las catástrofes como la del incendio forestal que se inició en la Vall d'Uixó este sábado y que ya arrasa buena parte de la Serra d'Espadà, en la comarca de la Plana Baixa.

El fuego está dejando una estela de destrozos y pérdidas irreparables como la que marcará a partir de ahora la vida de un artista castellonense, el escultor José Antonio Collado.

Desde hace muchos años, Collado vivía en una casa en el término municipal de Artana, a la altura del la zona conocida, precisamente, como Collado, el punto en el que este sábado por la tarde tuvo que abortarse la evacuación de los vecinos del pueblo por la peligrosa proximidad de las llamas.

En la parcela de su propiedad no solo estaba la vivienda, sino también su taller, donde daba forma a sus emblemáticas figuras talladas en hierro. Y el relato es en pasado, porque de todo eso que era su vida no quedan más que restos calcinados.

El exterior de la parcela de Artana donde Collado tenía su vivienda y su taller escultórico, a parte de buena parte de su obra.

El exterior de la parcela de Artana donde Collado tenía su vivienda y su taller escultórico, a parte de buena parte de su obra. / MÒNICA MIRA

A primera hora de la tarde de este domingo, José Antonio confirmaba que lo ha perdido todo: «Ya no tenga casa, ni ropa ni recuerdos». Hasta sus esculturas, las que modela precisamente a base de fuego, han sucumbido al violento paso del incendio por su propiedad. La obra que exponía y almacenaba en el exterior de la parcela «está deformada por la temperatura».

Ante tal devastación, que no hace más que obligar a reinventarse sin quererlo ni buscarlo, Collado afirma que «ahora le toca a Dios mostrarnos un nuevo camino».

Quienes circulan habitualmente por esa carretera, en más de una ocasión habrán visto sus férreas clementinas colgadas de los naranjos más cercanos, o se habrán cruzado con sus metálicas ovejas pastando en la cuneta. Guiños de un artista que tiene repartidas por diferentes municipios de la provincia sus esculturóricas hormigas o arañas, pingüinos, toros o raspas de sardinas.

Un golpe muy duro que no hace más que evidenciar la magnitud de la catástrofe, porque la suya no es la única casa que se ha perdido. Bien lo sabe el propietario de la vivienda de la urbanización de Santa Bárbara en la Vilavella que ha sido pasto de las llamas, entre otras desgracias indivduales que se suma a la gran calamidad colectivo de la destrucción de buena parte del paisaje de los municipios afectados. Terribles consecuencias que, tal y como se desarrollan los acontecimientos, apunta a que no serán las últimas.

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