El incendio de la Vall d'Uixó desde dentro: «Estábamos solos, sin medios aéreos, porque las condiciones atmosféricas desplomaron el humo al suelo»
Perteneciente al servicio autonómico de bomberos forestales de la Generalitat valenciana, Fran Andrés relata como afrontaron la extinción de un incendio «muy complicado», en el que trabajaron en la Vall, la Vilavella y Betxí

Mediterráneo

Quienes son la columna vertebral del dispositivo de extinción de incendios no cuentan lo que hacen con palabras, sino con el trabajo que realizan para proteger los municipios del fuego y cercar las llamas para abordar la extinción. Raramente cuentan su experiencia desde dentro, pero después de una intensa y «muy complicada» jornada de trabajo, uno de los bomberos forestales del servicio autonómico de la Generalitat valenciana, Fran Andrés, relata como vivió junto a sus compañeros un operativo de diecisiete horas que les llevó desde la Vall d'Uixó a Betxí, pasando por la Vilavella.
Andrés y el equipo del que formaba parte empezaron el día en la Vall d'Uixó, «pero como allí llegaban más unidades, nos enviaron a la Vilavella», donde se centraron en la parte alta del municipio, la que limita con el monte. Una de sus tareas en esa zona fue defender el colegio público José Alba y las casas limítrofes.
Relata que cuando llegaron a su destino, «éramos una unidad con solo cuatro componentes, sin autobomba», por lo que tuvieron que emplearse a fondo con herramientas manuales para «intentar que la llama no entrara en la estructura, lo hicimos como pudimos, manteniéndolo», hasta el momento en el que llegó una autobomba del Consorcio de Bomberos de Castellón, «con dos componentes, y ya pudimos hacer un equipo más operativo».
Ya los seis profesionales «pudimos rematar la protección de la escuela y extinguir el fuego que estaba afectando a los patios de varias casas adyacentes al patio del colegio». Indica que en esas partes traseras «se quemó todo lo que había dentro, leñeros, herramientas...» incluso unas bombonas de camping gas que provocaron explosiones. En cualquier caso, resalta que «las casas las salvamos, como el colegio».

Cuando las llamas se acercaban al colegio público José Alba de la Vilavella, una unidad de bomberos forestales de la Generalitat y una del Consorcio de Castellón lo estaba protegiendo. / MEDITERRÁNEO
Después de unas tres o cuatro horas en ese servicio, los trasladaron a Betxí y allí «nos fuimos a una urbanización de la montaña, no recuerdo el nombre, donde nos dedicamos a proteger viviendas».
A la hora de resumir las características de la primera jornada del incendio, señala que «fue muy complicado, porque la columna de humo, que suele subir hacia arriba, se desplomó por cuestiones atmosféricas, por lo que el humo iba por el suelo». Esa circunstancia imprevisible e incontrolable «impedía que los medios aéreos sobrevolaran nuestra zona, por lo que estábamos sin apoyo».
Como sus compañeros, sabe perfectamente lo que significa la declaración de un incendio fuera de la capacidad de extinción, como fue el caso. «Su propagación es imparable, por la densidad del combustible y la intensidad del fuego», por lo que se centraron en la interfaz urbano-forestal, «había que proteger las casas» y a eso se dedicaron hasta que finalizó su servicio.
Una decisión crucial
Quien se enfrenta al fuego de cara, cuerpo a cuerpo, tiene una visión muy distinta de este tipo de situaciones a la que tiene cualquier otro ciudadano. Cualquiera, en el momento que le dicen que debe evacuar y abandonar su casa para ponerse a salvo, piensa en asegurarse de que nadie podrá entrar su propiedad vacía.
Frente a esa decisión instintiva y lógica, Fran Andrés hace una recomendación: «Que no cierren los portones de acceso a las parcelas de los chalets de montaña». En medio de un fuego de estas características, con un avance tan rápido, violento y fuera de control, que esas puertas estén abiertas puede marcar la diferencia en la batalla de la extinción.
«Si los portones están abiertos, podemos entrar con los camiones para coger agua de las piscinas y para proteger las propias casas». Si los accesos están cerrados a cal y canto, como sucede el cien por cien de las veces, «perdemos tiempo rompiéndolas para poder entrar, un tiempo muy valioso».
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