La respuesta de Protección Civil de Nules ante el incendio: «Nuestra función acabará cuando acabe la emergencia»
Desde el sábado, además de apoyar a la Policía Local, han estado cubriendo necesidades prioritarias de las personas evacuadas en el municipio

Efectivos voluntarios de Protección Civil de Nules prestando un servicio de primera necesidad en la localidad de Eslida. / MÒNICA MIRA

En el momento en que el Ayuntamiento de Nules fue consciente de la gravedad del incendio forestal iniciado en la Vall d'Uixó, entre los medios movilizados contó con los voluntarios de Protección Civil.
En el gran dispositivo activado para hacer frente a la emergencia social que este suceso ha generado, se cuenta con numerosos profesionales, que un día decidieron convertir la vocación por el servicio público en su trabajo. En el caso de los voluntarios de Protección Civil, les mueven los mismos principios, pero sin nómina y sin horarios.
Entre el grupo humano que conforma esta agrupación está Roberto Chordá, que incide en que «soy uno más», por lo que con su testimonio pone voz a la labor que está desempeñando la agrupación desde el primer día. Y explica que cuando se les activó el sábado «urgía dar apoyo a la evacuación de la Vilavella».
El Ayuntamiento de Nules respondió de inmediato a esa necesidad habilitando espacios y dedicando recursos a acoger a las personas que no tuvieran una alternativa de acogida. Protección Civil se sumó al personal municipal y a Cruz Roja a la hora de realizar la recepción y filiación de los evacuados. Pero pronto se les derivó a gestionar otro problema, «la evacuación de personas con poca mobilidad o sin medios para trasladarse, porque empezaba a haber mucho humo y debían salir cuanto antes».
Consciencia del peligro
Indica que «una vez Cruz Roja y los servicios municipales asumieron la asistencia en el albergue, nos dedicamos a dar apoyo a la Policía Local en los controles de acceso». Chordá señala que «a veces, la gente no es consciente del riesgo», por lo que se convierte en indispensable recorrer las zonas afectadas para informar y advertir.
«Hemos dedicado muchas horas a controles de caminos rurales porque había personas que querían ir a ver a sus animales, a darles de comer, sin ser conscientes de que se ponían en peligro». Además, también acudieron a pedanías y casas aisladas en el monte, más disgregadas, en el entorno del Collao de Artana, en Nules, por si no conocían la necesidad de abandonarlas, y se encargaron de localizar a vecinos «que se resistían a abandonar la Vilavella», lo que requirió de grandes dosis de diplomacia e insistencia.
Pasada la primera noche, el refuerzo sanitario desplazado al polideportivo de Nules, donde se ha acogido a vecinos de la Vilavella y Artana, filtró las necesidades sociosanitarias, y estos voluntarios se dedicaron a realizar servicios «para garantizar la salud y la vitabilidad fuera de casa». En especial, la de personas que no tenían medicación fundamental «que no se podía encontrar en las farmacias o que necesita conservarse en neveras».

Durante los controles de acceso en las zonas evacuadas, voluntarios de Protección Civil han llegado a apagar pequeños fuegos localizados en viviendas. / MÒNICA MIRA
De manera controlada, han estado acompañando a los afectados a sus casas en los municipios evacuados, puerta a puerta. «En un máximo de quince minutos, se les permitía coger esa medicación y cubrir esa necesidad vital», siempre con mascarillas y bajo supervisión de los voluntarios.
Ante la pillería, concienciación
Otro de los servicios ha consistido en «facilitar el acceso a granjas para poder dar agua y alimento a los animales» y en esas incursiones en las zonas restringidas, Chordá reconoce que se han encontrado a gente que no atiende a las limitaciones. «Tienes que razonar con ellos, porque al final es comprensible su preocupación, y la mayoría cuando se lo haces entender se dan cuenta, aunque también nos hemos encontrado con quien quiere hacernos trampas, nos dice que se vuelve, pero aparece por otra parte», en esos casos siempre insisten en que «la prioridad debe ser no obligar a los servicios destinados a la extinción a tener que rescatar a alguien que no debería estar allí».
A la pregunta de qué les lleva a dedicar su tiempo libre a hacer estos servicios tan complejos en situaciones tan extremas, teniendo en cuenta que, al fin y al cabo, no están remunerados, por lo que deben compatibilizarlos con sus obligaciones laborales, Roberto Chordá asegura que «es complicado explicar lo que es el voluntariado».

Un voluntario de Protección Civil durante un apoyo en los controles de acceso en plena propagación del incendio por la Vall d'Uixó el sábado por la tarde. / MÒNICA MIRA
Lo resume en que «nos nace, cuando vemos una necesidad no preguntamos qué hace falta, acudimos a solucionarlo» y defiende que «es algo innato, que se paga cuando te das cuenta de que has sido útil para alguien en una situación difícil».
Indica que el tiempo que se dedica a esa labor humanitaria no es importante, «cada uno hace lo que puede», y enfatiza que «todo el tiempo es válido, porque solo dedicándole diez minutos puedes hacer tanto, como estando dos horas en las que solo has podido actuar diez minutos».
Asegura que «la función de Proteción Civil acabará cuando acabe la emergencia», a la hora de poner fecha a ese final, indica que «el día que toda la gente pueda volver a casa, nosotros podremos relajarnos».
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