Qué son las BRIF, la unidad de élite que interviene en el incendio de la Vall d'Uixó inspirada en los bomberos forestales de EEUU
Estuvieron parando el frente de Alcudia de Veo, como llevan haciendo desde el primer día, porque «los incendios no se apagan solo con agua»

Efectivos de la BRIF de Daroca trabajando en la Serra d'Espadà durante el incendio forestal de la Vall d'Uixó. / ATBRIF

«Los incendios forestales no se apagan solo con agua», afirma Marcos Gómez, presidente de la Asociación de Trabajadores de las BRIF (ATBrif). En los grandes fuegos, como el que arrasa la Serra d'Espadà desde el sábado pasado, es muy habitual encontrarse con zonas inaccesibles, donde no llegan las autobombas ni se pueden desplegar mangueras que hagan posible llevar ese recurso hasta donde están las llamas, y no siempre puede contarse con los medios aéreos. Es entonces cuando el trabajo de las brigadas de tierra cobra un papel fundamental.
Se vio en la noche del martes al miércoles en el frente de Alcudia de Veo, como está sucediendo en tantos otros momentos durante las labores de extinción del incendio forestal que tiene paralizada y expectante a la Plana Baixa. En ese cara a cara participan Bomberos del Consorcio de Castellón y venidos de otras provincias y autonomías como refuerzo; la UME, agentes medioambientales y una unidad estatal, las brigadas de las Bases de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF), dependientes del Ministerio Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO).
En la actualidad, España cuenta con once de estas BRIF distribuidas por el territorio nacional formadas por 700 efectivos. La desplazada para intervenir en el incendio forestal de la Vall d'Uixó llega desde Daroca (Zaragoza), la más próxima, y está presente en el dispositivo movilizado para la emergencia las veinticuatro horas del día, en turnos de doce horas con veinte efectivos por la mañana y veinte más por la noche.
Se la considera una unidad de elite, creada en 1992 a imagen y semejanza de los bomberos forestales de los Estados Unidos y su misión principal, resumiéndola en pocas palabras, es parar el fuego donde no se puede hacer de otra forma que enfrentándolo cuerpo a cuerpo, sin más apoyo que las manos de los brigadistas y las motosierras, hazadas y otras herramientas manuales.
Discontinuidad contra el fuego
Eso no quiere decir que otras unidades, como los bomberos forestales o agentes medioambientales de Castellón no aborden la extinción de esa forma, pero las BRIF están especializadas en ese cometido, el de «eliminar combustible para generar discontinuidad en el incendio y parar el avance del fuego».
Marcos Gómez incide en que «nos desplazamos a pie donde nadie llega» y entre sus funciones primordiales está la de «adelantarnos a lo que se va a quemar», porque «lo peligroso en este tipo de incendios es el perímetro activo».
Lo hacen, esencialmente, de dos formas. Cuando el fuego afecta a sotobosque y matorral, recurren al «ataque directo, actuando sobre la llama» eliminando combustible. Si se encuentran ante «incendios convectivos, con propagaciones muy virulentas, creamos líneas de control». Y lo hacen con el incendio cerca o antes de que llegue, de acuerdo con las previsiones de avance que se actualizan desde el PMA constantemente.
Esos franjas de contención se establecen en zonas fundamentales o puntos críticos de la propagación. ¿Y cómo se crean? Eliminando vegetación tanto con la herramienta manual como con la aplicación de fuego técnico «de manera que podamos ensanchar la línea de control para que el fuego llegue y se quede ahí». No se quema lo que ya está quemado.
Esa técnica, la de emplear fuego técnico, se puede utilizar también de día, pero es más eficiente por la noche, porque las condiciones ambientales son más propicias «para no comprometer nuestra seguridad ni la línea de control». Y así trabajaron en el caso de Alcudia de Veo.
En cuanto al uso del agua, Gómez explica que «si un medio aéreo descarga, sin crear discontinuidad en el terreno, el fuego volvería a salir». De ahí que la coordinación y la participación de las distintas especialidades en la extinción sea crucial.
Eso no quiere decir que nunca tengan ese apoyo hídrico en su trabajo terrestre, aunque explica que un camión dispone de unas 30 mangueras de 25 metros que pueden enlazarse, lo que permitiría llevar el agua a una distancia de entre 300 o 400 metros, «pero hay que tener en cuenta la pérdida de presión, en especial si hay pendiente», por tanto, a menudo no vale la pena ese esfuerzo. «Si podemos contar con el recurso agua, mucho mejor, pero si no es posible, estamos especializados en la extinción sin él», insiste.
Quienes son expertos en plantar cara a los grandes incendios en los peores contextos y las condiciones más adversas lo tienen claro, «no se puede reaccionar de forma reactiva, hay que ahondar en la prevención» y las características de estos nuevos fenómenos como consecuencia del cambio climático, añade, justifican que no sea una opción postergable. Es una obligación de las administraciones públicas, «pero los particulares también tienen una parte de responsabilidad».
Carlos Gómez advierte que «hay que ponerse las pilas para gestionar el monte», porque «el margen de trabajo de los peores incendios se ha ampliado, ahora empezamos a intervenir en abril», cuando lo habitual era hacerlo con la llegada del verano.
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