Crímenes olvidados de Castellón
El crimen del autobús de Benicàssim a Castellón: "¡Me mata, me mata!"
Rafael asesinó a su esposa Elisa después de que ella rechazara retomar su relación. Movido por celos infundados, la apuñaló y posteriormente se entregó, por lo que fue condenado a 15 años de prisión. También relatamos un accidente ocurrido en Torreblanca que concluyó con la muerte de un guarda ferroviario.

Imagen del juicio. / Mediterráneo
Juan Salvador Salom Escrivá
Fue un caso de asesinato en presencia de otros pasajeros, en el autobús que cubría la línea de Benicàssim a Castellón. Un tribunal del Jurado juzgó los hechos, que sucedieron el 23 de agosto de 1997.
El acusado, Rafael, natural de Valencia, de 51 años en la fecha de los hechos, estaba casado y tenía varios hijos, ya mayores de edad, viviendo en distinto domicilio del de su esposa por desavenencias con los hijos, decisión que tomaron marido y mujer de mutuo acuerdo. El día de los hechos telefoneó al lugar de trabajo de su esposa y habló con ella para aclarar su situación, «deteriorada en el último mes». Decidió ir al encuentro de la misma, ya que sabía la hora en que salía del trabajo en un hotel de Benicàssim y el autobús que utilizaba para volver a Castellón. Para dicha reunión llevó dos cuchillos, uno de montaña tipo machete de anchura de hoja de cuatro centímetros por 34 de longitud que puso en una bolsa de plástico, de forma que desde el exterior de la misma no se veía, así como llevaba también un cuchillo de mesa envuelto en papel de periódico que escondía en la pierna.
Sobre las ocho y media de la tarde, siendo aún de día, Rafael se dirigió a una parada del autobús , situada frente a la antigua discoteca “Saxo”, en el autobús que sabía que iba a tomar su mujer, sentándose casi al final. En la siguiente parada subió Elisa, la mujer del acusado, la que al advertir su presencia y siguiendo las instrucciones que él mismo le dio se sentó en la última fila, al lado derecho del lugar que ocupaba Rafael, quedando situada entre el acusado y la ventanilla. Tras una breve conversación sobre recuperar la normalidad de sus relaciones, perdida el mes anterior, al negarse la misma, y diciendo: «Esto es para ti» y, sin sacar el machete de la bolsa, le asestó dos puñaladas en el pecho que provocaron gravísimas lesiones a la víctima, ante el espanto de los pasajeros.
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El detonante de todo esto fueron los celos derivados de que Elisa había adquirido poco antes ropa interior que el acusado consideraba demasiado atrevida, llegando a pensar que podía haber algún otro hombre de por medio, lo que no era cierto. La pobre mujer, al verse agredida, aún pudo gritar, al tiempo que, ya herida, se incorporaba del asiento y caminaba hacia adelante por el pasillo del autobús, diciendo: «¡Me mata, me mata! Vivo en la calle de…», sin poder acabar la frase, cayendo sin conocimiento al suelo del autobús. Elisa falleció, debido a las heridas recibidas, a las 0.20 horas de la madrugada del día siguiente.
El acusado, tras haber agredido a su mujer, se personó en las dependencias de la Policía local de Benicàssim, donde se entregó y reconoció los hechos, que fueron también ratificados por los pasajeros que fueron testigos.
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El juicio se celebró por la Ley del Jurado y duró tres días, rechazando sus miembros la concurrencia de las circunstancias atenuantes de alteración psíquica, arrebato, obcecación u otro estado pasional semejante que alegó la defensa. Asimismo, el acusado mostró una educación y corrección total. Aún recuerdo la impresión que se llevó alguna miembro del jurado, cuando manifestó que se leía las ‘Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre’, a la que se le salían las lágrimas al oírlo.
El acusado fue condenado como autor de un delito de asesinato con la circunstancia agravante de parentesco y la atenuante de haber confesado antes de que el procedimiento judicial se dirigiera contra él, a la pena de quince años de prisión más las correspondientes indemnizaciones para los hijos. El acusado en prisión se comportó como un preso modelo. Era un gran amante del orden, de la limpieza y de la disciplina.
Un hombre tranquilo
Lo era, de verdad. El 14 de marzo de 1872 fue muerto, arrollado por el tren de la línea Valencia-Tarragona, en Torreblanca, uno de los guardas de la vía. El guarda, celoso de su trabajo, quiso asegurarse de la mayor o menor proximidad de los trenes que por allí pasaban y no se le ocurrió otra cosa que tumbarse al lado de uno de los raíles y poner en él una de sus orejas para oír mejor el ruido del tren. Lo malo fue que se quedó dormido apoyando su cabeza sobre la vía, no oyendo al tren. La muerte por arrollamiento fue inevitable.
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