Crímenes olvidados de Castellón
Asesina a puñaladas a su mujer por no hacerle la cena en un pueblo de Castellón
Tres sucesos trágicos de la provincia de Castellón, entre crímenes, amores truncados y desesperación. Historias reales en las que la violencia, el azar y el infortunio marcaron para siempre la vida de sus protagonistas.

Panorámica de Cirat. / Mediterráneo
Juan Salvador Salom Escrivá
En la noche del día 5 de agosto del año 1905 María Isierte Ventura, de 60 años de edad, fue asesinada por su marido Vicente Peña Oliva, de 73 años, en su domicilio del pueblo de Cirat, empleando para ello dos cuchillos, un podón y unas tijeras de podar, con cuyas armas se ensañó brutalmente con su mujer, causándole doce heridas en la cabeza, cuatro en el cuello, ocho en el brazo derecho y seis en el izquierdo –con los que la víctima trataba de protegerse de los golpes-, causándole otras tantas heridas, varias de ellas mortales de necesidad.
El autor del crimen fue detenido y confesó ser el autor del mismo. Y visto el número de heridas y el tipo de instrumentos utilizados para causarlas, estaba claro que el marido rebosaba de odio contra su mujer.
El hecho sucedió como sigue: Entre las ocho y media y las nueve de la noche del 5 de agosto de 1905 regresó a su casa el procesado, Vicente Peña Oliva, que había estado trabajando aquella tarde en una finca de su propiedad. Le pidió la cena a su mujer, María Isierte, y esta le contestó que no había preparado cena alguna, suscitándose entonces una violenta discusión entre ellos, en el curso de la cual María Isierte cogió a su marido por los órganos genitales y fue cuando éste, exasperado por el dolor, acometió a su mujer, golpeándola con el podón, tijeras y cuchillo, causándole heridas en la cabeza, cuello y brazos hasta el citado número de treinta, que le causaron la muerte en el acto. La defensa alegaba dos atenuantes en su favor, si bien reconocía que su defendido mató a su mujer.
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El hecho fue enjuiciado por el tribunal del jurado de la Audiencia Provincial de Castellón. Los jurados emitieron un veredicto de culpabilidad y el tribunal de derecho, en cumplimiento del mismo, dictó sentencia condenando a Vicente Peña Oliva, como autor de un delito de parricidio, a la pena de cadena perpetua y al pago de dos mil pesetas de indemnización a los herederos de la víctima. Se libró de la pena de muerte por garrote.
Horrible desgracia
Lo fue, y terrible. La joven Dolores Serra, hija de unos aceiteros de Nules, de escasa capacidad económica, es decir, pobres, mantenía relaciones de noviazgo con otro joven de Nules, Joaquín Bastida, cuyos padres eran ricos y se oponían al matrimonio de ambos por esa diferencia de patrimonio. Pero la suerte cambió. La novia, Dolores, consiguió ahorrar nueve pesetas con las que compró tres décimos de lotería, los tres con el mismo número, diciéndole al administrador de loterías que esperaba que le tocase el gordo y que, siendo rica, se casaría con su Joaquín.
La cuestión es que la suerte la favoreció con el premio mayor de la lotería que se acababa de celebrar. Enterada Dolores de ello, el 2 de mayo de 1897 corrió enseguida a la casa del novio, donde les enseñó a sus padres los décimos y les rogó que consintiesen en aceptarla por nuera. Hasta aquí todo parecía un cuento de hadas, pero pronto se desvaneció la ilusión. Estando aún Dolores en casa de sus futuros suegros llegó un labrador que manifestó a los padres de Joaquín que éste se había caído de un caballo que montaba y que se encontraba muy grave en una alquería donde le recogieron.
Inmediatamente fueron a la alquería los padres de Joaquín y Dolores, pero cuando llegaron, Joaquín ya había fallecido a consecuencia de los golpes sufridos en la cabeza por la caída. Puede el lector imaginarse la escena que a continuación se desarrolló. Allí mismo, Dolores, presa de la más absoluta desesperación, rompió en pedazos los tres décimos diciendo que ahora para nada necesitaba ya el dinero.
Dolores se dispuso a entrar en un convento de monjas de Villarreal tras estos hechos. La familia pudo reconstruir, tras ímprobos esfuerzos, los tres décimos de lotería premiados. Ignoro si pudieron cobrarlos. Para desgracias, pocas como ésta.
La esposa insoportable
Eso es lo que dijo su marido cuando lo salvaron de la muerte. El hecho ocurrió en el término municipal de Segorbe en la tarde del día 17 de junio de 1901.
En el kilómetro 139 de la vía férrea del Ferrocarril Central de Aragón, término municipal de Segorbe, una pareja de la Guardia Civil, en servicio de correrías, encontró tendido sobre los carriles de la misma a Bautista Sanchis Navarro, de 41 años de edad, casado, de oficio pintor, natural de Onteniente y vecino de Valencia. Preguntado por los guardias el Sanchis manifestó que quería quitarse la vida y que la causa de tal decisión era la de “los continuos disgustos que le ocasionaba el carácter de su esposa”.
No sé en qué consistían los disgustos, pero ya tuvo suerte en que la Guardia Civil le encontrara. Le salvaron la vida.
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