Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crímenes olvidados de Castellón

Un doble error tras perder unas llaves cuesta una vida en Castellón

Dos sorprendentes episodios de la crónica negra de la capital de la Plana: una trágica confusión nocturna que terminó con la muerte del hijo del propietario de una alquería y la insólita fuga de trece enfermos del Hospital Provincial para protestar ante el gobernador por el incumplimiento de una promesa.

Fachada del Hospital Provincial de Castellón.

Fachada del Hospital Provincial de Castellón. / Mediterráneo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Juan Salvador Salom Escrivá

Los hechos ocurrieron en la alquería de José Llau, situada junto al molino del Camí Fondo de Castelló. El dueño de la alquería citada tenía dos llaves de la puerta de la misma, mas he aquí que perdió una de ellas y, preocupado por si había caído en malas manos y le entraban a robar en la alquería lo puso en conocimiento de la Guardería Rural para que esmerasen su vigilancia sobre la misma.

Sobre las diez y media de la noche del 19 de octubre de 1890 el dueño de la alquería, José Llau, y su hijo decidieron ir a la misma para comprobar que no les hubieran robado. Fueron ambos a la misma en la que entraron valiéndose de la llave que aún conservaban, penetrando en su interior, cerrando la puerta tras ellos. Y aquí es cuando la cosa comenzó a ir mal. En ese momento los guardas rurales José Mir y José Escudero que vigilaban por la noche y sabían lo de la llave perdida por su propietario, pasaron por las cercanías de la alquería y al oír hablar en su interior a varias personas pensaron que eran ladrones que habían encontrado la llave perdida y estaba robando. Ni siquiera se les pasó por la cabeza que pudieran ser los dueños, lo cual parece normal, dadas las horas de la noche en que oían hablar a personas no identificadas, sabiendo que en la alquería no vivía nadie.

Recreación del suceso.

Recreación del suceso. / IA

La cuestión es que ambos guardas rurales se apostaron en los matorrales y árboles próximos esperando la salida de los que creían ladrones para detenerlos. Cuando –recuérdese que todo eso es en plena noche cerrada y sin luz eléctrica- salieron el dueño de la alquería, José Llau y su hijo, los guardas les dieron el alto requiriéndoles que se entregaran. Aquí al error de los guardas se unió el error de los que salían de la alquería que creyeron que eran bandoleros los que los intimidaban, por lo que se metieron rápidamente de nuevo en la alquería cerrando la puerta.

El hijo que estranguló a su padre hasta la muerte para robarle en su masía de Vall d'Alba

Los guardas cometieron aquí una grave imprudencia y es que, sin que nadie les agrediera y estuvieran en un recinto cerrado del que no podían escapar los que ellos creían ladrones, dispararon sus carabinas contra la alquería, atravesando uno de los proyectiles la puerta de la misma yendo a clavarse en la garganta de José Llau hijo, que murió desangrado en pocos minutos en brazos de su padre.

Cuando los guardas rurales oyeron los lamentos y quejidos del interior de la alquería y José Llau padre abrió la puerta comprendieron el gravísimo error que habían cometido, dando cuenta de inmediato al juzgado de instrucción. Ambos guardas fueron detenidos y procesados. El fallecido estaba casado y tenía cinco hijos pequeños.

Nada más he podido averiguar de este trágico suceso. Concurrieron simultáneamente los dos errores, el de los guardas creyendo que eran ladrones los que estaban en la alquería porque era de noche y el dueño había perdido una llave y el de los Llau que creyeron que los guardas eran atracadores. La precipitación de los guardas en disparar, sin siquiera comprobar quiénes eran los que estaban en el interior hizo el resto.

La salida de los leprosos

El día 21 de noviembre de 1917 todos los leprosos que estaban ingresados en el Hospital Provincial de Castellón se fugaron del mismo y salieron a la calle por la puerta principal, sin que nadie les pusiera obstáculo alguno para ello. Eran trece, nueve hombres y cuatro mujeres. La razón de su fuga fue la siguiente: a dichos enfermos se les había prometido que dos veces por semana se les daría a cada uno de ellos una ración de carne en crudo para que ellos mismos se la condimentasen. Dicha práctica era ya habitual en el hospital.

Errores farmacéuticos que costaron vidas en Castellón: Dos niños fallecidos

El guarda del almacén, el día mencionado, les negó las raciones, por lo que los enfermos trataron de ser recibidos por el director del hospital, apellidado Mingarro, al objeto de expresarle su protesta por ello, el cual se negó a recibirlos en el acto por tener que atender otras necesidades perentorias. Visto el resultado de su gestión, los trece leprosos decidieron salir a la calle para dirigirse al Gobierno Civil y expresarle su queja al gobernador. Como he dicho, salieron por la puerta principal del hospital sin que nadie les molestara.

La Policía los interceptó a medio camino y les hizo volver de nuevo al hospital, prometiéndoles que hablarían más tarde con el gobernador. Y así fue. El gobernador civil, José María Camós, acudió al hospital y allí escuchó las quejas de los enfermos, quienes además, se quejaron de las pésimas condiciones que presentaba el departamento que ocupaban en el hospital, prometiéndoles que se les seguiría suministrando dicha ración de carne dos veces a la semana. Los enfermos le pidieron mil perdones por las molestias que le hubieran causado.

Tracking Pixel Contents