El coronavirus se ha erigido como rotundo protagonista en los hospitales de la provincia de Castellón, de la Comunitat Valenciana y de toda España durante esta larga pandemia que ha eclipsado o ha restado visibilidad a otro tipo de pacientes con enfermedades como mínimo tan graves como el covid-19. Pero el sufrimiento de las familias por no poder acompañar a sus seres queridos en sus hospitalizaciones y las largas estancias en los centros de los pacientes no han dejado de estar presentes en este largo año de pandemia.

Es el caso de Pepe Paradís, un moncofense de 76 años que lucha día a día contra un cáncer que le mantiene ingresado en la UCI del Hospital Provincial de Castelló. El plan de humanización que ha iniciado este centro de referencia de la sanidad castellonense ha permitido, con la finalidad de ofrecer una asistencia más próxima, más cercana y más humana a los pacientes, abrió las puertas de la UCI a Gustavo, su hijo, animado por sanitarios del Provincial a hacer más agradable la estancia de su padre a base de lo que mejor se le da: la música.

Pepe puede salir al pasillo y ver el exterior gracias al plan de humanización del Provincial.

"Me dije ¿por qué no? Así que cogí la guitarra y me planté en la habitación", señala Gustavo, de 43 años y abogado de profesión, aunque la música es su gran pasión. Llegó a presentarse hace unos años al concurso televisivo de descubrimiento de talentos Tú si que vales, aunque mucho antes ya era un referente del panorama indie de la provincia al frente del grupo Calamity. "Intento repartirme el día: por la mañana el despacho -es especialista en derecho laboral- y por la tarde la familia -es padre de dos niñas, de 3 y 5 años- y los ensayos", comenta.

Ante su más ferviente admirador empezó a rasgar su guitarra y a entonar los primeros versos de popular La bien pagá o 19 días y 500 noches de Sabina, una de las que ahora también interpreta con su grupo de versiones, Los Pájaros, aunque también actúa en solitario como multi instrumentista (puedes verlo en este vídeo).

"Mi padre es mi mayor fan", dice Gustavo, que recuerda que su progenitor también hizo sus pinitos en el mundo de la música allá por la década de los 60 del pasado siglo y que en los últimos días ha improvisado unas actuaciones que han reunido entorno a la camilla de Pepe a una selecta audiencia que disfruta tanto de la magnífica voz de Gustavo como de ver como cambia el semblante de Pepe, al que se le iluminan los ojos cuando su hijo está con él en la habitación.

Defensor de la musicoterapia

Visto el efecto revitalizador que las canciones ejercen en su padre, Gustavo rompe una lanza por la musicoterapia. "Así como hay psicólogos que apoyan ante la adversidad de la enfermedad, payasos o animadores que llevan la ilusión a los niños ingresados en los hospitales... creo que la figura de los profesionales de la musicoterapia debería implantarse en nuestra sanidad", dice convencido Gustavo, que sabe, por desgracia, bien de lo que habla por la experiencia personal que está atravesando en estos momentos.

"Está demostrado que la música ayuda", insiste Gustavo, que desde su debut en el escenario de la UCI del Provincial no ha olvidado la guitarra en una sola de sus visitas a su padre, que tiene en la voz de su hijo el mejor motivo para seguir planteando una dura batalla al maldito cáncer.