No resulta extraño que las lluvias torrenciales vayan acompañadas de un fuerte oleaje, con la consecuencia directa de destrozos en instalaciones como paseos marítimos o pasarelas de madera. Es solo un reflejo de los costes económicos que tienen estos fenómenos adversos cada vez más frecuentes. De nuevo, Gloria fue la borrasca que más dinero engulló. Los cálculos de los ayuntamientos de Castellón cifraron en más de 15 millones de euros la factura para recuperar el aspecto anterior al temporal. Desde la reposición duchas y lavapiés en las playas hasta la reconstrucción de paseos.

Hay localidades en las que, todavía en estos días, se trabaja para recuperar la normalidad tras la destrucción. Como en Peñíscola, que durante meses ejecuta la reparación de los accesos de la costa sur. Para esta y otras actuaciones tuvo que pedir un préstamo de 2,1 millones de euros. Una medida que también adoptó Vinaròs, con 500.000 euros. Otros consistorios también tiraron de la caja municipal para hacer frente a la reparación de los desperfectos.

Lo más preocupante es que, tan solo 15 meses después de Gloria, la imagen de pasarelas rotas y conductos de agua para las duchas de playa inutilizados se ha vuelto a repetir en otros puntos.

Costas

A todo ello se suma la escasez de aportaciones procedentes de Costas. El dinero destinado a Castellón después del histórico temporal del 2020 fue de 4,1 millones de euros. Aproximadamente la cuarta parte de todo el gasto causado, y que los alcaldes afectados tildaron de insuficiente.

Los ayuntamientos del sur de Castellón llevan años de reclamaciones para la puesta en marcha de unas actuaciones que hagan posible reforzar la protección de la costa ante unos temporales cada vez más dañinos. La lentitud de la Administración central y la aparición de un problema tan serio como el covid-19 han aplazado las medidas. Las más inmediatas serán las de Almenara y la Llosa, con la previsión de comenzar tras el verano, y la colaboración de PortCastelló para regenerar la costa de Almassora. El resto sigue a la intemperie de más temporales.

Impacto humano

Con todo, el catedrático de la UJI José Quereda también advirtió del impacto humano del recrudecimiento de las incidencias. «Cambian los valores medios de precipitación y, por tanto, el agua disponible para la ciudadanía. A pesar de que las lluvias son muy intensas, al final del año cae menos agua, y los periodos de sequía llevan al fenómeno de la evaporación», concluyó.