A principios de julio, el Congreso aprobó la vuelta del impuesto de matriculaciones a niveles de 2020, lo que supone una bajada de este tributo que se había visto incrementado el pasado 1 de enero cuando se empezaron a aplicar los valores de emisiones de la homologación WLPT en la ficha técnica de los vehículos. 

Se trata de una medida que responde a las demandas del sector del automóvil que solicitaban una subida del 20% en los niveles de CO2 asociados a cada uno de los tramos del impuesto como ya se hace en Francia y Portugal, compensando así el protocolo WLTP. Es decir, se vuelve a los mismos niveles de presión fiscal que había antes del 1 de enero del presente año. Esto supone un respiro momentáneo para el sector del automóvil nacional que tanto ha sufrido desde el inicio de la pandemia. Lo más probable es que desde julio y hasta que finalice el año se produzca un aumento en las matriculaciones de vehículos, ya que esta reducción supone una rebaja media de entre 600 y 1.500 euros por coche nuevo matriculado. 

No obstante, no debemos olvidar de que se trata de una bajada que únicamente será efectiva hasta que acabe el año, y en 2022 este tributo volverá a sus niveles iniciales. Por ello, muchas voces del sector han advertido del efecto limitado que tendrá que esa medida en esta importante industria que supone el 10% del PIB nacional. 

Así, exigen, y no es para menos, un plan estructural sólido y estable que permita renovar el parque de vehículos en nuestro país que actualmente se sitúa cerca de los 13 años de media. Un dato preocupante si hacia lo que vamos es hacia un transporte más eficiente y más respetuoso con el medio ambiente.