Si hay un sector en Castellón que no gana para disgustos ese es el ganadero. Los propietarios de las cerca de 1.800 explotaciones con las que cuenta la provincia llevan meses sufriendo el subidón del precio de los piensos y a eso se une ahora el alza imparable de la luz, el gasóleo y el gas. Y mientras los costes crecen y crecen, el dinero que reciben los productores por la carne de cerdo, conejo o pollo se mantiene en los mismos valores que hace siete u ocho años. ¿La consecuencia? Los números no salen y el sector augura cierres de explotaciones si la situación no mejora a corto o medio plazo. 

Juan Carlos Mateu es el propietario de una de las 532 explotaciones porcinas con las que cuenta la provincia y en las últimas semanas se ha llevado varias sorpresas. Y todas desagradables. La primera ha llegado con el recibo de la luz. «He pagado 200 euros más. Si normalmente la factura era de unos 400 euros, en el último mes han sido 600», apunta este ganadero de la Serra d’En Galcerán. 

Para una explotación como la de Mateu la electricidad es fundamental. «Dependemos de la luz. Todo está mecanizado, la alimentación de los animales, la limpieza de la granja, la ventilación.. y todo funciona con luz», cuenta este empresario que es uno de los pocos que no trabajan para compañías integradoras. Incluso la calefacción también funciona con electricidad. «Hace unos años la tenía con gasoil, pero como subió tanto de precio decidí cambiar y que pasarme a un sistema eléctrico. Y a lo ahora lo que está por las nubes es la electricidad. Ya no sabes como acertar», explica este empresario que no descarta invertir en una instalación de autoconsumo fotovaoltaico. 

La luz asfixia a los ganaderos de la provincia y el pienso también cotiza a precio de oro. Arturo Zaragozà, propietario de una granja de conejos en Rossell y portavoz del sector cunícola de la Unió de Llauradors i Ramaders, se echa a temblar cada vez que aparece un camión de pienso por su explotación. «Un tráiler con 24 toneladas de pienso cuesta 1.500 euros más que hace un año», describe mientras explica que en doce meses una granja como la suya puede necesitar unos 25 camiones de este producto. Si la escalada de precios no se frena (el pienso supone el 60% de los gastos de una granja de conejos) en un año explotaciones como la de Zaragozà tendrán que asumir un sobrecoste de unos 37.000 euros.

El último eslabón

Los costes de producción están desorbitados y, en cambio, el dinero que el empresario recibe por la carne es miseria. Un ejemplo. En estos momento, el kilo de conejo vivo en granja cotiza entre 1.80 y 2 euros, una cifra que no cubre ni de lejos todos los gastos que debe afrontar el ganadero. Lo paradójico es que el consumidor paga cada vez más por la carne que compra. «En los establecimientos comerciales el kilo cuesta 6 euros, dos más que hace unos meses. Sin embargo, al productor nos pagan los mismo que hace siete u ocho años», lamenta Zaragozà. 

Con la carne de porcino ocurre algo muy similar. Los lechones de hasta 20 kilos de peso cotizan en origen a unos 25 euros, mientras que el coste de producirlos es de 40. « 2021 está siendo nefasto. Hay una sobreproducción brutal, ya que hasta ahora exportábamos a China, pero ese país ha recuperado producción y los envíos se han frenado en seco», afirma Mateu.

El pesimismo reina en el sector y quienes están al frente de las explotaciones aseguran que el relevo generacional es cero. «En los noventa en el Maestrat había 38 granjas de conejos. Hoy quedamos 7 y todos estamos pendientes de la jubilación», dice Zaragozá.