Un oficio apenas conocido por el gran público: varillero. Se trata de los profesionales que se ocupan de reparar los daños que causa el granizo de gran tamaño en la chapa de los vehículos con una técnica de alto componente artesanal en la que se utilizan varillas para devolver esa chapa a su estado original sin que la pintura sufra ningún perjuicio, por lo que «no hay que volver a pintar y, aunque no es barato y lleva su tiempo, resulta menos caro hacerlo así que desmontando los elementos del coche, pintando de nuevo y volviendo a montar», explica Cristian Molina, un castellonense que se dedica a este trabajo.

En contra de lo que podría pensarse, el mercado de Molina no es local, ni nacional, sino internacional, ya que son «muy pocos» quienes se dedican a esta faena. De hecho, asegura: «Esta vez, me ha tocado trabajar en casa, pero la tormenta de granizo me cogió precisamente trabajando en París». Lo cierto es que recorre el mundo siguiendo las tormentas que causan daños de este tipo y, según narra, ha viajado con su empresa. DF Varilleros, a lugares tan dispares como México, Estados Unidos o Australia. La firma de la que Cristian Molina es uno de los profesionales cualificados apunta que la reparación de cada desperfecto, «se realiza actuando sobra la elasticidad de la chapa, utilizando diferentes técnicas y adecuándonos siempre al tipo de daño y al tipo de carrocería».