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REPORTAJE

Historias de los cines de barrio de Castellón

Durante los primeros años de siglo desaparecieron los pocos que quedaban

Publico esperando a entrar en el cine Azul de Castelló.

Publico esperando a entrar en el cine Azul de Castelló.

“He comprobado que en estos cines modernos se limitan a proyectar la película correspondiente de ese día, como mucho pasan algunos fotogramas de la próxima programación. En los antiguos cines se anunciaban por medio de unos folletos de mano, que algún empleado de la empresa repartía por las calles céntricas, a la hora del paseo (…). Además de la película, primero hacían dibujos animados de Betty Boop, Popeye, Mickey Mouse, Los tres cerditos o algún documental de las agencias (…) al finalizar la película, en la posguerra, todos de pie y con el brazo en alto nos hacían cantar el himno nacional”.

Es el testimonio, entre ingenuo y nostálgico, de María Luisa Yáñez, una alumna de la UJI para mayores que en el año 2006 dedicó su trabajo final de carrera a los Teatros y Cines de Castellón, del cual en parte se documenta este reportaje. Hablaba de un tiempo lejano, en el que ir al cine era una experiencia mágica, aún poco asimilada, y por ello sorprendente y emocionante.

La antigua entrada al cine Rex, que permanece abandonado desde el 2004.

El primer cinematógrafo llegó a Castellón en 1896, aunque el primer cine propiamente dicho se construyó en 1910 en la esquina entre la calle Asensi y la calle Herrero de la capital de la Plana. En los años siguientes se abrirían el Royal, el Victoria, el Goya o el Capitol; y siguieron surgiendo más locales durante la década de los 50 y los 60, lo que hizo que en la ciudad convivieran aproximadamente una quincena de cines de barrio. El fenómeno, claro, no era exclusivo de Castelló. En Vila-real todavía recuerdan el cine Condal o el Tárrega, en Burriana el Payá, en Orpesa l’Atall y el Capitol…

José Luis Cuerda. Amenabar y Fele Martínez, en la entrada del Cine Saboya. MEDITERRÁNEO

El progreso, que trajo consigo las multisalas y una oferta mucho más amplia de películas, hizo que poco a poco pero de forma constante fueran cerrando la mayor parte de los cines de barrio de la provincia. Años después, la crisis económica se encargó de llevarse por delante los últimos reductos de cine tradicional, como el que representaban los ABCD, en Rafalafena, que ni siquiera logró remontar con los ciclos de cine clásico e independiente que programaba la Filmoteca. En el 2009 cerraba sus puertas. Un año antes lo había hecho El Bohío en Benicàssim; en el 2005 sucumbieron los Casalta y, también en la capital, en el 2004 cerró el Rex.

Fachada del antiguo cine Condal de Vila-real. MEDITERRÁNEO

Claro que detrás del cierre de cines de barrio, en algún caso, también hubo otros motivos. Curioso fue el caso del Condal 2 en Castelló, en la calle Pescadores. La sala era propiedad del obispado y después de la proyección de la película El color de la noche, de alto contenido erótico, el obispo de la diócesis, Josep Maria Cases, aseguró que la programación del cine “no se ajusta a la doctrina de la Iglesia”, por lo que en 1995 se decidió su cierre. Un poeta entre reclutas, de Danny de Vito, fue el último título que se proyectó.

Trágico incendio

Hay una gran tragedia en la historia de Castelló y fue la que se produjo en el cine la Paz de Castelló. La tarde del 17 de noviembre de 1918, murieron en su interior 21 niños y un soldado. Y todo a consecuencia de una falsa alarma, de una broma. Durante el descanso de una sesión, según contó el Heraldo de Castellón en su edición del día siguiente, «un malvado o un loco del piso alto gritó: fuego, sálvese quien pueda". El pánico se desató en la sala y, al huir todos los niños en la misma dirección, con lo que muchos murieron aplastados o asfixiados. Un soldado que acudió a socorrerles, Pascual Escoín, murió tras ser empujado y caer por unas escaleras.  Todas las víctimas fueron enterradas juntas en un panteón del Cementerio Viejo de Castelló.

Imagen del céntrico cine La Paz, escenario de una tragedia en el año 1918. MEDITERRÁNEO

Menos trascendente fue el incendio que sufrió el emblemático cine Saboya de la puerta del Sol en 1992, aunque los daños materiales fueron enormes. El recinto se rehabilitó y aguantó hasta el 2003.

En el Capitol hay hoy una perfumería; donde estaba el cine Azul, hoy está el hotel Jaime I; y en el espacio del Casalta hay un comercio chino. Ni rastro pues de las colas, que giraban la manzana, de espectadores ansiosos por ver Jurassic Park o Titanic, ni de adolescentes que acudían a pie hasta el cine de su barrio una tarde de domingo. El precio del progreso.

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