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El Periódico Mediterráneo

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POLÍTICA

Ximo Puig salva un congreso de unidad tras un día de bronca con el abalismo

El ruido interno empaña el homenaje al president, que pide un PSPV sin barreras

Ximo Puig, ayer, al lado de Adriana Lastra y Diana Morant, tras su discurso de inauguración.

Esto es un congreso del PSPV. En la sala contigua una comisión debate sobre estatutos del partido. De otra sala llega una música de fin de semana de recreo. Algo así iba a ser este encierro en el Hotel Gran Bali de Benidorm, más de 40 plantas con vistas al imperio del turismo. Es James Blunt despidiéndose de algún amante. Algo de eso ha habido en este congreso, donde han ganado la unidad y las melodías de amor, pero no ha quedado exento del ruido de sables. Más del que se preveía. Pero esto es un congreso del PSPV. 

La tensión vino por el frente imaginable: el sector de la secretaria provincial de València, Mercedes Caballero, los más próximos al exministro José Luis Ábalos, sanchistas de primera hornada. No son lo que fueron hace cuatro años, cuando estuvieron cerca de derrocar al secretario general, Ximo Puig, porque todo ha cambiado, tanto que incluso su referente está fuera hoy de las estructuras de poder. Pero agrupan a unas decenas de los 475 delegados y lanzaron su último órdago, un golpe de efecto al empezar el plenario que tensionó el cónclave y levantó iras. Se reunieron por su cuenta, entraron en bloque y se fueron al poco tiempo anunciando que no se estaba respetando la integración acordada.

Contra las cuotas

La respuesta del entorno de Puig vino con frases contundentes: el president «está contra las cuotas sectarias. Habrá gente de todos los ámbitos en la ejecutiva, pero gente que aporte y con disponibilidad».

Pero esto es un congreso del PSPV y, finalmente, tras una tarde larga de llamadas, minireuniones y caras largas, llegó la fumata blanca del consenso. Los de Caballero entraban en la ejecutiva y en los órganos de control. Ni listas alternativas ni abstenciones de rencor. Incluso estará en la dirección el último rival de Puig en primarias en 2017, Rafa García. No en el puesto reivindicado (Relaciones Institucionales) pero sí en Coordinación de las diputaciones.

El equipo de Puig defendía que era integración de gente concreta para cargos específicos, no cuota. En todo caso, son cuatro, incluido Juan Carlos Fulgencio, alejado bastante del núcleo.

Apertura

El ardor guerrero que se dejó ver en la trastienda del congreso contrastó con el mensaje que se lanzaba desde la tribuna, ante delegados e invitados. El día iba de apertura, no de viejas batallas nunca cerradas. Pero esto es un congreso del PSPV. El plenario empezaba así con un gesto de apertura al valencianismo: el Himno de la Comunitat Valenciana interpretado por la banda senior de Llíria, recibido en pie y con una ovación larga. Después sonaban a través de la pantalla las voces de líderes europeos socialistas y españoles (Adrián Barbón, García-Page, Guillermo Fernández Vara, Ángel Víctor Torres, Francina Armengol, Concha Andreu, Juan Espadas y María Chivite) que reconocían la labor de Puig y su figura de referente entre los barones.  

Todo ello pudo ver Ábalos desde un discreto lugar en la segunda fila del auditorio. Pero ya no pudo ver ni oír las palabras de Puig, porque se fue. Dijo que era para delegados y él no lo es. A su lado, Caballero. Otro gesto.

Puig mencionó al exministro («estimado José Luis») en el turno de agradecimientos y también al empezar el cónclave interno. Manifestó su solidaridad. Entre los invitados, la presencia más relevante políticamente fue la del presidente de la patronal valenciana, Salvador Navarro. Otro gesto de apertura y de derribo de fronteras con el reconocimiento de la labor empresarial en la creación de riqueza. Un guiño de cara a la atracción de nuevas clases medias.

Ximo Puig fue claro sobre sus objetivos en este tercer mandato en el PSPV. Si en 2012 la ambición era el cambio político y en 2017, ser primera fuerza (ambos conseguidos), ahora el reto es «la mayoría, la transversalidad, superar las barreras partidarias». 

Que el PSPV sea «la casa grande donde caben todos los valencianos». «Ni dogmatismos ni esencialismos, sino ser útiles a la mayoría, no a una parte, sino abarcar un amplio espectro de clases medias y trabajadoras» de cara a un nuevo gobierno del Botànic. Lo otro, un ejecutivo de derecha y ultra, es «el gran apagón».

El día fue de congreso, sin más: de teléfonos ardiendo, quejas, presiones y al final, una paz que no es el final. Porque el futuro de la dirección provincial y de las listas electorales es el trasfondo de casi todo. 

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