La única cena de Nochevieja totalmente segura sin contagios es en solitario. No hay más. Cada comensal de más es un riesgo extra a que alrededor de la mesa se siente un potencial vector de infección. Cuán asumible es depende de cada circunstancia familiar. Sin restricciones de reunión, lo único que queda son las recomendaciones y los expertos señalan, entre todas las conocidas por casi dos años de pandemia, la ventilación como gran aliada.

El SARS-CoV-2 es un virus respiratorio y como recuerda el investigador de Fisabio, Salvador Peiró, su mayor capacidad de expansión se da en la transmisión aérea. Son los llamados aerosoles, partículas que se emiten al respirar y que, recuerda, «se pueden quedar hasta una hora suspendidas en el ambiente». Este es el modo de contagio de los grandes brotes en espacios interiores, los lugares de más riesgo, acentuados con la llegada de ómicron.

La mascarilla, la mejor barrera

Para evitarlo, la medida principal (una vez saltada la indicación de cuanta menos gente, menos riesgo) es la mascarilla, un elemento complejo de mantener durante una comida familiar. «Cuando estamos en el ámbito cercano nos relajamos más», admite Peiró quien remarca que utilizarla supone la mejor barrera. También muestra sus recelos hacia los test de antígenos: «Antes los teníamos para aislar rápidamente a positivos, ahora son para incrementar la socialización con los problemas que conlleva porque no siempre se detecta».

Es entonces cuando aparece la la ventilación, un método de protección más sencillo. «Las corrientes de aire disuelven los aerosoles, impiden que se respiren de unos a otros», desgrana. Para entender el funcionamiento de los aerosoles sobre los que puede viajar el coronavirus lo mejor es imaginarse que de la boca de cada uno de los comensales se expulsa humo, como si se fumase.

A partir de ahí toca pensar cómo se actuaría para evitar que el olor a tabaco se impregnara en la ropa. Desde la Asociación Mesura, entidad coautora de las guías de ventilación para CSIC y la Generalitat, su coordinador José Manuel Felisi explica que esta ha de ser «cruzada, continuada y distribuida». Es mejor todo el rato en muchos puntos un poco que abrir mucho durante poco tiempo. «Se ha demostrado que si se abre cada 20 ó 30 minutos, aunque la concentración de CO2 baje de golpe muchísimo porque se abre todo, ha habido un tiempo en el que se han alcanzado los umbrales de seguridad», detalla al tiempo que añade que de esta manera «no baja mucho la temperatura, solo 3 ó 4 grados».

A dos metros

Otro de los puntos sobre los que incidir en estos encuentros es la distancia interpersonal, especialmente a la hora de la comida. En estas el contagio no es tanto por aerosoles suspendidos, sino por las gotículas expulsadas por boca o nariz. Conforme se habla con más intensidad, más cantidad de estas partículas y más lejos pueden llegar. «En interiores te relajas y hablas desde cerca, pero un buen consejo es no hablar cara a cara a nadie y guardar los dos metros de distancia», expresa Felisi.

Ordenar a los comensales en forma de zigzag en la mesa (sin que nadie esté frente a nadie exactamente) es una de las opciones recomendadas. Asimismo, Felisi aboga por «no obsesionarse con las superficies» y limpiar estas con químicos. «El contagio por toque es muy improbable, es mejor centrarse en el aire», dice, aunque este no se vea.