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El Periódico Mediterráneo

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Cuando la Generalitat vivió al límite

Una década del rescate de una institución en quiebra que no podía pagar nóminas y vencimientos y que abrió el tiempo de los recortes

El entonces conseller de Hacienda, José Manuel Vela, y el expresidente Alberto Fabra, en una imagen tomada en las Corts en 2011.

La crisis territorial, la del bipartidismo o la del coronavirus aún quedaban lejos. La que causaba estragos hace una década era la inmobiliaria. La burbuja generada tras años de engorde ficticio del negocio del ladrillo había estallado en 2008. Los ingresos de la Generalitat se desplomaron y la situación se convirtió en insostenible a finales de diciembre de 2011. Un momento límite.

«Fueron días muy complicados, una situación crítica, de muchísima tensión», rememora el expresidente Alberto Fabra que había asumido las riendas de la Generalitat apenas seis meses antes, en julio de 2011, tras la dimisión de Francisco Camps

«Recuerdo que esos días me llamaron de la conselleria y me dijeron que los bancos no nos renovaban las pólizas y que no podíamos pagar las nóminas en plena Navidad», evoca Fabra.

Por esos días, el Estado tuvo que salir, por primera vez, a atender vencimientos de préstamos valencianos y el Consell, casi intervenido, se vio obligado a poner en marcha los meses siguientes un importante plan de recortes y subidas de impuestos, que los populares justificaron entonces. 

El Consell de Fabra tuvo que lidiar, además, con la herencia anterior. Sin poder pagar ni lo básico, el verano siguiente aún se celebró una prueba de Fórmula 1 en València. La última.

«Fue la tormenta perfecta»

José Manuel Vela, que era conseller de Hacienda aquella Navidad de 2011, recuerda que los bancos dejaron de prestar dinero a todas las Administraciones y se produjo «la tormenta perfecta». «No digo que se portaran mal con nosotros porque seguían directrices del Banco Central Europeo, pero crearon una gran incertidumbre», señala. «En 2012 pasamos a pagar lo fundamental, las nóminas o las farmacias», recuerda.

«Se estuvo cerca del ‘default’ las pasamos canutas aquellos años, pero hubo cobertura por parte del Estado y luego con mecanismos como el FLA se pudo salvar la situación», añade Juan Carlos Moragues, que fue responsable de Hacienda desde finales de 2012. «Mis primeros días al frente de la conselleria, en diciembre de aquel año, fueron los más frenéticos de mi vida», dice. 

Llamadas a la desesperada

Fabra se pasó la mayor parte del día de Nochebuena de 2011 entre llamadas a los bancos para que una operación puente permitiera pagar las nóminas de los empleados públicos. «Al final nos dieron la operación, pero la incertidumbre era máxima». 

Aquellos días coincidieron con un cambio de Gobierno en España, tras las elecciones del 20 noviembre de 2011. «Había ganado el PP pero aún no había tomado posesión y nadie nos ayudaba; no tenía una puerta a la que llamar porque el PSOE estaba de salida y el PP aún no había entrado, era como un vacío de poder, nadie nos daba una solución», rememora el expresidente. 

«La caída de ingresos fue brutal -subraya Vela-, pues pasamos de recaudar en 2008 unos 2.300 millones de Patrimonio y Sucesiones a 700 y los bancos dejaron de renovar operaciones; es como si ahora te dicen que tienes que pagar la hipoteca completa, no solo la mensualidad, eso rompe todos los planes de tesorería».

«Ese año 2012 lo pasamos muy mal, fue el peor de la legislatura. Luego hubo otros problemas, pero la situación de llegar a una determinada fecha y no tener dinero para pagar las nóminas o los créditos generaba mucha angustia», relata Fabra.

La Generalitat se quedó sin liquidez y con pólizas de cinco mil millones congeladas que todos los años se habían renovado automáticamente. Pero no ese año.

Los impagos a proveedores se generalizaron y ese 2012, la Comunitat Valenciana se convirtió en el ejecutivo autonómico que más dinero tuvo que pedir al Gobierno. Un semestre de vértigo.

El Consell colocó todas las facturas impagadas posibles en manos de Madrid. Y cuando Vela afloró cientos de miles pendientes de pago, algunas llevaban hasta tres años en el cajón.

La crisis de fin de año de 2011 se salvó con una operación puente y la renovación de alguna póliza. «Luego -explica Fabra- ya con el PP en el Gobierno y con Cristóbal Montoro y De Guindos empezamos a buscar situaciones más estables». Así se creó el Mecanismo de Pago a Proveedores, pero no permitía pagar gasto corriente y hasta que no apareció el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) la situación no mejoró. 

La Comunitat Valenciana fue la primera autonomía que lo pidió. «Cayó sobre nosotros toda la atención mediática, se hablaba de una intervención cuando lo único que hicimos fue usar un mecanismo que el Consejo de Política Fiscal, es decir todas las autonomías y el Estado, habían hecho posible para desbloquear aquella situación».

"Nos quedamos en lo básico»

«Recortamos y dejamos el sector público a la mitad porque teníamos claro que había que pagar sanidad, educación y servicios sociales; nos quedamos en lo básico, en el hueso», aporta Moragues. Al final, remarca Vela, «pagamos en tiempo y forma y recuerdo que esa nómina de diciembre de 2011 se abonó el día 30 a las 14.20 horas, pero sí la situación del año 2012 fue muy delicada». Y el FLA tenía una dificultad añadida, un interés al 5% cuando ahora es cero. «Eso generaba más endeudamiento y la financiación era pésima, como ahora, eso no ha cambiado», sostiene Vela.

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