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El Periódico Mediterráneo

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25 AÑOS DEL BANCO DE ALIMENTOS EN LA PROVINCIA

La lucha contra las crisis del hambre en Castellón: "Nos preocupan los jóvenes"

La Casa de Caridad se convirtió a finales de los 90 en la primera sede social donde se fraguó una organización sin ánimo de lucro que busca paliar «la cruel coexistencia» de bolsas de pobreza y del desperdicio alimentario

Los cuatro presidentes y presidentas que ha tenido el Banco de Alimentos en Castellón, junto al almacén actual.

Nadie sabe nunca cuándo le puede sobrevenir una situación de necesidad. En Castellón, las crisis del hambre son diarias, pero es cierto que en momentos clave han sido especialmente complicadas: finales de los 90, a raíz de la burbuja inmobiliaria allá por el 2008 o en la propia pandemia del covid-19, con el duro confinamiento. Momentos críticos para muchas familias afectadas por el paro y la falta de recursos, en las que el Banco de Alimentos ha estado presente. 

Bolsa ‘personalizada’

Del reparto de la bolsa con lentejas, arroz, galletas y aceite... se ha pasado con los años al reparto de las tarjetas para gastar en los supermercados, en productos frescos; y ahora, en el horizonte, tienen el reto de adaptar el reparto a los nuevos tiempos, en almacenes con frigoríficos, congeladores, etc. donde cada persona pueda llevarse a casa lo que más precise, lo más personalizado posible. Desde sus comienzos, en 1996-1997, su objetivo es «recuperar alimentos excedentes en perfectas condiciones de consumo y redistribuirlos gratuitamente entre entidades de ayuda a las personas necesitadas, evitando el desperdicio o mal uso de los alimentos; paliar la cruel contradicción de que coexistan excedentes alimentarios con bolsas de pobreza, marginación y hambre». La organización sin ánimo de lucro, apoyada en una red estatal y europea, presente en 22 países, está preocupada por la situación actual en Castellón: con un 90% de atención dirigida a jóvenes, con hijos, sin empleo o con contratos precarios, de 30 horas y 600 euros al mes, insuficientes para cubrir todo.

Las presidentas y presidentes del Banco de Alimentos en Castellón a lo largo de sus 25 años de historia. ANDREU ESTEBAN

El perfil ha cambiado: Buscan ayuda parejas de entre 32 y 48 años

Su actual presidente, Santiago Miralles, repasa cómo cuando la entidad se fundó «con vocación de ayudar, la sociedad venía de una crisis. Pero el perfil de entonces eran personas más mayores y no tan pobres y jóvenes como ahora. En esta provincia, cuando nos tocan la cerámica y la construcción empieza a flojear es cuando más se nota la dificultad de los hogares». Pero alertó: «Ahora estamos entrando en una dinámica de parejas que vienen entre los 32 y los 48 años de edad. Se dejaron los estudios, se pusieron a trabajar en la construcción, donde echando horas, ganaban bastante dinero, pero cuando se terminó, llega de bruces la crisis. Y aunque existan a día de hoy oportunidades para trabajar como técnicos en instalación electrónica, que no se encuentran, no pueden por falta de formación. En la gente joven preocupa su futuro, no es una necesidad puntual. Y si no hay dinero, al final se saca de donde se puede, y eso tampoco es. El trabajo debe poner el foco ahí. Es urgente».

¿Y cómo llega este Banco de ámbito nacional a Castellón? El próximo 18 de febrero se ha organizado un acto para conmemorar sus 25 años de presencia en Castellón, y para ello la capital de la Plana será anfitriona de la reunión del Comité Nacional. La cumbre homenajeará a los cuatro presidentes/as que ha tenido la entidad provincial a lo largo de su intensa historia: Caridad Fernández Soto, Adela Gracia Grañena, Alfredo Márques Arroyas y el actual en el cargo, Santiago Miralles Sorolla.

La fuerza de dos mujeres

¿Quién decide traer a Castellón un Banco de Alimentos? Caridad y Adela fueron las pioneras, las que tiraron de carro con la ayuda indispensable de voluntarios. «Soy maestra. Toda mi vida he estado colaborando en Cáritas, en el barrio de los gitanos enfrente del Hospital General para sacarles de la situación precaria que tenían y luego en el Banco de Alimentos, donde he colaborando toda mi vida, hasta la pandemia», recuerda primera presidenta del ente castellonense, Caridad, a sus «80 y tantos». «Me decidí por la abundancia de alimentos que proporcionaba. Hemos pasado momentos de muchas necesidades en Castellón. Me llegaron noticias del Banco de Alimento por un cuñado mío de Córdoba, que estaba colaborando allí. Y me planteó, ¿por qué no lo solicitáis? Así que, con Adela, que es una persona impresionante, y yo, solicitamos autorización, constituimos estatutos en la Casa dels Caragols y comenzamos a funcionar». De aquella época rememora cómo «había mucho papeleo que tramitar. Amigos nuestros que se jubilaban venían a trabajar al Banco de Alimentos. Desde ingenieros, peritos industriales, etc. Con la escasa subvención, apenas teníamos a una persona fija. Todo lo demás, voluntarios». 

El voluntariado es fundamental. Mediterráneo

«Mi casa; la primera sede»

En los comienzos, la casa de Caridad fue la primera sede. «No teníamos dinero ni nada, antes de que funcionase el Banco. Luego nos pasamos a casa de Adela; posteriormente, a una oficina pequeñita cedida cerca del parque Ribalta, luego otra algo mayor detrás del Hospital Provincial... Pero cuando venían los pedidos el ayuntamiento nos dejaba unas naves en la avenida Valencia por donde la ITV», señala. «Pasamos muchas vicisitudes. Hemos sido siempre muy atrevidos y hemos ido por delante del aire. Toda mi vida he estado en el margen. Mil anécdotas tengo, tras 22 años en Manos Unidas de responsable y 30 años de voluntaria en la cárcel... Quiero resaltar la ayuda que tuvimos con los voluntarios, que siempre respondieron», agradece una de las impulsoras de este proyecto solidario.

¿Y ahora qué? ¿Cuál es la meta en el horizonte?

El presidente en ejercicio, Santiago Miralles, cuenta: «El gran reto que nos estamos planteando la junta actual es que tenemos que hacer giros y cubrir las necesidades actuales, diferentes, de otro modo. Hay tres puntos. El principal, atender y dar solución a las parejas de jóvenes que vienen. Dos, el arrendamiento: pagamos cada mes el alquiler del local y llevamos en gasto acumulado más de 80.000 euros; preferiríamos gastar eso en comida. Y tres, queremos exponer los productos tipo supermercado para que quien venga coja el producto que realmente necesita. No dar lo que nosotros queramos al entregar una bolsa». De hecho, en Almassora ya han puesto el cartel de su nuevo almacén innovador, donde en un par de meses esperan que quien acuda con necesidades pueda llevarse producto fresco del frigorífico y el congelador, equipos que ahora no tienen y que frenan poder repartir alimento perecedero básico.

Reparto de comida en un pueblo del interior de Castellón. Mediterráneo

«Si nos llaman, allá vamos»

Miralles subraya que, en este 2022, «en la provincia se bordean cifras récord de atención a 18.000 castellonenses». «Las unidades de reparto suben también a los pueblos una vez al mes. A Culla, Morella, etc. Donde nos llaman, vamos. Pero en el interior la crisis no ataca tanto como en la costa. Un día se llevan para repartir 4.000 kilos de comida a Vinaròs, otro 3.000 más a Benicarló, pasado mañana a Torreblanca, a Peñíscola, etc.  

Solidaridad en la Pobla Tornesa. Mediterráneo

También distribuyen tarjetas monedero de 50 euros en colaboración con las grandes superficies comerciales facilita que la gente vaya a comprar aquella comida que necesite como complemento. Cualquiera puede descargarse la app de Nadie sin su ración diaria, o en su web o en las máquinas habilitadas (un tótem portátil), donar dinero. «Estos ingresos se entregan en forma de tarjetas monedero de 50 euros a familias en exclusión social para adquirir producto fresco, perecedero y de higiene básica en el súper o tienda. No es posible comprar alcohol o productos que no sean de primera necesidad», relató. 

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