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El Periódico Mediterráneo

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SOCIEDAD

Los héroes de Bejís

Bomberos, militares, policías, voluntarios... decenas de personas trabajaron durante días en la extinción del fuego y en atender a los evacuados

Vicent Bellés. Dionis Montesinos, Alejandro Zagalá, Higinio López o el brigada Juan Montesinos son algunos de los héroes de Bejís MEDITERRÁNEO

El lunes 15 de agosto, mientras media provincia disfrutaba de la siesta y la otra media apuraba las últimas horas del puente festivo en la playa o en las fiestas del pueblo, un rayo provocada un incendio en las lomas de una montaña de muy difícil acceso del término de Bejís. Vicent Bellés, bombero desde hace más de 30 años y coordinador forestal del Consorcio de Bomberos de Castellón, fue de los primeros en llegar y, nada más pisar el suelo, contuvo la respiración. Esa tarde en la comarca del Alto Palancia los termómetros rozaban los 40 grados y el viento soplaba con fuerza. Enseguida se dio cuenta de que el fuego que tenía ante sus ojos iba a ser difícil de vencer. No se equivocó. El incendio, que durante seis días mantuvo en vilo a todo el país y obligó a desalojar a más de 2.000 personas, se dio ayer por controlado tras teñir de negro casi 20.000 hectáreas, dejar una decena de heridos al bajarse de un tren amenazado por las llamas y poner en peligro la vida de varios bomberos, que tuvieron que huir de la lengua del fuego.

Para los que aquellos días abandonaron sus casas ante el peligro real de que el fuego acabara por devorarlo todo, quienes lucharon contra el fuego son auténticos ídolos. Como también lo son los voluntarios que se encargaron (y se desvivieron) para que a bomberos, UME o a las familias evacuadas no les faltara de nada. Y lo lograron. Todos ellos forman parte del universo de los héroes de Bejís.

A Vicent Bellés le tocó lidiar en primera fila con el fuego. Y aunque han pasado casi dos semanas desde que las llamas mostraran su cara más feroz, sigue teniendo las imágenes muy frescas en su memoria. «La progresión del fuego fue brutal. Las temperaturas eran muy altas, hacía viento y había mucho combustible», rememora. Unas circunstancias que propiciaron que, en muchos momentos, el incendio estuviera fuera de la capacidad de extinción. «Por muchos medios que fuéramos aquello era imposible de controlar y todas las estrategias que poníamos en marcha no servían», cuenta. 

Vicent Bellés, bombero del Consorcio de Castellón.

Belles, que trabajó varios días en el helicóptero de coordinación analizando desde el aire la evolución de las llamas, asegura que para pararle los pies al fuego fue esencial establecer un orden de prioridades. «Cambiamos de estrategia y optamos por concentrar todos los medios en una zona. Y cuando esta estuviera más o menos controlada, pasar a otra», explica este experimentado bombero que insiste en que hubo momentos muy complicados. «Por muchos medios y experiencia que tengamos, luchar contra este tipo de incendios es muy complicado», insiste.

La prioridad, las personas

La labor de los bomberos del Consorcio de Castellón fue clave como también resultó determinante el trabajo de los bomberos forestales. A Dionis Montesinos, jefe del parque de Vistabella y con 24 años de experiencia, el incendio de Bejís le pilló tras varios días trabajando en la extinción del fuego de les Useres. La primera noche estuvo en el sector tres, en las aldeas de Artea de Abajo y Artea de Arriba, y después ya pasó a la zona de El Toro. «La prioridad fue proteger a las personas y a las viviendas», dice.

Dionis Montesinos, bombero forestal.

Aunque lleva casi un cuarto de siglo apagando fuegos en el monte, Dionis asegura sin titubear que nunca había visto un incendio de las dimensiones del de Bejís. Ni tampoco tantos medios para intentar sofocarlo. «Había días en los que intervenimos más de 380 medios terrestres y 30 aéreos», dice mientras hace hincapié en la virulencia del fuego y se muestra convencido de que los incendios de ahora se originaron hace 30 años. «El abandono rural es una de las grandes causas de los fuegos tan devastadores que vemos ahora, como también influye el estrés hídrico», argumenta. Y tras la reflexión, este bombero que como tantos otros muchos compañeros trabajó en la extinción de las llamas de forma voluntaria durante sus días libres, lanza una pregunta: «¿Cuál será el siguiente gran incendio al que tendremos que enfrentarnos?».

Si Dionis llegó a Bejís tras intervenir en la extinción del incendio que arrasó 800 hectáreas en les Useres, Juan Montesinos, brigada de la Unidad Militar de Emergencia (UME), lo hizo tras trabajar en los incendios de Jumilla y la Vall d’Ebo. «En Bejís mi unidad empezó interviniendo en la aldea de Canales y acabamos en la Cueva Santa. Allí trabajamos una sección entera de la UME y muchas dotaciones de bomberos y entre todos logramos salvar el templo de las llamas», explica con satisfacción.

El brigada Montesinos, de la UME.

El brigada Montesinos lleva doce años en la UME y, pese a estar acostumbrado a luchar contra el fuego, asegura que incendios como el de Bejís le tocan el corazón. «Soy valenciano e hijo de agricultor y ver como se quema el bosque me afecta mucho», reconoce este militar que pone en valor el trabajo en equipo. «Bomberos, equipos de la UME, forestales... nos hemos apoyado y ayudado al máximo, sin ninguna rivalidad», acaba.

Muchos de los héroes de Bejís trabajaron en primera línea de fuego y hubo otros que lo hicieron a unos kilómetros de distancia, aunque su papel también resultó relevante. Alejandro Zagalá, voluntario de Protección Civil del Consorcio de Bomberos de Castellón, fue uno de ellos. La casualidad quiso que este joven de 30 años, natural de Castelló y vecino de L’Alcora, se estrenará como voluntario en Bejís, que además es el pueblo de su madre y donde la familia tiene una masía. «Cuando se inició el fuego estaba en Bejís y me presenté como voluntario. Nuestra primera misión fue montar una carpa para usarla como puesto de mano avanzado (PMA)», recuerda. 

Alejandro Zagalá, voluntario de Protección Civil.

Pero el susto en mayúsculas llegó la tarde del martes 16, cuando ante el avance de las llamas se decidió desalojar Bejís y trasladar la carpa del PMA hasta Viver. «Nuestro trabajo consistió, básicamente, en preparar el avituallamiento para los bomberos y procurar que a los que trabajaban en primera línea del incendio no les faltara de nada», explica Alejandro, muy orgulloso del papel que desempeñó la agrupación de voluntarios de Protección Civil. «Fue muy duro ver a vecinos que conoces de toda la vida dejar sus casas, comprobar que las llamas llegaban a las puertas de la masía y ver desaparecer el paisaje en el que tes ha criado... pero me quedo con el trabajo en equipo. Todos nos ayudamos y colaboramos al cien por cien. El trato fue espléndido», reconoce el joven. 

Toneladas de solidaridad 

Higinio López, presidente de la asamblea comarcal Segorbe-Alto Palancia de Cruz Roja y socio de esta oenegé desde hace 40 años, también tuvo claro desde el minuto uno que en el incendio de Bejís había que arrimar el hombro. «El martes 16, ante el avance de las llamas y la decisión de desalojar Bejís y Toràs, Cruz Roja montó un equipo de respuesta inmediata en Viver. Enseguida me desplacé a esta localidad, hasta el pabellón polifuncional donde en ese momento se estaba celebrando un concurso de paellas. Actuamos con mucha rapidez. Llegaron compañeros de Castelló, habilitamos camas, mesas y todo lo necesario para acoger a los evacuados», apunta Higinio que añade que el papel del ayuntamiento de Viver, con su alcaldesa al frente, fue esencial desde el primer momento.

Higinio López, presidente de Cruz Roja en el Alto Palancia.

Pese a que los voluntarios procuraron que no faltara nada, para los evacuados los primeros días no fueron fáciles. «Todos salieron de sus casas con lo puesto y a muchos les hacían falta sus medicinas. Hicimos las gestiones necesarias para que pudieran seguir esos tratamientos», añade el presidente de la oenegé en el Alto Palancia. Para Higinio fueron días de mucha emoción. «Me quedo con que hemos conseguido transformar penas en sonrisas en los ojos», describe.

Rostros de pena fue los que vio también Amparo Povo, una vecina de Viver que colaboró en todo lo que estuvo en sus manos para ayudar a los desalojados. «Estaban tristes, nerviosos, agotados. No sabían lo que se iban a encontrar una vez acabara el incendio», explica esta pensionista que durante varios días se encargó de servir la comida a los desplazados. Y también a charlar con ellos. «Les llevamos juegos y revistas para que las horas se hicieran más llevaderas», añade Amparo que asegura que acabó agotada física y moralmente. Pero repetiría. «Una y mil veces». 

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