Es un goteo lento pero incesante que está poniendo en peligro la supervivencia de muchos pueblos del interior de Castellón. La despoblación golpea con fuerza la provincia, y pese a que es una problemática que está en el debate público desde hace años, la acción de las distintas administraciones no parece que esté contribuyendo demasiado a paliarla. Sin embargo, hay municipios que, pese a que por tamaño, situación y características parecerían abocados a la pérdida poblacional, están consiguiendo resistir e incluso han logrado aumentar su número de vecinos.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), actualizados a 1 de enero del 2021, la provincia tiene 587.064 habitantes, lejos del récord del 2012, cuando había 604.564. Los efectos de la crisis económica tuvieron un claro efecto sobre la demografía, especialmente entre el colectivo de extranjeros, y desde ese año comenzó un descenso sostenido que culminó en 2017, cuando en las comarcas castellonenses vivían 575.470 personas.

A partir de ese año la tendencia se revirtió, aunque es cierto que el incremento poblacional hasta el presente ha sido muy suave. Por comparar, un dato: en el plazo de solo una década, de 2001 a 2011, la provincia creció en casi 120.000 habitantes.

Son los pueblos más pequeños los que se han visto más erosionados en este proceso, acelerado en los últimos años pero que comenzó hace décadas. Es el caso, por ejemplo, de Cinctorres, que durante los últimos diez años ha perdido hasta el 22% de su población, pasando de 494 vecinos censados en el 2011 a 404 en el 2021; o de Cervera del Maestre, que de 727 habitantes ha bajado a 577. O de otra localidad de mayor tamaño, Benassal, que tiene un 16% menos de residentes y ahora supera por muy poco el millar.

El municipio de Benassal, en la comarca de l'Alt Maestrat. ED

Crecimiento

Hay una veintena de municipios de la provincia que representan la otra cara de la moneda. Algunos de ellos no están en principio tan afectados por la problemática de la despoblación, por ejemplo Benicarló, Benicàssim, Almassora o Vinaròs. Pero otros, como Argelita, son todo un ejemplo de resistencia por ser el perfil perfecto de pueblo condenado. Allí aparecen hoy registradas en el censo 51 personas más de las que había en el 2011, lo que en una localidad tan pequeña significa un aumento del 53% en el número de vecinos.

"La apertura del colegio ha sido clave; es el sistema medular de cualquier pueblo", explica su alcalde, Aitor Balfagón. Se refiere con ello a que el año pasado, y tras 47 años, el centro volvió a abrir sus puertas. No es la única iniciativa que se ha puesto en marcha desde el Ayuntamiento para luchar contra la despoblación. Otra es alquilar viviendas y después realquilarlas a un precio más bajo para atraer interesados en vivir en un pueblo. A las familias nuevas que llegan, además, se les ayuda a encontrar trabajo.

El cambio de vida en Argelita ha sido palpable. "Antes teníamos miedo de que cerrara el único bar que había, o la panadería. Ahora sacamos a concurso el bar de la piscina y tenemos candidatos. Además hay una tienda multiservicios, va a salir a licitación un hostal-restaurante...", detalla Balfagón.

Panorámica de Argelita. Instagram Ayuntamiento Argelita

Lo que no contempla el censo del 2021, pero sí que lo hará con toda seguridad el del 2022, es el incremento poblacional de Torrechiva debido a la llegada de refugiados ucranianos. Así, ahora, aproximadamente un tercio de los habitantes del municipio tienen esa nacionalidad.

Accesos y cerámica

Llama la atención también el caso de Sant Joan de Moró, un municipio que en el plazo de una década ha logrado sumar 369 vecinos, aumentando un 12% su población. "En mi opinión hay tres claves para explicar este crecimiento: la cercanía a Castelló a través de una buena carretera, el precio de la vivienda y la presencia en la zona de fábricas azulejeras", explica su alcalde, Vicente Pallarés. Parece darle la razón el hecho de que municipios con características similares, como Borriol o la Pobla Tornesa, también han ganado población en dicho periodo.

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"Tenemos la tranquilidad de un pueblo y los recursos de la capital, muy cerca. Es un chollo vivir aquí"

Vicente Pallarés - Alcalde de Sant Joan de Moró

"De hecho, ha llegado un punto en el que encontrar una casa de alquiler en el pueblo es casi imposible; comprar es más fácil, aunque ya se han vendido muchas viviendas que se habían quedado los bancos", detalla Pallarés, que aprovecha para poner en valor la vida en Moró: "Tenemos la tranquilidad de un pueblo y los recursos de la capital, muy cerca. Es un chollo vivir aquí".