La fruta se vende a precios de escándalo y complica el día a día de las familias de Castellón

Una dependienta pesa fruta y verdura a unos clientes. El precio de los alimentos frescos se ha disparado. / Mediterráneo

Si en los últimos días ha entrado en cualquier frutería de Castellón o ha pisado la sección de frescos de un supermercado y ha comprado unos plátanos, unos albaricoques o un puñado de cerezas se habrá dado cuenta de que la broma le ha salido por un ojo de la cara. El precio de la fruta, sobre todo la de temporada, está por las nubes y hay productos que han duplicado su precio en apenas un par de años. Las familias se llevan las manos a la cabeza y los productores denuncian que el dinero que reciben a pie de campo es hasta tres veces inferior que el precio que paga el consumidor. «Nosotros no nos estamos forrando», afirman.
Aunque el incremento de precios es prácticamente generalizado (la fruta cuesta ahora un 9,4% más que en enero y es un 25% más cara que hace dos años, según el INE), el subidón se nota más en los alimentos de temporada. Dos ejemplos. La cereza se vende en estos momentos a entre 8 y 12 euros el kilo y el consumidor compra los albaricoques a entre 4 y 7 euros. «Se trata de precios desorbitados. Compras un poco de fruta y el tíquet enseguida te sube a 20 ó 25 euros. Es un escándalo. Y las cerezas este año ya ni las miro. Estás prohibitivas», dice Victoria Sanjuan, una ama de casa de Castelló.
Una producción a la baja
Juan Miguel Salvador, productor de cerezas de Villamalur, en la comarca del Alto Mijares, achaca el incremento de los precios a la drástica caída de la cosecha. «A principios de año teníamos una previsión muy buena, pero las lluvias de marzo nos hicieron mucho daño y, al final, la cosecha ha sido un 50% menor de lo previsto», describe este agricultor, que recuerda que la cereza es un producto que cuesta mucho de recolectar. «Se coge una a una, se desechan las que están picadas... es un proceso laborioso y los costes son muy elevados», afirma.
El kilo de cerezas llega gasta los 12 euros en algunas fruterías, pero los productores insisten en que el precio que ellos perciben es mucho más bajo. «Las principales lonjas reflejan que en el campo la cereza se paga a entre 2,90 y 3,15 euros el kilo; el albaricoque a 2,10 euros y, la sandía de Almería a entre 0,33 y 0,44 euros el kilo. Esto demuestra que la diferencia entre lo que cobra el productor y lo que paga el consumidor es, como pasa muchas veces, totalmente exagerado», argumenta Carles Peris, secretario general de la Unió Llauradora.
La diferencia entre el campo y la mesa sigue siendo abismal y otro factor que explica por qué la fruta cotiza en tiendas y supermercados a precios pocas veces vistos es que en el caso de cerezas, albaricoques o sandías se está a principios de temporada. «Esperamos que en unos días, a medida que avance la campaña, los precios se estabilicen», dice Peris.
Que la fruta esté por las nubes no gusta ni a productores ni a comerciantes. «No es bueno, ya que eso aboca al consumidor a comprar poco o a buscar otro tipo de alimentos más baratos», insiste el secretario general de la Unió Llauradora, que apuesta por un equilibrio entre lo que percibe el agricultor y lo que paga el consumidor.
En las tiendas también temen un descenso en las ventas. De hecho, en el último año el consumo de fruta ha continuado a la baja y en el caso de Castellón ya se sitúa en 73,6 kilos per cápita. En 2023 la cifra ascendió a 74,4.
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