Obituario
Benicarló despide a Merche González tras una vida de entrega
Su fallecimiento a los 70 años conmueve a una ciudad que reconoce en ella un ejemplo de bondad, especialmente por su labor imprescindible junto a personas dependientes

Benicarló ha despedido este sábado con cariño a esta vecina tan querida. / MEDITERRÁNEO
Hay personas cuya luz no se apaga ni siquiera cuando se marchan. Benicarló ha despedido este sábado a una de esas mujeres que hacen comunidad sin pretenderlo. Mercedes González Mobellán, más conocida como Merche, fallecida el viernes a los 70 años tras una enfermedad, reunió en el tanatorio a una multitud de vecinos, compañeros, usuarios, familias y amigos que quisieron darle su último adiós. Era su forma de agradecerle, en silencio y con emoción, lo que ella hizo durante años: cuidar, acompañar y estar siempre al lado de quien lo necesitaba. Su marcha deja un vacío profundo en todos los que caminaron a su lado.
Madrileña de nacimiento, Merche vivió alrededor de diez años en Benicàssim, una etapa luminosa de su vida en la que la familia residió mientras los hijos crecían y estudiaban. Fue allí donde impulsó un pequeño proyecto muy recordado por los vecinos: regentó el herbolario Lis, ubicado en la calle Bayer, un local que se convirtió en punto de encuentro para quien buscaba productos naturales, conversación o simplemente un rato de compañía. Su calidez y su forma de tratar a la gente hicieron de aquel comercio mucho más que un negocio.
Tras aquella etapa, la familia se instaló definitivamente en Benicarló, donde vivió alrededor de 30 años y donde echó raíces profundas. Aquí construyó su hogar y amplió su gran círculo de amistades. También aquí desplegó, con naturalidad y sin alardes, esa manera suya de estar en el mundo: con cercanía, con entrega y con una generosidad inmensa.
Vida volcada en ayudar a los que más lo necesitaban
Gran parte de su trayectoria profesional transcurrió en el Ayuntamiento de Benicarló. Trabajó con personas con discapacidad y dependencia, tanto en las casas tuteladas como en programas del OACSE. Quienes acudieron al sepelio lo repetían una y otra vez: Merche no solo hacía bien su trabajo, lo hacía con alma. Acompañaba, escuchaba, animaba, sacaba a bailar, ayudaba a socializar. Y lo hacía sin prisa y sin protocolo, desde la humanidad y el respeto más profundo.

Merche González deja una gran huella en Benicarló. / Mediterráneo
Incluso después de jubilarse hace un lustro, continuó recibiendo llamadas, visitas y muestras de cariño de usuarios y familias que la tenían como un referente. “La querían de verdad”, contaba su hijo, agradecido por el afecto que seguía despertando.
Su vocación social también se extendió más allá de su oficio. Colaboró con la Asociación Contra el Cáncer, con AFANÍAS y con distintos colectivos solidarios. Participó en iniciativas benéficas, en cenas y actividades de recaudación, ayudó a familias que llegaban a la localidad para tratamientos y aportó su tiempo y su energía allí donde fuese necesario.
Vitalidad y afición por la cultura
Quienes la conocieron destacan también su vitalidad. Le gustaba salir, reír, hacer planes con amigas, viajar, leer, disfrutar de los musicales y del teatro. Admiraba profundamente a Concha Velasco, hasta el punto de que muchos veían en ella un parecido físico y de carácter: la misma alegría espontánea, la misma fuerza, la misma valentía para decir lo que pensaba y vivir intensamente cada momento.
Ese amor por la cultura la acompañó hasta el final. Tuve el honor de compartir —junto a su familia, que es como la mía— uno de sus últimos días felices, hace apenas dos semanas. Quiso ir al circo Raluy Legacy en Castellón, pese al dolor y el cansancio. Y allí, envuelta en la atmósfera del circo, entre artistas, acrobacias, luces y música, volvió a sonreír como siempre. No solo disfrutó del espectáculo: le dedicaron la función y recibió un aplauso enorme del público, un momento mágico que hizo olvidar por un instante la enfermedad. Después, rodeada de personas que la querían, brindó diciendo: “Nos vemos en otra vida”.
En los últimos meses afrontó la enfermedad con una entereza que conmovió a su entorno. Lo hizo con una serenidad admirable, transmitiendo paz incluso en los momentos más difíciles. Su familia lo resume con una frase que repetían este sábado: “Nos ha enseñado a aceptar”.
Deja un marido que la adoraba, dos hijos, una nuera que era como una hija para ella, y tres nietos a los que amó profundamente. Su despedida tuvo lugar este sábado en la capilla del Nou Tanatori de Benicarló, acompañada por un respeto multitudinario que habla mejor que cualquier palabra.
Merche, dejas una huella luminosa y tu recuerdo pervivirá siempre.
Una huella hecha de gestos, cuidados y una humanidad que seguirá presente en la memoria de todos, y por la que te estaremos eternamente agradecidos.
D.E.P.
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