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Una joven de Castellón gana el Concurso Nacional de Redacción de la Agencia Tributaria

Adriana Mut, del colegio Madre Vedruna de Castelló, se alza con el primer premio en la categoría de Bachilelr por explicar 'Lo que susurran los impuestos'

Adriana Mut (derecha), con el diploma acreditativo como ganadora del Concurso Nacional de Redacción de la Agencia Tributaria.

Adriana Mut (derecha), con el diploma acreditativo como ganadora del Concurso Nacional de Redacción de la Agencia Tributaria. / Mediterráneo

Cristina Garcia

Cristina Garcia

"Si los impuestos tuvieran voz, no gritarían. Susurrarían, con paciencia, las historias que hacen posible nuestras vidas. Te contarían que estaban presentes antes incluso de que abrieras los ojos". Así empieza el texto ganador del Concurso Nacional de Redacción de la Agencia Tributaria, un galardón que este año ha recaído en la alumna de 1º de Bachiller del colegio Madre Vedruna de Castelló Adriana Mut, y que esta misma semana ha recogido en Madrid, de manos de la directora general de la Agencia Tributaria, Soledad Fernández Doctor, en un acto celebrado en la sede de la Delegación Especial de Grandes Contribuyentes, donde los escolares leyeron y presentaron sus trabajos, escogidos entre los previamente seleccionados por las distintas delegaciones territoriales de la Agencia.

Los trabajos ganadores se publican en el espacio del Programa de Educación Cívico-Tributaria de la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria.

Mut ha presentado una redacción emotiva, explicando de una manera lírica qué suponen los impuestos para la sociedad. "Si pudieran hablar, te dirían que no son una carga, sino un pacto. Que representan algo más grande que una cifra: un compromiso invisible entre desconocidos que se eligen comunidad. Que su verdadera naturaleza no es la de quitar, sino la de compartir. Y también te advertirían: sin ellos, la red que nos sostiene empieza a romperse", dice el texto.

Diploma de la Agencia Tributaria a Adriana Mut.

Diploma de la Agencia Tributaria a Adriana Mut. / Mediterraneo

Educación cívico-tributaria en los centros

El concurso, en el que han participado miles de estudiantes de toda España, de norte a sur, este y oeste de la geografía, forma parte de una serie de iniciativas que tienen por objeto reforzar el Programa de Educación Cívico-Tributaria que la Agencia viene desarrollando desde el año 2003 y que prevé intensificar y desarrollar, de acuerdo con su Plan Estratégico.

Un programa que cuenta con la participación de funcionarios que imparten charlas a alumnos de los últimos cursos de educación Primaria, ESO, Bachillerato, Formación Profesional y universidad. Las actividades desarrolladas en los centros se completan con actividades de formación para el profesorado y jornadas de puertas abiertas para colegios en las 52 delegaciones de la Agencia.

En los nueve primeros meses del año, 397 formadores de las distintas delegaciones territoriales de la Agencia Tributaria han impartido más de 2.350 horas de formación a casi 66.000 estudiantes de las etapas escolares, a lo que se suman los cursos y charlas impartidas en el ámbito universitario.

Los premiados-

Los premiados- / Mediterráneo

El sentido social de los impuestos

El objetivo es explicar a los más jóvenes el sentido social que tiene el pago de los impuestos y su correspondencia con el gasto público, así como el perjuicio que el fraude fiscal supone para la sociedad en su conjunto.

Se entiende así que la incorporación de contenidos de educación cívico-tributaria desde la escuela hasta la universidad ayuda a los jóvenes a desarrollar un comportamiento solidario. Los trabajos seleccionados para este concurso nacional incorporan estos mensajes y muestran la necesidad de una correspondencia ética entre intereses personales y beneficios comunes en una sociedad.

La redacción, al completo:

Lo que susurran los impuestos

Si los impuestos tuvieran voz, no gritarían. Susurrarían, con paciencia, las historias que hacen posible nuestras vidas.

Te contarían que estaban presentes antes incluso de que abrieras los ojos. Que ayudaron a encender las luces del quirófano donde naciste, a mantener tibio el cuerpo pequeño que empezaba a respirar, a sostener los brazos que te recibieron. Que fueron ellos quienes pusieron la vacuna en la jeringa, la manta en la cuna, el oxígeno en el tubo.

Narrarían cómo acompañaron tus primeros pasos: en el asfalto liso de la acera, en el parque con columpios seguros, en la voz de quien te consoló cuando te raspaste la rodilla. Estuvieron allí, sin que los notaras, sosteniéndolo todo.

En la escuela, los impuestos se escondieron en los estuches, en los mapas, en la pizarra. Eran el calor que no dejaba helar los inviernos, el desayuno caliente para quien no traía nada desde casa, el sueldo de la maestra que te enseñó que "solidaridad" se escribe con ese de “somos”.

Pero no se detuvieron ahí. También viajaron contigo al instituto, a la universidad, al hospital de tu madre, al cuartel del bombero que apagó el incendio en la casa vecina. Fueron semilla en los bosques protegidos, vacuna en un centro de salud rural, refugio en la tormenta.

Si pudieran hablar, te dirían que no son una carga, sino un pacto. Que representan algo más grande que una cifra: un compromiso invisible entre desconocidos que se eligen comunidad. Que su verdadera naturaleza no es la de quitar, sino la de compartir.

Y también te advertirían: sin ellos, la red que nos sostiene empieza a romperse. Las luces dejan de encenderse en las bibliotecas. Los trenes se detienen. Las aulas se vacían. Los servicios se convierten en privilegios.

Los impuestos no salen en las fotos, no tienen nombre ni rostro. Pero están detrás de cada gesto de protección, de cada oportunidad abierta, de cada mano tendida. Como las raíces de un árbol que no vemos pero que sostienen la sombra bajo la que descansamos.

Así que, la próxima vez que escuches la palabra “impuestos”, deja que resuene distinta. No la pienses en términos de resta, sino de suma. De lo que construimos cuando decidimos cuidar de todos, y no solo de uno.

Porque si los impuestos hablaran, lo dirían claro: somos lo que permite que lo común no se desvanezca. Que vivir en sociedad tenga sentido. Que nadie camine solo.

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